martes, 30 de agosto de 2011

Empatizando el Duelo


Miri estaba muy ansiosa. En apenas unos minutos Gabi -ese chico que conoció hace apenas unas pocas semanas pero que con solo verlo le provocaba mariposas en el estómago difíciles de describir- la pasaría a buscar por su casa para salir.
Hacía ya varios minutos que ella se miraba al espejo. De un perfil, del otro. Nada podía fallar. Ni el rouge correrse, ni las uñas despintarse ni el pelo desplancharse. Todo debía estar a la perfección. Después de todo, había conocido a su príncipe azul. No lo podía dejar pasar (o al menos eso creía…)


Una manera de comprobar qué tan relevante y valioso denota un evento para cada sujeto, es analizando el “cómo” se preparó para aquello. Detrás de las conductas se encuentran escondidas las motivaciones para alcanzar aquel fin. Nadie comienza los preparativos de su boda una semana antes de la ceremonia. Jamás. Es un momento trascendental en la vida. Una decisión por demás significativa.

Prepararnos para acontecimientos dolorosos no parece ser demasiado alentador y motivante. No nos gusta atravesar momentos de melancolía. Más en estos últimos tiempos que tanto la frustración como la tristeza deben evitarse a todo precio, sean cuales sean las consecuencias, se pierde el transcurrir de las tragedias; el pasar de las adversidades.

Quizá a veces tendemos a olvidar que la real sabiduría es la que aprende de todos los sucesos, no solamente de los victoriosos. Todas las crisis y cambios que atravesamos no son más que oportunidades que nos da la misma vida. Las malas resoluciones de los conflictos pueden provocarnos dolores intensos de cabeza, sin dudas, simplemente propongo que estemos abiertos a aprovechar el otro polo también. A ver las dos caras de la moneda.

Sin dudas, el suceso más trágico en la historia del pueblo judío fue la destrucción del Templo Sagrado de Jerusalem, del Bet Hamikdash. Quizá por el paso del tiempo nos sea difícil reconocerlo como tal. Pareciera ser que nos cuesta menos empatizar con la Shoá (holocausto), ocurrida hace apenas 65 años (¡otra catástrofe!)

Todos los 9 de Av recordamos la destrucción de los dos Templos sagrados, desbastados en la misma fecha con un par de años de diferencia.

¿Cuándo vimos que una nación, país o pueblo "conmemore" sus fechas tristes? Más bien todos optan y se inclinan a borrar de su historia los hechos trágicos para la nación, para olvidar el dolor... Pero nosotros como judíos, somos concientes que todo lo que sucede es manejado por un Ser Supremo, hacemos memoria para poder reparar los errores de nuestros antepasados que desencadenaron tales tristezas y desazón.

El ser humano a lo largo de la vida (quizá sin darse cuenta) se va topando con el duelo continuamente. No es lo mismo un bebé que un niño de cinco años. Ni que hablar la pérdida del cuerpo del niño en la edad adolescente. Los cambios físicos y psíquicos que la existencia misma nos depara a cada instante, no son menos que los sucesos trágicos o inesperados que ocurren a nuestro alrededor.

Duelar el pasado para adquirir algo nuevo en el presente. Una transformación en nuestras vidas. Perder aquello que tenía implica mirar hacia adelante para adquirir algo nuevo. El cuerpo de bebé por el cuerpo del niño. El de niño por el de adolescente. El de adolescente por el de adulto. El de adulto por el de anciano.

Y no solamente con las etapas evolutivas vamos duelando en nuestra existencia toda, sino con los objetos, los compañeros, amigos, maestros, familiares. Cerrar una etapa también es un duelo aunque esto mismo no implique el deceso de algún ser humano. Una relación amorosa y/o afectiva, despedir a un amigo que se muda al exterior… por citar sólo algunos ejemplos.

La primera fase de un duelo es aceptar que aquella persona, relación u objeto ya no se encuentra más con nosotros. Consentir la pérdida. Asentir eso que perdí.

Hay un dicho que reza: “Lo importante no es lo que le pasa a un hombre, sino lo que el hombre hace con lo que le pasa”.

Generalmente se dice que: “el paso del tiempo sana las heridas”. Esta afirmación es sumamente errónea pues en un duelo, sin un proceso personal, sin una elaboración efectiva, a medida que pasan los días el dolor se va agudizando.

Pero, ¿cómo aceptar una pérdida cuando realmente se desconoce aquello que se perdió?, ¿qué conlleva la ausencia del Gran Templo? Aparentemente estamos muy cómodos en nuestras casas, disponemos de todos los comodities habidos y por haber. La tecnología a los pies del hombre.

Cuando se aproxima esta fecha en el calendario hebreo, el Rab Iehudá Ades acostumbra a decir: "Lloremos porque no sabemos por qué llorar”, porque no sabemos realmente lo que perdimos.
Estando el Gran Templo en pie, Di-s se encontraba a la vista. Palpable. Los milagros que allí ocurrían eran innegables aun para el más corto de vista. Aun para los gentiles… ¡hasta ellos mismos traían sacrificios para Di-s!

El Jafetz Jaim ZZ”L solía decir que en la “Amidá” (texto de las oraciones) las personas suelen pedir muy enérgicamente por su sustento, su curación y resolución de todo conflicto. Pero olvidan que solamente con la bendición de “Boné Ierushalaim” (que se reconstruya Jerusalem), se solucionan todos los problemas anteriores: de salud, de sustento… ¡de toda índole! ¡¿Por qué será que en esta última no se trata de concentrarse tanto, si es la respuesta a toda súplica?!

Quizá pensemos que “estamos bien así” porque no habituamos hospitales ni clínicas psiquiátricas. ¿Qué significa “estamos” bien?, ¿solamente mis vecinos, los amigos del club, mis seres queridos? El dolor que viven algunas personas, la carga que significa vivir para ciertos individuos, no la sentimos. Tal vez nos falte empatizar un poco más con nuestros compañeros de vida. Pues, con la llegada del tercer Bet Hamikdash… ¡esto no tendría lugar! ¡Las enfermedades no existirían!

“Una alegría compartida, es una alegría doble. Una pena compartida es media pena” (Proverbio Sueco).

Existía un rabino que al escuchar el deceso de algún judío, por más desconocido que sea, se sacaba los zapatos en señal de duelo. “Pero usted ni los conocía, ¿por qué es tan estricto con este punto?”, le preguntaron sus alumnos. “No importa, al menos para sentir la pérdida de otra persona, de otro hermano judío; son sólo unos minutos, no más”.

“Casualmente” este rabino falleció un 9 de Av, cuando todos los judíos no calzamos calzado de cuero en señal de duelo por la destrucción de los Templos (Sefer Hajasidim).

Va más allá de una pérdida física, edilicia. El Templo Sagrado era una combinación espiritual-terrenal. Una conexión directa cielo-tierra. Unía al hombre con Di-s directamente.

Di-s está sin su Casa y nosotros lo sentimos, lo sufrimos. No solamente por Él, sino por nosotros mismos también. Intentemos empatizar más con el “dolor” y pérdida Divina y humana, conectemos nuestros sentimientos con el pesar ajeno, preocupémonos, quizá quién dice y alcemos nuestros ojos hacia el cielo con rezos fervorosos que por fin den paz a las aflicciones y dolores cotidianos. De nosotros depende.

sábado, 27 de agosto de 2011

¿Dónde Está la Disuasión?




El Rabino Iosef Dov Soloveichik fue citado, en cierta oportunidad, a comparecer ante la justicia rusa, para atestiguar en favor de un iehudí que había sido falsamente acusado ante las autoridades. Después de presentar el testimonio, el juez lo invitó a su oficina para charlar.


El magistrado le señaló al Rabino: “Fíjese que las leyes de nuestra nación son superiores a las de la Torá. De acuerdo a vuestra ley, el castigo por soborno es aplicado sólo a quien lo recibe- el juez- y no a quien lo ejecuta. En cambio nosotros, castigamos a quien lo recibe y a quien lo ofrece”.


El Rab Sloveichik sonrió y dijo: “Su ejemplo demuestra que la ley de la Torá es más disuasiva. De acuerdo a vuestra legislación, el juez sabe que quien lo soborna guardará el secreto para no perjudicarse. En cambio, en el caso de la Torá, el juez se cuidará de aceptar el soborno, pues quien se lo entregue no corre peligro de castigo y podría llegar a delatarlo".

La Enseñanza Semanal, Jabad Lubavitch Argentina, Nº880


lunes, 22 de agosto de 2011

Un Vuelo De Fe



Duvy sonreía con orgullo mientras daba enormes saltos con su merecido premio. Saltaba cada vez más alto sobre su cama elástica en el jardín, deseando alcanzar las nubes con su nuevo y reluciente avión plateado.

En un rebote gigante, el avión voló de sus pequeñas manos planeando, mientras lo miraba desesperadamente. Los ojos de Duvy se cerraron con fuerza, y cuando escuchó el estruendo proveniente del suelo, consternado los abrió y se encontró con un desorden de fragmentos rotos.
Con lágrimas que se deslizaban por su pálidas mejillas, Duvy miró fijamente hacia el suelo y le imploró apasionadamente a Di-s que por favor reparara el juguete nuevamente.

Sari, su hermana dos años mayor, se rió de él y burlonamente le preguntó: "Querido hermano, ¿realmente esperas que Di-s responda tus plegarias?"
"¡Verás que Di-s me responderá!", gritó Duvy, con un brillo de fe y seguridad en sus pequeños ojos marrones... su hermana se rió y entró a la casa.

Un rato más tarde, cuando Sari regresó, no se sorprendió al ver los fragmentos del antes reluciente avión esparcidos por el verde césped al lado de las piedras donde había golpeado:

"Bien, Duvy, ¿te ha respondido Di-s", preguntó con un aire de ironía.


"Sí", fue la segura respuesta de Duvy... "dijo que no".



"La felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de abordarlos".



Revista Keter Nº25, página 68

domingo, 31 de julio de 2011

De Corazones Rotos...



Aunque Hollywood diga lo contrario –y quizá hasta afortunadamente- no todas las relaciones amorosas terminan “siendo felices y comiendo perdices”.
Muchas veces la persona con la cual buscamos complementarnos no aparece, pudiendo florecer en nosotros signos de ansiedad, frustración, temor a la soledad, entre muchos otros.

El “amor a primera vista”, ese que provoca el deshoje de tantas margaritas infelices, puede jugar en contra cuando primordialmente no se tienen claros los objetivos del “por qué” y “para qué” complementarse con otro ser.

Echar de menos lo estético tampoco es lo correcto. Sin dudas, estar con ese otro debería ser agradable y placentero. Pero de allí a que se transforme un asunto primordial y excluyente en todo su detalle, en la búsqueda desenfrenada de cualidades estéticas exuberantes… siendo así, se deberían analizar las motivaciones reales que existen detrás de ese deseo.

¿Qué buscamos con esa relación?, ¿quedar bien socialmente?, ¿formar una familia?, ¿placer hedonista?, ¿tener un proyecto en común?, ¿tapar las bocas de las tías que, viéndonos solos en todas las bodas, nos dicen: “eres el próximo”?, ¿qué se esconde detrás de aquel deseo?

Sin dudas que las motivaciones pueden ser variadas y mixtas en cada ser humano. La pregunta sería: “¿qué deseo yo y qué desea la Torá de mí?, ¿mis ideales están basados en lo que la ley divina ordena, o simplemente son ambiciones banales, sin sentido de ser ni de existencia?”.

Es muy doloroso decir que “no”; mucho más aun recibirlo.
Quiérase o no, se torna imposible gustar a todo el mundo.
Mi abuelo z”l solía decir que quien “agrada” a todas las personas: o es un necio; o, por defecto, un falso.
Gracias a Di-s cada ser humano posee ideales y perspectivas muy personales, en donde para su configuración, mucho habrán tenido que ver las experiencias vividas hasta el momento.
Por ende, se vuelve imposible que todo el universo “guste” de nuestra manera de actuar; mucho más cuando a lo estético nos referimos…

Quizá el egocentrismo, el sentimiento de grandiosidad y falta de consideración hacia el otro (¡y por nosotros mismos también!), provoque que no podamos tolerar escuchar un “no”.
“¿A mí me va a dejar? ¡Si soy lo mejor que le pudo haber pasado! ¿Quién la querrá más que yo?”.
Mucho tendrá que ver cómo fuimos criados respecto a las negaciones.
¿Siempre nos dieron todos los gustos?, ¿Cuándo nos encaprichábamos con algo siempre salíamos victoriosos?, ¿fuimos hijos únicos?, ¿alagados en demasía por nuestros padres?, ¿nos enseñaron a manejar las frustraciones?, ¿nos dejaban equivocarnos, o, por el contrario, antes que lleguemos a tropezarnos corrían para que mantengamos el equilibrio y no nos golpeáramos?

Una relación que no es placentera para uno, tampoco es beneficiosa para el otro. No existe la relación “a medias”. Somos todos o no somos nadie.
Es difícil para mí entender cómo existen personas que desean manipular y hasta convencer a su pareja para que no los deje. Después de todo, ¡también se perjudican a ellos mismos! “El amor verdadero se construye de a dos”.

El papel del “villano” que decide poner un punto final a la relación, tampoco es fácil. Para algunos se torna mucho más duro decir que “no” que recibirlo.
Se deberá tener en cuenta el qué, cómo, cuándo y dónde explicar al compañero que esta relación ya no puede continuar. Buscar un lugar tranquilo, en un momento calmo y transmitir el mensaje lo más dulcemente posible.

Habrá que tener mucho tacto, delicadeza, ternura y respeto para que aquel otro nos comprenda de la mejor manera posible.
Jamás mentir ni poner excusas. “Estoy confundido”, “necesito un tiempo” (siempre y cuando se esté convencido fielmente que no se necesita en absoluto de aquel “tiempo”…), “soy yo, ¡no sos vos!”. La verdad siempre como norma. Nada nos da derecho a mentir. Nada lo justifica. A fin de cuentas, daña mucho más un engaño que una verdad difícil de recibir.
Cierto es que la situación puede tornarse demasiado embarazosa, pero sin dudas será un magno aprendizaje: afrontar las dificultades; no escapar de ellas.

Muchas personas, por más explicaciones que uno pueda darles, reaccionan –casi por acto reflejo- con tonos agresivos, angustiantes y hasta desafiantes ante el mensaje de la ruptura, pero… no olvidemos que nos es imposible gustar a todos. Y, a fin de cuentas, nos lo va a agradecer (por haber respetado su dignidad y no ilusionar en vano).
La persona que expresa el “no” –esperemos- pasa por un proceso, una elaboración personal a la que aquel receptor –quizá- no estaba preparado; no se la esperaba. Quizá sea por eso que con el tiempo (de elaborar dicha pérdida) lo va a agradecer.
Casarse es –esperemos- un compromiso de por vida. Debemos priorizar el bien propio y ajeno tanto a corto, mediano y largo plazo.

A veces las relaciones están en estado “ni”.
No hay que apurar las decisiones, se deben tomar muchos recaudos, pero una determinación de este tipo que dure meses y hasta años, no es de las mejores opciones.

Los “ni” eternos dilatan el poder de decisión en las personas. Inhabilitan al sujeto para decidir por sí mismo, dejando de lado la responsabilidad que requiere determinación tan importante como es una relación seria para luego llegar al matrimonio.
A fin de cuentas, a medida que la relación va avanzando, es más difícil y doloroso cortar el vínculo, deshacernos de esa conexión entre las partes. Debemos cuidar al máximo el respeto y la dignidad del otro.

Nunca se termina de conocer a la persona. Eso es imposible. Extender los noviazgos y transformarlos en eternos para “conocernos más”, difícilmente cumpla su propósito.
Aun luego de casados los seres humanos van conociendo mejor a sus parejas, a medida que se van presentando las situaciones.
El individuo es dinámico, va cambiando constantemente. Se va auto-actualizando de manera permanente.

Así también, no se deben continuar noviazgos porque “ya estamos hace mucho tiempo y, ¿qué dirán nuestros amigos, conocidos y familiares?”. La vida es propia de cada uno, los demás no tienen por qué incumbirse en asuntos que no les corresponden. Y si así sucediera, ¿amargaríamos toda nuestra existencia simplemente por algunos comentarios que se puedan llegar a efectuar por un breve período de tiempo?

A modo de cierre, me gustaría exponer una poesía, la cual –pienso- refleja de manera resumida las ideas que intentamos transmitir en este artículo.
Una “apología del no”. Un intento de hacer entender al otro –con respeto y honestidad- que la ruptura de la relación nada tiene que ver con un desprecio por su persona, sino, todo lo contrario, “respeto, admiración, cuidado”.

Me despido hoy, aunque sea muy duro intentarlo
Me despido hoy, no quiero lastimarte
Me despido hoy, para que no sufras un mañana
Me despido hoy, observo mi ventana...

Por más que me cueste y duela decirlo,
Responsable soy y debo admitirlo,
Si no hubo atracción, si no existió unión,
Sin sentido, en vano, seguir la relación.

Clavarte un puñal sería seguir,
Sin contemplar tu gran existir
Mi "no" no es un desprecio por tu persona
Sino, al contrario, respeto, admiración, cuidado

Querer tu ser, tu persona, tu esencia,
Tu condición humana,
Refleja esta decisión un tanto lejana,
Una decisión en un momento exacto,
Y tal vez, por qué no, un tanto nefasto

Sería muy cruel siguiendo contigo,
Si por dentro sé que no es lo que pido.
Porque realmente te quiero, y muy decidido,
En el día de hoy por favor te pido,
Discúlpame si creé en ti ilusiones,
Millón de perdones, no fue mi intención.

Forzar una relación no me sirve ni a mí ni a vos,
Una construcción atroz,
A veces feroz
El amor verdadero se construye de a dos.
“Se hablan”, dice la abuela cuando dos personas “salen”,
Cuando dos personas comienzan a “conocerse”,
Como si “amor” estaría tan sólo compuesto por "palabras",
Por tan sólo cuatro letras…

Agradezco por todo el tiempo invertido,
Me llevo conmigo aprendizajes, recuerdos,
Emociones, canciones, colores de muchos matices

No quiero ni quise jugar jamás contigo,
Sino que encuentres tu verdadero amigo,
Compañero, par, que te haga feliz,
Siguiendo juntos, toda una vida en este gran existir.



lunes, 4 de julio de 2011

Esa Difícil Tarea de Enseñar



“Educarse a uno mismo para luego poder educar a otros”. Una frase tan amplia como profunda, que los educadores debemos tener muy en cuenta a la hora de cumplir nuestro rol. Y como gracias a Di-s, el conocimiento y la autodisciplina no tienen un fin concreto, las ganas por este aprender magno debería estar siempre latente en nosotros.

No se trata tan solamente de impartir conocimientos, teorías, para que otras personitas internalicen aquellos contenidos. Educar tiene que ver con un TODO; tan solo una parte de ese complejo TODO, son los contenidos académicos.

Aunque el lema parezca ser muy conocido por los educadores actuales, me veo obligado a enfatizar que “el alumno no es una nota”. La calificación muy poco tiene que ver con su proceso de aprendizaje. No tiene en cuenta aspectos que se relacionen con la comprensión y razonamiento del alumno.

Desde el ámbito educativo, no debemos aspirar a la formación de “loros automatizados”, de esos ya los hay; y muchos (basta con ver unos minutos de T.V. diaria para comprobarlo…) El aprendizaje va mucho más allá de lo memorioso que pueda ser un educando. No buscamos personas “cuadradas”, sin capacidad de reflexión y acríticos. Anhelamos crear en los alumnos un perfil crítico y reflexivo de su propio aprendizaje. Una manera de hacerlos pensar por sí mismos, que sean partícipes de lo que están aprendiendo y no “oyentes pasivos” a los cuales se les imparte un conocimiento, debiendo aceptarlo sin lugar a preguntas. Las escuelas no son dictaduras ni buscan los totalitarismos. Los colegios deben dar el lugar para que aquellos alumnos puedan aprender. El psicoterapeuta americano Carl Rogers es muy preciso al afirmar que: “enseñar es dejar aprender”.

En un mundo sumamente competitivo, en el cual es triunfador aquel que logra hundir a su compañero, obsesionados con nuestra mirada hacia el compañero para saber qué y cuánto tenemos, en donde la ambición y lujuria son amigos fraternales de los que se quieren sentir parte del “sistema”, los chicos no quedan afuera de esta competencia.

Los niños son el reflejo de los adultos. Sienten, piensan, reflexionan… quizá a otro nivel, pero también lo hacen.

Suelen comparar y verificar quién es el “mejor”, o quién fue el más exitoso en el examen de la semana anterior. A partir de este “censo”, se establecerá quién tendrá el “poder” de mandar a otros, quién será el que decida a qué jugarán en el recreo, quién será el “ladrón” y quién el “policía”.

Es muy probable que la percepción que el alumno tenga de sí mismo, esté relacionada con las calificaciones. “Seguramente Ariel que es el mejor de la clase, es más apreciado que yo por el maestro; ¿no viste cómo participa en sus clases y siempre lo felicita?”.

Justamente nuestra preocupación como docentes, será darles el verdadero valor a los alumnos, independientemente de sus notas. Se debería poner mayor atención en respetar y considerar más a aquellos que no les va tan bien en sus exámenes, rompiendo con la cosificación del alumno por sobre su persona. Una relación persona-persona, sujeto-sujeto. Quebrando con una posible suposición del alumno: “mi maestro no me quiere, me desprecia porque soy mal alumno”. Separar el número de su valoración propia como ser humano.

En un lugar de Estados Unidos se encontraba un aula con más o menos 16 alumnos, pertenecientes a una importantísima escuela.

Sucedía que por estos alumnos habían pasado distintos Rabanim, maestros, maestras, especialistas y no había forma de contenerlos. Eran rebeldes, mal hablados, nadie podía con ellos. ¿Cómo podía ser?

Cierto día apareció en esta institución un importante funcionario público, que observó la gran indisciplina poco contenida durante todo un año. Aunque cada uno y uno de los 16 alumnos no habían repetido el año, no había cambios en su decisión. Por ende, la situación lo obligaba a pensar en cerrar la escuela.

El director estaba desesperado. Comenzó a consultar a sus colegas y, gracias a Di-s, le recomendaron cierta maestra que tenía mucho corazón para tratar alumnos de este tipo.

Al tener una junta con esta mujer, ella les aclaró que para asumir como maestra de ese aula en particular, necesitaba observar el curriculum de los jovencitos. Por supuesto se lo proporcionaron. Donde ella leyó decía algo así como:



Reubén 94




Levy 93



Alan 95



Shimón 92



Iosef 93



Al leer la información, de pronto la maestra dijo: “No puedo, ¡no puedo asumir ahora! Por favor denme un tiempo para prepararme bien porque me enfrento a chicos muy inteligentes y no puedo fallar. Ya que esperaron 1 año, esperen 1 mes más, nada pasará. Esa es mi condición.” Como no les quedaba otra opción, desde ya aceptaron.

Llegaba el momento de asumir su puesto y había muchas expectativas sobre esta docente.

Comienza esta nueva etapa… pasa 1 mes, 2, 3 meses… y magníficamente estos jovencitos parecían haber nacido por segunda vez. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué milagro se había producido? ¿Qué misterio se encontraba oculto en esta espectacular ayuda Divina? Por supuesto, todos los directivos propusieron una reunión a fin de descubrir el motivo del rotundo y ansiado éxito.

Al reunirse, el Rab principal le preguntó a la maestra cuál era la clave de tanto cambio positivo y qué táctica psicopedagógica había aplicado. Ella, muy sorprendida ante tanto honor, le contestó que no había hecho nada del otro mundo. Simplemente, luego de leer el puntaje tan alto al que se enfrentaba, debía prepararse para afrontar verdaderas maravillas de alumnos…

Ante esta respuesta, todos se miraron asombrados. Uno de los participantes le dijo: “Señora, está usted en un error… lo que usted leyó no era ningún puntaje… eran…” Y hubo un silencio. “Eran los años de nacimiento de cada uno de los alumnos…”

Con esta verdad concluyó esta historia muy real, de la cual aprendemos que cuando miramos a nuestro compañero con un poco de amor, con un poco de respeto, sin envidia, sin pensamientos extraños o retorcidos, sin mirarle sus defectos sino sus virtudes, todo cambia. La naturaleza se modifica y suceden hechos casi inexistentes de acuerdo a la realidad (Publicación semanal “Para vos, Mamá!” Nº2).

Una de las maneras para acercarse a los alumnos podría ser ofreciéndole algún pañuelo cuando la situación así lo requiera, levantándole algún útil caído, arreglándole la ropa… pequeñas actitudes que se tornan enormes modificantes de conductas.

A la hora de reprender, es de importancia desaprobar el acto y no la persona. Desaprobar la conducta en sí. Expresiones tales como: “eres muy malo porque golpeaste a tu compañero”, no es reprobar una conducta, sino, todo lo contrario, significa desaprobar toda su persona tan solo por un acto descolocado (demasiado injusto, ¿no?).

“¿Por qué no quiere estudiar?, ¿qué pasa con este chico que nunca presta atención en clase?, ¿no le importa nada?”, nos preguntamos a veces. Claramente cada caso tendrá su motivo particular y específico. Puede que tenga implicancias psicológicas, sociales y/o familiares.

Pero otras tantas veces, los maestros somos parte de aquello. Textos complejos, en blanco y negro, sin dibujos figurativos y con letra pequeñísima, pretendemos que sean de gran utilidad en clase. Es cierto, puede que el contenido sea excelente, de autores magníficos y brillantes, pero si no están facilitados de manera clara, legible y atractiva, puede que el alumno ni llegue a toparse con ellos. Ya el solo hecho de verlo, le provocará repulsión. Recordemos que estudiar debe ser una práctica placentera.

El Gaón Rabí Akivá Iguer ordenó a su hijo que utilizara papel muy fino, tinta de buena calidad y una escritura clara para la impresión de su libro, ya que sostenía que la belleza física del libro traería regocijo al lector, aumentando su capacidad de estudio y concentración (“Bat Mélej”, página 19).

“Educa al joven en su camino que cuando envejezca no se apartará de él"(Proverbios 22:6)

Si leyéramos el libro Proverbios en su totalidad, notaremos que el Rey Salomón en ningún sitio explica a qué se refiere con educar en “su camino”. Esto es porque no existe un único método universal, cada niño tiene “su” manera de aprender. Sería simplista y nada detallista expresar un procedimiento específico.

Muchos docentes buscan refugiarse en alguna “técnica” que les permita proceder de manera “a” en caso de producirse factor “h”. Pero la realidad es que no hay algo determinado que se deba hacer. En una cultura del “se” (“se hace”, “se usa”, “se viste”), los docentes no quedamos marginados en el ámbito educativo. ¿Estaremos buscando seguridad en lo conocido?, ¿en no quedarnos expectantes ante una situación que no sabremos cómo manejar? ¿Será desconcertante no tener la menor idea de cómo se deba proceder? Dependerá de la circunstancia y el conocimiento interno que se provea del alumno el cómo tendremos que actuar. En muchas oportunidades es sentido común más que otra cosa.

No deberíamos temer a no saber qué hacer en situaciones futuras que se presenten, después de todo, enseñar también es reconocer que uno es falible, que no se las sabe “todas”, facilitar y compartir la humanidad hacia otro sujeto igual que nosotros. Desmitificar el rol de “maestro superpoderoso”, dará chances que la relación prospere aun más. A fin de cuentas ese poder adquirido, deshumaniza al docente. Lo hace menos humano y real. ¿Siempre los maestros fueron “buenos” y aplicados? Al menos me quedo tranquilo que los míos sí (o eso era lo que decían ellos…)

También es importante utilizar la creatividad. Saber aprovechar la ocasión para orientarla en pos del aprendizaje.

Javier (nombre ficticio para no revelar su identidad) no estaba dispuesto a estudiar. De ninguna manera. Estaba muy flojo en lectura y era indispensable para él contar con esas clases de apoyo. Vino con sus guantes y se puso a jugar con ellos. Los revoleaba por los aires. Nada quería saber con estudiar.

Le ofrecí si quería jugar conmigo, haciendo de ellos una especie de pelotita. Accedió. Así estuvimos como 10/15 minutos. Por momento yo atajaba y él lanzaba, por momentos a la inversa.

En ese momento le propuse un desafío: “el que mete un gol, tiene “derecho” a leer un reglón del libro. ¡Ojo! No cualquiera puede leer, ¡solamente el que hace el gol!”. Y así nos divertimos un rato largo, revolcándonos por el piso, logrando por fin estudiar.

Javier (el mismo de arriba) afirmaba: “¡odio jumash!”, arrojando el libro a la mesa con desprecio. Estaba muy angustiado porque en la escuela los chicos iban más rápido que él, perdiéndose en la clase y no teniendo idea de los contenidos estudiados. Intentamos aclarar que lo que “odiaba” no era el “jumash” sino el hecho de tener que leer. Lamentablemente el hecho de ver el mismo libro, al parecer, le hacía recordar aquellos momentos de bronca y aburrimiento en la escuela, aun estudiando fuera de la institución. El miedo al mismo texto lo bloqueaba, trayéndole recuerdos no tan placenteros.

En ese caso lo que hicimos fue pasar los mismos versículos del libro a una hoja de computadora, con letra más legible y amigable. Desmitificando el libro y posibilitando que se olvidara de él por unos momentos.

Le expliqué a su padre que este tiempo de juego no había sido para nada en vano. Ganamos confianza y la relación se estrechó aun más. A partir de allí el vínculo fue totalmente distinto. Una inversión no solo para el presente sin también hacia el futuro. Después de todo, no solamente aprendimos contenidos sino también que el moré (maestro) también se divierte y le gusta hacerlo. Que puede compartir algo en común con sus alumnos. Es decir, es una persona como cualquier otra.

Claro que el alumno no debe “mandar” ni “tomar el control” sobre el docente, muchas veces se debe negociar. En el ejemplo anterior me pasó que a veces Javier metía gol y no quería leer, entonces le dejaba en claro que la única opción para jugar era que leyera. Si no, no había juego. Sería un acercamiento hacia su petición pero no exactamente como él lo demanda. Algo así como “el alumno no elige pero finalmente elige”. Paralelamente, fomentamos la autonomía, autodesarrollo, la responsabilidad y la libertad para elegir de acuerdo a sus intereses propios.

Nos toparemos con poca resistencia del otro lado, ya que tenderemos a buscar alguna opción que sea motivante para él.

Remarcar –de buena manera- que las reglas las imponemos nosotros, sólo que a veces podremos dar variantes para elegir, pero siempre dentro del marco y propuesta del docente; no más allá.

Es importante aclarar que al poner un límite debemos estar convencidos con eso que decidimos. ¿Cómo puedo transmitir una decisión a otro, cuando aun no he sido yo quién se ha convencido primero de la misma? Por eso es importante meditar mucho antes y no actuar desde la impulsividad y nerviosismo. En casos de no percibir seguridad interna para impartir una orden, es preferible “hacer la vista gorda” antes que hablar.

Los líderes o personas a quienes se perciba como figuras de autoridad en dicha situación, deben sentirse lo suficientemente seguras de sí mismas y de su relación con los demás, para confiar realmente en su capacidad de pensar y de aprender por sí mismos (“El camino del ser”, Carl Rogers, página 140).

Y ya que hablamos de los límites, es trascendental remarcar que el “reproche” no debe ser una “batalla” ni un “enfrentamiento bélico”. Cuando los docente llegamos al punto de levantar la voz, no tenemos que enorgullecernos ni sentirnos respetados por aquella autoridad. No nos descarguemos con los chicos. No sumemos nuestros problemas y dolores corporales a la realidad. No hay que ser desmedidos, simplemente lo que corresponda. Tal como dice el Rambam: “con enojo externo pero no interno; simulando enojarse” (Halajot Deot capítulo 2, ley 3).

Una forma de verificar qué tal estuvimos en la situación es analizar cómo nos sentimos luego de aquel suceso. ¿Contentos?, ¿tristes?, ¿repletos de poder?, ¿nos dolió haber tenido que llegar a esas instancias?

Se cuenta sobre el Rab Eliyahu Lopian ZZ”L, de los mayores moralistas de nuestra generación, que antes de retar a uno de sus alumnos o de sus hijos esperaba el lapso de tiempo necesario, hasta que no sintiera ningún dejo de ira. En una ocasión, cuando uno de sus hijos cometió una falta grave, esperó dos semanas completas para reprenderlo.

Muchos padres esquivan reprochar a sus hijos por temor a que no los quieran. Para no ser “los malos de la película”. Una mirada totalmente egocéntrica y negativa que no hace más que traer peores consecuencias hacia los hijos y la familia. “Yo no quiero quedarme mal como padre y que no me quiera”, anteponiendo el “yo” antes que el “él”. ¿Y el hijo?, ¿su educación?, ¿qué vale más?, ¿qué peso tiene cada componente en la balanza?

A veces se deberá buscar la motivación de cada alumno. A toda persona –psicológicamente ajustada- lo motiva algo o alguien en su vida. Algunos prefieren los gráficos, otros los textos, aquellos las interpretaciones.

Es más simple transmitir de una única manera, sin contemplar que las necesidades, deseos e intereses entre los alumnos son tan distintos como las estrellas que existen en el universo. “Motivar la motivación” para lograr seres motivados. Centrarse en los alumnos y no en uno mismo. Ir consensuando con ellos, demostrando nuestro sincero y puro interés por el aprendizaje, su aprendizaje.

Indiscutible es que este tipo de metodología requiere más dedicación, tiempo e inversión por parte del docente, pero… ¿quién dijo que ser maestro resulta ser una tarea sencilla?

Dar espacio al diálogo y salir de la estructura académica, en oportunidades es beneficioso para estimular el vínculo alumno-docente. Dar lugar a lo humano por sobre lo académico. Escucharlos, contenerlos en momentos difíciles. Es cierto que muchas veces se debe correr con el programa, con el temario de contenidos, en todo caso ofrecer espacios a posterior de la clase. Brindarse, transmitir respeto e importancia hacia ellos.

“Dejar pasar”, ser dinámico y abierto a la desestructuración. Tal como expresa el Talmud en el tratado de Rosh Hashaná (17 a): “quien deja pasar su cualidad (no es vengativo ni rencoroso), le dejan pasar sus pecados" (el juicio no será estricto con él).

Si bien un buen maestro planifica de antemano, no siempre las cosas salen en el tiempo que se planea. Pudo haber una falla en el cálculo o simplemente factores externos que imposibilitaron la adecuada concentración y compenetración de los alumnos.

No olvidemos que ellos también son humanos y –a su nivel- también tienen problemas y conflictos. Su familia, sus dificultades.

El Rabino Arye Levin sz”l (conocido como “el tzadik de Ierushalaim”) estaba parado afuera de la escuela en la que enseñaba, observando a los niños durante el recreo. Junto a él, estaba su hijo R. Jaim, quien también se desempeñaba como maestro en la escuela.

“¿Qué ves?” - preguntó R. Arye a su hijo.

“Nada fuera de lo común: solamente hay niños jugando” - respondió el hijo.

“Dime algo de lo que observas en ellos” - insistió R. Arye.

“Bien, David está allí cerca de la puerta con las manos en los bolsillos - seguramente no tiene vocación de atleta… Moshé, está jugando de manera agresiva - debe ser indisciplinado… Ia’acov, está soñando o analizando el movimiento de las nubes, supongo que no lo invitaron a jugar…, pero en general: solamente hay niños jugando”.

R. Arye lo miró y exclamó: “No - mi hijo - no sabes observar a los niños.”

“David está cerca de la puerta con las manos en los bolsillos, porque no tiene sweater. Sus padres no tienen los medios para adquirirle ropa de invierno. Moshé es agresivo, porque su maestro lo reprobó y se siente frustrado. Ia’acov está abatido, porque su madre está enferma y carga con la responsabilidad de su casa”.

“Para ser maestro, debes conocer las necesidades y limitaciones de cada niño a fin de brindarle la atención debida e intentar cubrir esas necesidades.

Pensemos por un momento en una silla de cuatro patas. Si una de ellas está floja, no se sostiene. Los niños están rodeados por los padres, los docentes, los compañeros y los medios externos. Ni los padres (aun si nos ponemos de acuerdo), ni los docentes (aun si trabajamos en consonancia con los padres) somos omnipotentes como para proteger a los niños de estar expuestos y ser partícipes de una carrera competitiva, al margen de las demás contrariedades que cada uno sobrelleva, pues la influencia les llega también a través de sus compañeros. Aun si todos los padres de una institución sumáramos esfuerzos para crear un microclima comunitario, tendríamos que lidiar con la rutina nociva e poderosa de los medios de comunicación, letreros publicitarios, etc.


Cada época tiene sus desafíos y los cambios suceden más con mayor rapidez y de manera más solapada de lo que los percibimos. Hoy en día, nos toca encarar este flagelo como objetivo central de nuestro esfuerzo por educar una nueva generación que crea en la bondad y en la generosidad, en lugar de ser miembros de un “ring” de peleas. Y si perseveramos en este punto - todos juntos con la ayuda de D”s - espero que triunfemos… (Rabino Daniel Oppenheimer).

Queda claro que individuos con personalidades rígidas no aportarán mucho a sus alumnos. No podrán comprenderlos. Así nos enseñan nuestros sabios: “El vergonzoso no puede aprender, ni el colérico puede enseñar” (Pirké Avot 2:5).

Probablemente el maestro puntilloso piense: “a mí no me van a engañar, ¿se creen que soy sonso?”. Pero si en vez de enfocarse en la reputación propia, en su orgullo, se enfocaría en lo mejor para sus alumnos, aquella afirmación no existiría.

A veces “cerrar un ojo” es doblemente bueno: para el alumno con las exigencias; para el docente, no transformarse en punzante y “dictador”.
También debemos dar espacio a la equivocación. No criticarla bajo ningún aspecto. Estimular los intentos a pesar de los resultados.

Dentro del aula olvidarse del mundo finalista en el que estamos insertos, en donde “éxito” es sinónimo tan solo de resultados a corto o inmediato plazo.

Thomas Edison hizo 2000 experiencias hasta inventar la lámpara. Un joven reportero le preguntó el por qué de tantos “fracasos”. Edison respondió: “no fracasé ni una sola vez. Inventé la lámpara. Ocurre que fue un proceso de 2000 pasos”.

Existen alumnos que “odian” estudiar porque saben que les cuesta aprender, internalizar contenidos. Frente a la falta de tolerancia del docente, intentar preguntar les provocaría humillación (ni hablar de la imagen que deja frente a sus compañeros algún tipo de descalificación del maestro en clase).

Por eso hay que procurar no estipular metas difíciles de alcanzar por los alumnos. Evaluar la capacidad que tienen y estableces fines en base a aquello. No pretender objetivos inalcanzables que lo único que provocarán será frustración y desgracia en los alumnos.

Tengamos cuidado con las decisiones que tomamos y con las palabras que decimos. Enseñar no es tarea simple, no es para nada sencilla…

martes, 14 de junio de 2011

La Torta Light Que Desapareció

En Pesaj, tuvimos de invitada a una señora muy especial, que además de ser súper graciosa es re buena cocinera. En especial, le encantan las cosas dulces, hasta ella misma se denomina “una nasher” (golosa). Le fascina cocinar postres de todo tipo.
Como es obvio, en una mesa de Pesaj, se habla de Jametz, así como en Iom Kipur uno habla de comida, y en Sukot de lo lindo que es comer adentro. Así que nos relató sobre el último postre que había hecho aquella semana previa a Pesaj: Una Lemon Pie.
Obviamente no recuerdo sus palabras literales, pero intentaré redactarlas lo mejor posible:

“Quise hacerle una Lemon Pie a mi hija, que le encanta. Y yo, soy re nasher, entonces me encanta ponerle azúcar, crema, y un montón de cosas. Pero, como me tengo que empezar a cuidar, quise hacerla original y le puse Splenda. La verdad que no tenía mucha fe en que iba a salir bien. Pero ¡No saben qué merengue que se formó! Era gigante, fabuloso. La hice el miércoles, para poderla comer el viernes de noche en la cena de Shabat, así que la guardé en la heladera.

A la mañana siguiente me levanto, y abro la heladera. El merengue había bajado. ¿Quién pudo haberse comido el merengue? Yo generalmente soy la que como lo dulces, y yo NO lo había comido. Bueno, a la noche me fijo de vuelta…y el merengue sigue consumiéndose. Yo la torta no la estaba comiendo, y sin embargo, estaba desapareciendo.

Al día siguiente, abro de vuelta la heladera, y ¡casi que no hay merengue! Lo que quedaba era apenas una muestrita de lo que una vez había sido un gran merengue. Además se había quebrado la crema de limón que estaba debajo del merengue. No podía creer. ¡Y yo que creía que iba a poder deleitarme con una rica torta Diet hecha con Splenda! Ni que hablar, que ninguno la comió. Pero ¡lo que nos reímos con esta torta!”
Y nosotros también con la historia…

Pero miren, qué interesante: la Splenda es como el azúcar, endulza igual, y además es dietética. Pero no es duradera, no es en verdad azúcar, sino una copia dietética de la misma. En cambio el azúcar, es duradera, porque es el verdadero dulce.

Nuestra alma está sedienta y quiere aprender Torá, y ahí empiezan las ofertas que no son las verdaderas. Y uno comienza a averiguar, a indagar. Buscar respuestas, siente deseo de encontrar la verdad.
Y en el mundo nos venden diferentes “propuestas”. Sí, son dulces, sí, en el momento nos dan sensación de saciedad. Pareciera como si por fin hubiésemos hallado la respuesta. Pero no es duradera. Se consume.

La Torá, es el azúcar, y al ser la verdad, siempre perdura. A veces, por querer buscar cosas más “Light”, más dulces, uno se olvida de qué es lo que realmente pervive para siempre. La Torá es la fuente de la vida, es Eterna.
“Una copia nunca es tan buena como el original”.


Jana Segal

viernes, 14 de enero de 2011

Aunque...


Aunque me tapo los oídos con la almohada y gruño de rabia cuando suena el despertador... gracias a Di-s que puedo oír... Hay muchos que son sordos.

Aunque cierro los ojos cuando, al despertar, el sol se mete en mi habitación... gracias a Di-s que puedo ver... Hay muchos que son ciegos.

Aunque me pesa levantarme y pararme de la cama... gracias a Di-s que tengo fuerzas para hacerlo... Hay muchos postrados que no pueden.

Aunque regaño porque no encuentro mis cosas porque los niños hicieron un desorden... gracias a Di-s que tengo familia... Hay muchos solitarios.

Aunque la comida no estuvo buena y el desayuno fue peor... gracias a Di-s que tengo alimentos... Hay muchos con hambre.

Aunque mi trabajo es monótono y rutinario... gracias a Di-s que tengo ocupación... Hay muchos desempleados.

Aunque no estoy conforme con la vida, peleo conmigo mismo y tengo muchos motivos para quejarme... gracias a Di-s por la vida.

Lidiamos y refuñamos por nuestros problemas y frustraciones. Perdemos la fe y vivimos amargados, en lugar de agradecer cada segundo y minuto de nuestras vidas, percibiendo lo bueno de cada cosa.

Así que sólo mira hacia arriba y agradece diariamente al Todopoderoso, el milagro de tu existencia.

Semanario "Or Mizrah" Nº440

lunes, 3 de enero de 2011

"¿Por Qué Gritamos?"



Un sabio preguntó a sus alumnos lo siguiente:

"¿Por qué la gente se grita cuando está enojada?"

Los jóvenes pensaron unos momentos: "Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos".

"Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?" - preguntó el sabio - "¿No es posible hablarle en voz baja?, ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?".

Los alumnos dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.

Finalmente él explicó:

"Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia".

Luego el sabio preguntó:

"¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

El sabio terminó diciendo: "Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso".


Semanario "Or Mizrah" Nº439

sábado, 1 de enero de 2011

Un Observar Más Inteligente Y Positivo



Una mujer muy sabia despertó una mañana, se miró al espejo y notó que tenía solamente tres cabellos en su cabeza. “Hummm” pensó, “creo que hoy me voy a hacer una trenza”. Así lo hizo y pasó un día maravilloso.

Al día siguiente despertó, se miró al espejo y vio que solamente tenía dos cabellos en su cabeza. “Huummm… hoy creo que me peinaré de raya al medio”, y pasó un día grandioso.

Al despertarse el día siguiente y mirarse al espejo, notó que sólo le quedaba un cabello. “Hoy me peinaré con cola de caballo” sostuvo de manera asertiva, y tuvo un día muy divertido.

A la mañana siguiente cuando despertó, corrió al espejo y enseguida notó que no le quedaba ni un solo cabello sobre su cabeza. "¡Qué bien, hoy no voy a tener que peinarme!".


La clave para ser feliz no es vivir sin problemas sino la actitud que tomamos al enfrentarnos a ellos.


Patricia Cohen

jueves, 30 de diciembre de 2010

¿Por Qué Usan Saco Y Sombrero Negro?



Pregunta:

Ayer tuve la sensación de haberlo visto caminando en el supermercado, pero usted no me oyó. Me acerqué, repitiendo varias veces su nombre, seguro de que me estaba escuchando. Pero usted me ignoró. Finalmente me acerqué y le toqué el hombro... para darme cuenta que... ¡No era usted!. Era algún otro Judío Jasídico, usando la misma Kipá negra de terciopelo que usted, el mismo saco negro, las mismas medias, igual camisa, idéntica barba colorada y los mismos anteojos sin marco, que usted. Se veía tan igual que hasta usted mismo se hubiese confundido. Me sentí un tonto. Luego me di cuenta que esto les debe pasar constantemente.

¡Todos ustedes, los Jasidim, tienen el mismo aspecto!. Debe haber seguramente algún negocio Jasídico que posee un único modelo de ropa. Los mismos sombreros negros, las mismas camisas y las mismas medias negras. Debe resultarles muy fácil vestirse a la mañana. ¿Qué me pongo hoy? ¿El saco negro o el azul?. ¡Qué aburrido! ¿Dónde está la individualidad? ¿Dónde está la libre expresión? ¿Acaso no pueden ser un poco más originales?

Mi corazón se sale de sí al ver especialmente a los muchachos jóvenes, a quienes se les exige seguir manteniendo el código de vestimenta de los Jasidim aún cuando ya han egresado de la secundaria. Cuán frustrante debe ser para una comunidad de espíritus jóvenes ser privados de su libertad de expresión, teniendo que vestirse no como ellos quisieran, sino como sus abuelos y bisabuelos.

Lo que más me sorprende de todo es como usted, Rabino Moss, un hombre inteligente que tuvo la fortuna de crecer dentro de una familia normal, australiana, elige abrazar los códigos de vestimenta y modos particulares del Jasidismo. ¡Cómo ha cambiado desde la última vez que lo vi en el secundario!. El motivo por el cual una persona podría desear subyugarse a la censura de su individualidad, realmente está fuera de mi entendimiento. Cálidos Saludos. Max.



Respuesta:

Agradezco su compasión e interés por los Judíos Jasídicos, incluyéndome a mí. Gracias por su sensibilidad y preocupación. Obviamente no puedo hablar por otros, es así que hablaré por mí. En lo que a mi persona respecta realmente me sucede lo opuesto a lo que usted menciona anteriormente. Los atuendos Jasídicos realmente colaboran para que sea una persona más creativa, original e independiente. Paso a explicarle por qué.

Ser original significa poseer algo propio y único que nadie posee. Según su opinión, para ser más originales se necesita una camisa rara, unos zapatos a la moda y un corte de pelo inusual. Lo más extravagante que uno se vea, así más uno resaltará de la multitud, estableciendo su identidad como individuo aislado de los demás.

Pero, permítame preguntarle: ¿Es eso realmente lo que lo hace diferente del resto? ¿Es esto sólo lo que puede hacer para ser único?¿Vestirse con tal o cual conjunto? ¿Acaso no puede otra persona hacer lo mismo que usted? ¿Es el aspecto exterior lo que define su individualidad? Para la tradición Judía lo que hace a cada persona un individuo único es su carácter, no su forma de vestir.

Cuando perteneces a una comunidad donde todos se visten del mismo modo la única manera de sobresalir es que uno sea original, no su ropa. A la gente que nos rodea le llamará la atención nuestro carácter, el modo de tratar a los demás, el lenguaje, el valor de nuestro espíritu, el clamor de nuestro corazón, los sacrificios, la calidad de nuestras relaciones y la sinceridad de nuestros argumentos. Uno no puede esconderse detrás de una individualidad basada en el corte de pelo y la moda, debes ser un sujeto "REAL".

Max, con esto no estoy diciendo que salgas a comprar un sombrero y un saco negro. Todos deben vestirse del modo que desean, pero tal vez debas re-pensar cual es la mirada que posees de ti mismo y como estás proyectando esta imagen al exterior. ¿No será, quizá, que muchos de nosotros nos obsesionamos con la idea de vestir de manera original tratando de compensar, la ausencia de un sentido genuino interno de individualidad y la falta de preocupación por nuestra verdadera misión y lugar en este mundo? Las personas que realmente se sienten cómodas con su individualidad no necesitan dejarse el pelo hasta los tobillos ni tatuarse de pie a cabeza. No caminan por el mundo semidesnudos para mostrar al resto su originalidad. Pelo largo, pelo corto, medias negras, medias amarillas, ¿a quién le importa? Lo que hay dentro de ti es lo que te hace realmente un hombre.

Max, ¿recuerdas tu entusiasmo aquel día en la escuela cuando descubriste a William Blake? "Para observar el mundo entero en un grano de arena, Para contemplar el cielo en una simple flor silvestre, Sostén el infinito en la palma de tu mano, Y mantén la eternidad en una hora". Esta conciencia Max, no se adquiere a partir de un modo particular de vestir. Nace del verdadero y más íntimo carácter de la persona.


Rabino Aron Moss

martes, 28 de diciembre de 2010

El Té Curador



Un paciente ingresa al consultorio y, como es habitual, se sienta frente al profesional, mientras le acercan un vaso de té, el cual dejan delante de él.

El paciente, espera que el doctor abra la conversación. No obstante, éste se limita a sonreír y observarlo.

Al cabo de unos minutos, el doctor le dice cordialmente:

- Si usted lo desea, podríamos iniciar la sesión.

Paciente: ¡Muchas gracias! Bien, quería primero decirle que ya me traté con tres psicólogos, sin éxito. También ingerí diversos fármacos y ninguno me ayudó lo suficiente para solucionar mi problema. ¿Por qué estoy aquí? Me han dicho que usted tiene un nuevo método y me dije: “¿qué más puedo perder?”. En realidad, no creo que estas sesiones sean diferentes a las anteriores, pero bueno, mis amigos me insistieron mucho y aquí estoy…

El doctor: ¡Ok!, entiendo que ya estuvo en lo de tres profesionales sin éxito, y que le insistieron para que me visite.

El paciente: Exactamente, eso es lo que dije.

El doctor: Veo que estás de acuerdo con lo que dije anteriormente.

El paciente: ¡Usted esta repitiendo lo que yo dije!

Alegó el paciente un tanto confundido.

Casi sonriendo, el médico le pregunta:

¿Usted está diciendo que yo repito sus palabras?

El paciente más confundido aún: Pero doctor, yo vine para que usted me trate ¿qué es todo esto?

El doctor: Usted vino para iniciar un tratamiento y no comprende qué es esto que yo solo repito sus palabras…

Al cabo de media hora que más se parecía a una charla de sordos que a una sesión terapéutica, el paciente casi se sentía perdido en el espacio.
Cuando el profesional le preguntó si deseaba fijar una nueva cita, sólo asintió con la cabeza por educación, aunque en su interior no se imaginaba así nuevamente, sentado delante de una persona que sólo repite sus palabras como un loro…

De camino a su casa, todo transpirado y confundido, se preguntó a sí mismo “¿Qué clase de psicólogo es este? ¡Repetía mis palabras como un grabador! me parece que él también necesita de un buen tratamiento…” Pero sin notarlo, percibió que ya hacía varios meses que le era casi imposible esbozar un sonrisa ¡y ahora, estaba riendo!...

Al cabo de una semana, desde muy temprano se preparó para la nueva sesión. Quince minutos antes de lo indicado, ya estaba esperando en la recepción.
Cuando se abrió la puerta para que ingresara, casi que saltó al consultorio y sin mediar palabra le dijo al doctor:

- Sepa usted, que la semana anterior he salido de aquí resuelto a no regresar jamás. Pero, a decir verdad, gran parte de los problemas que le comenté, como ser esos fuertes dolores estomacales, sueños que eran casi pesadillas, esa transpiración y sensación de ahogamiento constante, casi desaparecieron. No pregunte cómo fue, pero el cambio es muy grande. Aún no han desaparecido totalmente esos problemas, pero en comparación a mi estado la semana anterior, soy otra persona. ¡Hasta puedo reírme y sonreír, algo que ya hace 3 meses que no lograba! Dígame doctor ¿Qué tenía el té? ¿Qué gotitas le puso?...

El doctor: Entiendo que tenías decidido no regresar aquí, y que has notado una gran mejoría en todos los aspectos y que por ello preguntas, qué puse en el té…

El paciente: Exactamente eso dije. Pero ¿otra vez está usted repitiendo lo que yo digo?

El doctor: Usted afirma lo que yo digo, sólo que me reclama que estoy repitiendo sus palabras…

El paciente: ¡Un momento! ¡¿Qué puso en el té?! Seguro hay algún polvo, algo material, que se disuelve en el agua, y cuando uno lo bebe, influye directamente en el alma. En dos palabras algo material influye sobre el estado de ánimo general.

Pareciera que con un poco de atención y solidarizándose con el otro, el cambio interior es notable…

¡Al fin alguien que me escucha hasta el final! ¡Más aún, puede repetir todo lo que yo hablo! ¡Eso quiere decir que me escucha! ¡No me interrumpió en ningún momento y dejó que me expresara libremente!


El submarino

Escuchar significa, realizar un gran acto de favor hacia nuestros semejantes. Escucharlo hasta el final, sin interrumpirlo. Procurando comprender lo que nos quiere decir. Aun en el caso que ya entendí a qué se refiere y qué lo intriga, molesta o perturba, debemos escucharlo hasta el final.

Es nuestra obligación demostrarle que hemos comprendido todo lo que nos ha dicho…

Sería muy interesante si grabáramos nuestras conversaciones telefónicas, para poder constatar, cuántas veces interrumpimos a nuestro interlocutor, y si realmente comprendimos sus necesidades.
“Entendí, entendí, esta bien…” Casi no escuchamos más que unas cuantas palabras ¿y ya comprendimos todo?

El único que puede confirmar haber comprendido lo que oyó, es quien lo ha dicho, y sólo lo puede hacer, cuando yo le repita lo que creo haber escuchado…

Recordemos sólo el ejemplo del submarino.
Este medio de trasporte navega por las profundidades del mar sin un camino visible a seguir, ni meta a alcanzar. Allí abajo no se ven los puertos, las islas o las estrellas, para estar seguro hacia dónde uno se dirige. Pero el capitán, reparte órdenes:

-¡Veinticinco grados a la derecha! ¡Motores al máximo!

Si el marino a cargo del timón no entiende correctamente las instrucciones, puede costarle la vida a toda la tripulación. Por lo tanto, debe repetir de inmediato las indicaciones palabra por palabra, textualmente, y luego de recibir el consentimiento del capitán, las llevará a la práctica.

Cuando un niño no actúa como tú le pides, será tal vez, que no le llegó el mensaje correctamente. O, tú no has captado su requerimiento o no puede comprender tu mensaje.

Escuchar y ser escuchado. Este es el proceso obligado para lograr una comunicación correcta y mejorar las relaciones entre las personas, como así también poder darle a nuestros hijos, aquello que necesitan y ayudarlos a que puedan crecer sanamente. •


Revista "Entre Todos" - Sucath David (págs. 26 y 27)

miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿Simplemente Niños Jugando?


El Rabino Arye Levin sz”l (conocido como “el tzadik de Ierushalaim”) estaba parado afuera de la escuela en la que enseñaba, observando a los niños durante el recreo. Junto a él, estaba su hijo R. Jaim, quien también se desempeñaba como maestro en la escuela.

“¿Qué ves?” - preguntó R. Arye a su hijo.
“Nada fuera de lo común: solamente hay niños jugando” - respondió el hijo.
“Dime algo de lo que observas en ellos” - insistió R. Arye.
“Bien, David está allí cerca de la puerta con las manos en los bolsillos - seguramente no tiene vocación de atleta… Moshé, está jugando de manera agresiva - debe ser indisciplinado… Ia’acov, está soñando o analizando el movimiento de las nubes, supongo que no lo invitaron a jugar…, pero en general: solamente hay niños jugando”.
R. Arye lo miró y exclamó: “No - mi hijo - no sabes observar a los niños.”

“David está cerca de la puerta con las manos en los bolsillos, porque no tiene sweater. Sus padres no tienen los medios para adquirirle ropa de invierno. Moshé es agresivo, porque su maestro lo reprobó y se siente frustrado. Ia’acov está abatido, porque su madre está enferma y carga con la responsabilidad de su casa”.


“Para ser maestro, debes conocer las necesidades y limitaciones de cada niño a fin de brindarle la atención debida e intentar cubrir esas necesidades.

Pensemos por un momento en una silla de cuatro patas. Si una de ellas está floja, no se sostiene. Los niños están rodeados por los padres, los docentes, los compañeros y los medios externos. Ni los padres (aun si nos ponemos de acuerdo), ni los docentes (aun si trabajamos en consonancia con los padres) somos omnipotentes como para proteger a los niños de estar expuestos y ser partícipes de una carrera competitiva, al margen de las demás contrariedades que cada uno sobrelleva, pues la influencia les llega también a través de sus compañeros. Aun si todos los padres de una institución sumáramos esfuerzos para crear un microclima comunitario, tendríamos que lidiar con la rutina nociva e poderosa de los medios de comunicación, letreros publicitarios, etc.

Cada época tiene sus desafíos y los cambios suceden más con mayor rapidez y de manera más solapada de lo que los percibimos. Hoy en día, nos toca encarar este flagelo como objetivo central de nuestro esfuerzo por educar una nueva generación que crea en la bondad y en la generosidad, en lugar de ser miembros de un “ring” de peleas. Y si perseveramos en este punto - todos juntos con la ayuda de D”s - espero que triunfemos…

Rab Daniel Oppenheimer

domingo, 5 de diciembre de 2010

Una Profunda Plegaria...


Di-s mío...
.
.
Ayúdame a decir la palabra de la verdad en la cara de los fuertes,
y a no mentir para congraciarme el aplauso de los débiles.

Si me das dinero, no tomes mi felicidad,
y si me das fuerzas, no quites mi raciocinio.

Si me das éxito no me quites la humildad y si me das humildad, no quites mi dignidad.

Ayúdame a conocer la otra cara de la imagen, y no me dejes acusar a mis adversarios, tachándoles de traidores porque no comparten mi criterio.

Enséñame a amar a los demás como me amo a mí mismo,
y a juzgarme como lo hago con los demás.

No me dejes embriagar con el éxito cuando lo logre,
ni desesperarme si fracaso.

Más bien, hazme siempre recordar
que el fracaso es la prueba que antecede al éxito.

Enséñame que la tolerancia es el más alto grado de la fuerza
y que el deseo de venganza es la primera
manifestación de la debilidad.

Si me despojas del dinero, déjame la esperanza,
y si me despojas del éxito, déjame la fuerza de voluntad
para poder vencer el fracaso.

Si me despojas del don de la salud,
déjame la gracia de la fe.

Si hago daño a la gente, dame la fuerza de la disculpa,
y si la gente me hace daño,
dame la fuerza del perdón y la clemencia.

Di-s mío... si yo me olvido de ti… ¡Tú no te olvides de mí!


“Compartiendo y disfrutando” Nº300

domingo, 24 de octubre de 2010

Carta De Un Padre A Una Hija



Querida hija:

El día que este anciano ya no sea el mismo, ten paciencia y comprende.
Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme mis zapatos, tenme paciencia, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.

Si cuando conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras y sabes de sobra cómo termina, no me interrumpas y escúchame.
Cuando eras pequeña para que te durmieras, tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los ojitos.

Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y compréndeme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa cuántas veces cuando niña te ayudé y estuve pacientemente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.

No me reproches por que no quiera bañarme, no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguí y los miles de pretextos que te inventaba para hacerte más agradable tu aseo.

Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que fui yo quien te enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y cómo enfrentar la vida tan bien como lo haces, son productos de mi esfuerzo y perseverancia.

Cuando en algún momento, mientras conversamos, me llegue a olvidar de qué estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde; y si no puedo hacerlo… no te impacientes; tal vez no era importante lo que hablaba y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas en ese momento.

Si alguna vez yo no quiero comer, no me insistas. Sé cuánto puedo y cuándo no debo. También comprende que con el tiempo, ya no tengo dientes para morder ni gusto para sentir.

Cuando mis piernas fallen por estar cansadas para andar… dame tu mano tierna para apoyarme como lo hice cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernitas.

Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.
No te sientas triste, enojada o impotente por verme así. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando tú empezaste a vivir.

De la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes a terminar el mío.

Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.

Te quiere,

Tu Padre.

sábado, 23 de octubre de 2010

El Viejo Truco Del Plan "B"

Pregunta:

"Vivo la vida equivocada. Debería haber estudiado ciencias y no humanidades. Y aun así debería haber obtenido mi diploma de humanidades, como mis padres deseaban, no un diploma en baloncesto. Debería haberme casado con Ellen. Debería vivir en Atlanta, no en Atlantic City. Todo va de mal en peor. ¿Qué es lo que debo hacer ahora? ¿Por qué salen mal las cosas?".

Respuesta:

Tal vez no desees oí esto pero: todos tus miedos están justificados. No eres un paranoico. Quizá tengas razón en todo lo que dices… ¿Te preguntas cómo lo sé? Porque el mundo entero funciona a partir del plan “B”.

Seguro existe un plan “A”. El modo en el que las cosas deberían funcionar. Pero en la historia del mundo, no hubo ni una sola cosa que haya salido como hubiésemos deseado.

Adam no debería haber comido del árbol del fruto prohibido. Se suponía que Abel y Caín deberían haber solucionado sus diferencias hablando. Todo el mundo debería haberse llevado bien. Pero las cosas se nos fueron de las manos desde el principio. Di-s ahogó a todos los especímenes creados para comenzar la historia nuevamente. Pero las cosas nunca dejaron de salir mal…

Tomemos como ejemplo la historia de Esav y Iaakov.
Esav nació con ciertos desafíos a cumplir, él debería haberse dado cuenta de esto. Se suponía que crecería como el “valiente proveedor de lo material”; mientras que Iaakov se dedicaría el estudio.
Esav no cumplió con su parte y por su parte, Iaakov terminó haciendo el trabajo de los dos. Acabó recibiendo la bendición de la primogenitura que le “pertenecía” a Esav y casándose con la que tendría que haber sido esposa de su hermano. Le llevó veinte años obtener las dos esposas de la casa de Labán. Esav lo hubiese logrado tan solo en un día.
¿Y Iaakov? Era el hombre equivocado para ese trabajo. Este es el plan “B”.

Y he aquí el caos y desorden de Iosef y sus hermanos, un ejercicio que nos enseña a ver cuántas cosas pueden resultar mal en una historia.
Iosef no sabía comunicarse. Sus hermanos lo mal interpretaron. Iehudá no calculó y Reubén perdió el control de la situación.
El éxodo parece una experiencia excitante, pero no nos olvidemos que la primera visita al Faraón fue un verdadero desastre: nueve de las diez plagas fueron definitivamente un “fracaso”. Más tarde cuando finalmente llegamos al punto cúlmine de la historia, la entrega de la Torá, la gente cometió la “gran metida de pata”: la confección del becerro de oro. El becerro no estaba supuestamente dentro del guión.

Siempre hay un guión, pero nunca se pone en práctica. Este es unos de los motivos por los cuales la Torá comienza con la letra “Bet”, la segunda letra del alfabeto hebreo. Porque todo el mundo funciona a partir del plan “B”. De hecho, si estudias los Seís Días de la Creación, según nuestros comentaristas, ningún día las cosas salieron exactamente como deberían haber salido.

Aparentemente, antes del comienzo de nuestro mundo, en un tiempo contiunuo que no influye al nuestro ni por un nano segundo, existían otros mundos donde todas las cosas salían bien. Había mundos en donde Adam y Javá eran “buenos chicos” y ni siquiera tocaban el fruto prohibido. Allí Caín y Abel eran buenos hermanos eternamente.
Un mundo donde Esav se casó con Leá y ayudaba económicamente a su hermano Iaakov para que pudiera obtener su diploma en pensamientos espirituales a través de la meditación dentro del mundo. Toda la gente era tan buena y amable, el mundo estaba lleno de luz, el mal no tenía oportunidad de existir.
Esos mundos existentes dentro de la grandiosa “imaginación” de Di-s eran el plan “A”. “El Plan”.

¿Qué sucedió con todo esos mundos?
Bien, Di-s observó aquellos, evocó Suprema Sabiduría y los desechó uno por uno, siguiendo adelante hasta finalmente Crear nuestro mundo, invistiéndose dentro de las infinitas formas de la conciencia de un frágil ser que da un paso adelante y se tropieza, un mundo donde Murphy tiene más credibilidad que Newton, y por lo que te casaste con Ellen y no con Jessica. Donde todo el progreso de la vida y la historia no es otro cosa que una sucesión de “metidas de pata”.

Y he aquí que Él te dice: “¡esto e lo que llamas mundo!”. Y es entonces cuando Él decide elegir el plan “B”, un mundo real, no un fugaz imaginario como los otros mundos. Es aquí en donde Él decide entregar la Torá.

Así que seguramente debes preguntarte: “¿qué tiene de valioso un mundo de fracasos, desorden y pecado? ¿Qué es lo que sucede con este Di-s que crea seres que descaradamente ofuscan Su Plan Divino. Si lo que desea es bondad, belleza, luz, sabiduría, ¿por qué elegir un lugar violento, gris y oscuro para que lo contenga? “.

La respuesta es que seguramente debe haber algo más profundo que “El Plan”. Hay un “Director del Plan”. No solamente existe un “guión”, existe una obra. No sólo hay una partitura de música, hay un músico.
Tomemos el siguiente ejemplo: digamos que pasas cerca de un cuarto y oyes sonar un piano. Te detienes a escuchar y piensas: “tal vez no es el piano. Seguramente hay un pianista tocando”.
Escuchas un poco más y logras oír una equivocación. La música se detiene. Una pausa. Luego la misma estrofa se repite, quizá varias veces. Más tarde, la música continúa.
“¡Aha!”, exclamas, “es una persona. Existe alguien detrás de la música”.
¿Y sabes qué? A partir de allí, la melodía logra llegar a una profundidad completamente inesperada.

Pero cuando Di-s eligió “el Plan”, no lo hizo porque debía hacerlo o porque esto lo define a Sí mismo. Optó por esto libremente. Desea que este aspecto esencial de Él, el cual está fuera y libre de cualquier definición, sea revelado a partir del “Plan”. Él quiere que se escuche al “músico”, no solamente a la música.
La oportunidad aparece con cada “fracaso”. La oportunidad de alcanzar la profundidad de la esencia de las cosas, la profundidad en ti mismo y en la verdad.
El fracaso en sí mismo tal vez sea una carga, pero el fruto de reordenarlo es mucho más precioso que el oro.

Este es el motivo por el cual la Torá entra en nuestro mundo y no en otro.
Hay una sabiduría de la creación, de la belleza, de la luz. Pero la Torá es aun más profunda que todo esto. La Torá es la sabiduría de la sanación, del reordenamiento de los fracasos. Y esta es la sabiduría que Di-s mismo toca.

Querido, toma ventaja. Los ángeles están celosos. Ellos aun están atrapados en el plan “A”.

Rab Tzvi Freeman (revista “Jabad Magazine” N°122)

viernes, 17 de septiembre de 2010

Iom Kipur: El Placer Del Pecado


Pregunta:

El día de Iom Kipur me resulta deprimente. ¿Por qué pasar todo un día concentrados en nuestros pecados y fracasos? ¿Necesitamos que nos recuerden cuán lejos estamos de ser perfectos?


Respuesta:

Iom Kipur es una celebración de nuestra condición de humanos. Y esa condición implica ser imperfectos.

El fracaso humano es absolutamente predecible y Di-s ha ubicado en el calendario un día al año para el perdón. No es una festividad opcional destinada solamente a quienes pueden haber pecado. Iom Kipur nos llega todos los años, en forma individual, a cada uno de nosotros. Es como si se esperara que cometiéramos pecados, que siempre hubiera metidas de pata por las que luego tendremos que hacer las paces. A Di-s no le sorprenden para nada nuestros fracasos, de modo que Él nos permite hacer una especie de 'reset' cada año. Nunca se sugirió que fuéramos perfectos.

Cada Iom Kipur recibimos una carta de Di-s en la que nos dice algo así como esto:

Yo sé que eres un ser humano. Los seres humanos no son perfectos. Te hice así. Y, te quiero igual. En realidad, ése es el motivo por el que te amo, porque no eres perfecto. Antes de crearte ya tenía la perfección. Lo que espero de la creación es un mundo imperfecto que se esfuerza por mejorar, colmado de seres humanos que fracasan, se levantan y siguen adelante. Sin embargo, por ser imperfecto pero perseverante, tú has cumplido con el propósito de tu creación. Has alcanzado la única cosa que no puedo hacer sin ti, has traído al Di-s perfecto a un mundo imperfecto.

Gracias.

Con Amor, Di-s .

Para todos los que no somos perfectos, Iom Kipur es nuestro día. En lugar de deprimirnos por nuestros fracasos, los celebramos. Cada pecado, cada falta cometida, cada intento fracasado por vivir de acuerdo con nuestro objetivo es una nueva oportunidad para crecer y mejorar. El fracaso en nuestra misión es, en sí mismo, parte de la misión.

Iom Kipur es el día en que Di-s nos agradece por ser humanos, y nosotros le agradecemos a Él por no ser perfectos. Si lo fuéramos, no tendríamos nada que hacer.


Rabino Aaron Moss

domingo, 8 de agosto de 2010

Teshuvá: Un Pequeño Gran Acto


Una frase sencilla, salida de la boca de un Iehudí, una palabra agradable, con el único y elevado deseo de ayudar al compañero, tiene tanta fuerza que, hasta puede transformar el mal en bien.

No estamos diciendo nada novedoso, siempre lo supimos, pero cada nueva historia que escuchamos, agrega brillo a esta afirmación. La que relataremos a continuación, fue contada por el director de un seminario muy conocido de Ierushalaim.
Se trata de la historia de un familiar cercano a él, que logró retornar a las fuentes del judaísmo, de una forma muy conmovedora.

Así nos cuenta:
Esta persona, no cumplía ningún precepto de la Torá. Durante años, intentamos influenciarlo, para que cambiara su forma de vida, perosistemáticamente, se negaba a escucharnos y escapaba de toda cosa quetuviera alguna relación con temas de santidad.
Cuando falleció su padre, hizo el mínimo duelo posible, después de los primeros siete días, dijo un Kadish por aquí y otro por allá, continuado luego con su vida, firme en su tesitura de no incorporar ningún cambio que lo acercara a la religión.
Unos años después, también falleció su madre.

A cabo de unos meses, nos sorprendió, al encontramos con él, con una kipá sobre su cabeza. Pero además, nos aclaró que ahora rezaba todos los días, cuidaba el kasher y Shabat, y "voy en camino de cuidar todas las mitzvot".
Nos preguntábamos qué o quién había influido sobre él, para que cambiara tan drásticamente. Nosotros lo habíamos intentado durante años, sin éxito…
Él mismo se encargó de revelarnos el misterio:

"Cuando finalizaron los siete días de duelo, por el fallecimiento de mi mamá, se acercó a mí, un pariente, un religioso de forma agradable, que me preguntó con suavidad y afecto: "¿Deseas hacer algo pequeño y sencillo, para la elevación del alma de tu mamá?".
Cuando escuché que se trataba de algo "pequeño y sencillo", respondí: "estoy dispuesto".
¿Quién puede no estar dispuesto a hacer algo mínimo por su mamá?

Al escuchar mi respuesta positiva, continuó: "todos los días viernes, antes del comienzo de Shabat, afloja la lamparita de la heladera, para que, cuando la abras no se encienda la luz. Cuando lo hagas, dedica este acto, a la elevación del alma de tu madre".
Acepté y lo llevé a la práctica. Todos los viernes, antes del comienzo de Shabat, aflojaba la lámpara de la heladera. Podía sentir, dentro de mi corazón, que con este acto elevaba el alma de mi mamá. ¿Existe algo más fácil que esto?

Pero, pasaron algunas semanas, y comencé a plantearme: "¿Si no enciendes la luz de la heladera, por qué lo haces con la luz de la habitación?". Intenté desechar esta idea, pero por cuanto soy una persona que actúa según las reglas de la lógica, la pregunta repercutía en mi cabeza:"¿si no enciendes la lámpara de la heladera, por qué enciendes la lámpara de la habitación?"
Finalmente, contraté un electricista, para que instalara un reloj de Shabat, así no tendría necesidad de encender la luz en las habitaciones.

Llegó el turno de la radio.
"Si no enciendo la luz de la heladera ni la de las habitaciones, ¿porqué enciendo ese aparato?".
De esta forma, lentamente, fui dejando de escuchar radio en Shabat.

A continuación comencé a preguntarme: "¿si no enciendes la luz, ni la radio, por qué enciendes el auto en Shabat, si el mecanismo es el mismo?".
De esta forma, paulatinamente, fui evitando todo acto que representara una profanación de Shabat, hasta que lo logré, casi por completo.

Un viernes por la noche, no sabía qué hacer… "no enciendo la radio, no viajo en auto, ¿en qué puedo ocupar mi tiempo?" Recordé que cerca de casa hay un Bet Hakneset y fui hacia allí.
Tanto la gente que concurría habitualmente a rezar, como el Rab, me recibieron con gran cordialidad. No sabían a qué había venido al Templo, pero de todas formas me dieron una bienvenida calurosa y agradable.
Cuando terminó la Tefilá, sentí una elevación especial… Se acercó hacia mí el Rab invitándome a compartir el banquete de Shabat, en su casa.
Demás está decir, el sentimiento que me embargó en ese momento. Yo, un pecador, invitado a la casa del Rab, compartiendo su mesa…

Después del banquete, me pidió que lo acompañara al Bet Hakneset, donde dictaría, como de costumbre, su curso de Torá. Me hizo sentar asu lado y pude disfrutar de una clase emocionante.
De esta forma, comencé a recibir sobre mí el compromiso de cumplir las Mitzvot, y aquí me ven… convertido en un completo Baal Teshuvá".

Quien contó esta historia, para finalizar, agregó que, como suele suceder, el "responsable" que inició esta cadena de Mitzvot, a través de una idea fácil y sencilla, con la que logró convencer a esta persona que hiciera algo, por la elevación del alma de su madre, no estaba enterado del efecto de su intervención… "pero nosotros nos encargamos de hacérselo saber y combinamos un encuentro entre ambos, que al verse se fundieron en un cálido abrazo y lloraron de emoción".

¡La fuerza de una frase! Y la fuerza de una pequeña lamparita, dentro de la heladera.
Tal es su fuerza, que le permitió a una persona generar un cambio tan elevado, que su luz alumbrará por generaciones.

Cuando lea esta historia, comprenderá que Di-s no le pide demasiado, sólo que se ponga en movimiento, que avance y se comprometa con un pequeño acto, aunque sea, aflojar la lamparita de la heladera, antes que comience Shabat.
Sabemos que nuestra generación, especialmente los más jóvenes, está expuesta a pruebas difíciles que nuestros antepasados ni siquiera conocieron. Los tropiezos a los cuales se está expuesto en la actualidad, son de la clase que impurifica el corazón y el alma haciéndose muy difícil pensar en términos de Teshuvá.

Pero deben saber, que si desean retornar, si realmente lo desean, aunque hayan descendido hasta las profundidades, alcanza con un pequeño acto positivo, para borrar lo hecho anteriormente. Esta no es una mera fantasía, ni un intento de persuasión. Es una verdad absoluta.
¿Les es difícil realizar grandes acciones? Hagan una pequeña. Comiencen a escalar a partir del punto cero. Acérquense lentamente, y, con la ayuda de Di-s llegarán a la cúspide.

Fascículo semanal "Mahor HaShabat"

viernes, 23 de abril de 2010

Epístola Del Rambán A Su Hijo


Esta carta fue enviada por el Ramban (Rabbí Moshé ben Najmán) desde laciudad de Acco a su hijo que vivía en Cataluña, a quien le pidió que la leyera una vez por semana y que la estudiara con sus hijos hasta que éstos la hubieran aprendido de memoria, de modo de inculcarles el Irat Shamaim(temor al Todopoderoso) necesario para la vida de un judío. Agregó además que en el día en que la leyese, serían cumplidos sus deseos. Aquél que acostumbra a estudiarla, podrá tener la seguridad de que será salvado de cualquier infortunio ganando el Olam Habá (el mundo venidero).

“Hijo mío, escucha el consejo de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre (Mishlé). Acostúmbrate a expresarte con tranquilidad hacia cualquier hombre y en todo momento. Y, de esta forma, te apartaras de la cólera, que es una mala cualidad que provoca el pecado del hombre.

Dijeron nuestros Rabanim z”l: A quien se enfada se le castiga con todas las categorías del infierno (Nedarim 21) pues está escrito: Aparta la ira de tu corazón y sacarás el mal de tu cuerpo. ´ (Kohelet 11). Se interpreta que la maldad es el infierno pues estimamos: Y también el malvado
en el día de su juicio... Y el veredicto para un malvado es el infierno (Mishle 16).

Y desde el momento en que té apartes del enojo, introducirás en tu corazón la modestia, la mejor cualidad que puede poseer una persona. Está escrito: “El extremo de la humildad es el temor al todopoderoso” (Mishle 2). Por la modestia llegarás al Eterno porque meditarás de dónde provienesy hacia dónde vas, que no eres más que un gusano en tu vida y en tu muerte, y delante de quien serás juzgado y darás cuenta de tus actos, delante del Rey Todopoderoso (Avot 3).

Está escrito: los cielos no te pueden abarcar, menos aun el corazón de los hombres. (Divré Ha yamin). Leemos también: Yo lleno los cielos y la tierra, dijo el Eterno (Irmiahu 88,23). Cuando pienses en todo esto temerás a tu creador, te cuidaras del pecado y con esas virtudes vivirás feliz con lo que tienes.

Cuando seas modesto, hasta sentirte inferior a cualquier persona y temas al creador y al pecado, reinará sobre ti el espíritu de la Shejiná y el brillo de su Gloria en la vida eterna. Y ahora hijo mío, ten presente, que el que se enorgullece de si mismo y es soberbio, se rebela al Reino celestial, porque pretende vestirse con sus atuendos, pues está escrito:´Di-s reinó de orgullo se vistió (Tehilim 93). ¿Y con que puede enorgullecerse el hombre?. Si es por su riqueza, está escrito:´Di-s es el que empobrece y enriquece (Shmuel 1,1). Si es por el honor que puede merecerse, ¿acaso no es también de Di-s?. Encontramos escrito: La riqueza y el honor de ti proceden (Divré Hayamin 1,39).

Y, ¿cómo puede el hombre cubrirse con el honor que no es suyo, que esel que Hakadosh Baruj Hú le pone delante; y si pretende ser alabado por suinteligencia:´Di-s quita el habla a los que dicen ser alabados por suinteligencia (Yob 12). Vemos que todo es igual a los ojos del Eterno, porque su palabra derriba a los erguidos y por Su voluntad levanta a los caídos. Por eso debes caer por ti solo y te levantará el Todopoderoso.

Ahora te explicaré cómo habrás de conducirte en el camino de la modestia, para que transites por el todos los días de tu vida: Que tus palabras salgan de tu boca con tranquilidad, que tu cabeza esté gacha y tus ojos miren hacia abajo, hacia la tierra, pero que tu corazón permanezca hacia arriba (pensando en las maravillas del Eterno). Nunca mires a nadie con desprecio, que cualquier hombre a tus ojos sea más grandes que tú. Si esinteligente o si es rico, debes respetarlo. Y si él es pobre y tu rico, omas sabio que él, con respecto a ti, debes respetarlo, pues si él peca, lo hace sin quererlo, pero si tú pecas, lo haces intencionalmente.

En tus palabras, tus actos, tus pensamientos, y en todo momento, considera que te hallas frente al Todopoderoso y que su Shejiná está sobre ti, porque El llena todo el mundo´, entonces tus palabras serán dichas conel temor de un esclavo ante su amo.

Te sentirás inferior a cualquier persona y si alguien te llamara nunca contestes elevando la voz, sino con suavidad, como si estuvieras delante de tu dueño.

Prestarás atención en leer la Torá y en cumplirla todo lo que puedas, y cuando hallas estudiado trata de aplicar lo que haz aprendido. Controla tus actos, tanto durante el día como por la noche: Así toda tuvida será Teshuvá (arrepentimiento). Apartarás de ti cualquier cosa mundanaen el momento de la Tefilá, así prepararás tu corazón delante del Eterno y purificarás tu pensamiento. Debes reflexionar sobre cada palabra antes de que salga de tu boca.

Así te comportarás durante todos los días de tu sana vida, en todaoportunidad, y no pecarás. De esto forma tus palabras tus actos y tus pensamientos serán rectos y tu Tefilá íntegra, límpida, y aceptada por el creador, pues está escrito: prepararás sus corazones y atenderás tus oídos.(Tehilim 10).

Lee esta carta una vez a la semana y no dejes de cumplir absolutamente nada de lo que en ella dice y ve tras ella, tras el Eterno, para que tengas éxito en todos tus caminos y merezcas el Mundo Venidero reservado para los justos. Y cada día que la leas será dado desde el Cielo todo lo que tu corazón ansíe, Amén Selah.

viernes, 16 de abril de 2010

De Ostras Y Perlas...


Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas.
Las perlas son producto del dolor, el resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable al interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada nácar. Cuando un grano de arena penetra en la ostra, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado, se va formando una hermosa perla.

Una ostra que no haya sido herida de algún modo, no puede producir perlas. Porque la perla es una herida cicatrizada.

¿Te has sentido lastimado por palabras hirientes?
¿Has sido acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste?
¿Tus ideas fueron rechazadas o mal interpretadas?
¿O quizás fueron tomadas por alguien para presentarlas como propias?
¿Has sufrido golpes de los que adquieren ideas preconcebidas indebidamente?
¿Has sido objeto de la indiferencia? Entonces… ¡Produce una perla!
Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor.

Muchas personas sólo aprenden a cultivar resentimientos, dejando sus heridas abiertas, alimentándose con sentimientos pobres, los cuales impiden que las lesiones cicatricen.

En la vida real vemos muchas “ostras vacías” no porque no hayan sido heridas, sino porque no han sabido perdonar, comprender y transformar el dolor en amor.
Vale la pena enfrentar las heridas.
No seas vencido por los aspectos negativos, vence siempre con el bien... ¿Cómo está tu perla?

Publicación semanal "Or Mizrah" Nº410