miércoles, 29 de julio de 2009

Tishá Be Av: Sincerándonos De Verdad

No es fácil atravesar estas fechas. No es sencillo recordar sucesos tristes que nos ponen nostálgicos y melancólicos. No es simple refrescar tropiezos que nos llenan de desdicha y quebranto.

Porque a fin de cuentas, todas las situaciones con que nos topamos y toparemos, fueron y serán manejadas por algo más que la propia razón: por Un Poder Supremo.

Es que se torna más cómodo y confortable transitar estas jornadas como si nada pasó, como que todo sigue igual. “¡Ojalá que pasen rápido estos días!”. En estos últimos tiempos que tanto la frustración como la tristeza deben evitarse a todo precio, sean cuales sean las circunstancias, se pierde el transcurrir de las tragedias; el pasar de las adversidades.

Quizá a veces tendamos a olvidar que la propia sabiduría es la que aprende de todos los sucesos, no solamente de los victoriosos. Todas las crisis y cambios que atravesamos no son más que oportunidades que nos da la propia vida. No quiero decir con esto que las malas resoluciones de los conflictos no nos provoquen dolores intensos de cabeza; simplemente propongo que estemos abiertos a aprovechar el otro polo también. A ver las dos caras de la moneda.

¿Qué sucedió en Tishá Be Av (9 de Av)?

Principalmente la destrucción del Primer Templo (construido por el rey Salomón), y la del Segundo Templo. Estos hechos acaecieron en el mismo mes, Av, y como tradición en el mismo día nueve, pero trascurriendo 556 años del primero al segundo.
También posteriormente fue una fecha en la que sucedieron cantidad de desgracias.

Según la Mishná (Taanit, 4:6), hay algunos eventos que justifican el ayuno y la abstinencia el 9 de Av:

  • Este día, Moisés mandó 12 espías para informarle sobre la tierra de Canaán. Los espías regresaron con malas noticias, y los hijos de Israel sollozaran, temieran y se desesperaran por no poder ingresar a la Tierra Prometida. Este día vendría a ser solemnizado por las generaciones venideras de los Hijos de Israel (Números cap. 13-14).
  • Los babilonios arrasaron el Templo de Salomón (el primero) y toda Judea liderados por Nabucodonosor en el 586 a. C., condenado a la población al exilio de Babilonia.
  • La revuelta de Simón bar Kojba contra Roma fracasó y Bar Kojba, el Taná Rabí Akiva y miles de sus seguidores fueron asesinados
  • El Segundo Templo fue destruido por el Imperio Romano en el año 70, llevando a los judíos a una diáspora de dos mil años (fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Tisha_b)


Los sabios nos enseñaron que los motivos por los cuales estos sucesos sucedieron fue por falta de consideración del prójimo. Por “odio gratuito” (ya hablamos en una oportunidad de los motivos específicos, para ampliar el tema se puede visitar el post anterior).

Difícil se torna aceptar a todos como realmente son. Difícil resulta no guardarse algo –al menos- en lo profundo del corazón con lo que nos hicieron mucho daño. Circunstancias que tuvimos que sufrir; espinas que se clavaron muy profundamente; y las heridas aun no se cierran…

Intentamos pero no podemos. La maldad se apoderó de aquellas personas en tal momento, y los damnificados resultamos nosotros. Palabras que duelen. Actos que destruyen…

¿Y ahora se pretende que no odiemos a nadie, aún en una mínima medida? ¿Cómo puedo lidiar con un sentimiento? ¿Acaso es posible poder dominar mis sentimientos? ¿Cómo decirle a mi organismo, a mi corazón, que deje de sentir rencor?

Si supiera la respuesta no estaría escribiendo en estos momentos. Supongo que hubiese llamado telefónicamente a cada uno de ustedes, dándoles el antídoto a este mal tan grande que nos degrada tanto. A estas situaciones tan tajantes y desgarradoras.

Lo que sí sé es que se torna un ejercicio prolongado. De la noche a la mañana no puedo auto-engañarme diciendo que: “lo perdoné de todo corazón; no siento nada dentro mío, ya todo se esfumó”. Eso es mentir. Ser incongruente. Enmascararse.

Un perdón que no es sincero no tiene valor, ni para el que lo pide ni para el que lo da.

Antes de irnos a dormir, hay un texto que se recita antes del “Kriat Shemá” en el cual la persona dice que perdona a todo sujeto que le hizo algún daño, sea monetario, verbal o actitudinal, para que otros sujetos no sean castigados por culpa propia. En una oportunidad, observaron a un tío del Rab Shaj ZZ”L dando vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño.

“¿Qué sucede? ¿Por qué no te duermes?”, le preguntaron. “Pasa que tuve un hecho un tanto doloroso en el día de la fecha y aun no puedo perdonar a aquella persona, entonces, ¿cómo podré decir “perdono a toda persona que me hizo un daño”, si realmente así no lo siento? Estoy tratando de perdonarlo para poder pronunciar el texto sin llegar a mentir…”

Ser conscientes que debemos llegar a algo, aunque no lo hemos logrado, es un gran paso. En cualquier esfera. “Se la verdad, pero estoy en camino” es sinónimo de voluntad, y eso es sumamente positivo. Tampoco quedarse en el molde, claro, ni creer que adquirimos las cosas en forma instantánea ya que, como reza el refrán, “lo que viene rápido se va más rápido”.

El camino que más nos une a nuestras raíces el cual nos permitirá activar medianamente la voluntad de cambio frente a estas circunstancias, es tomando conciencia que todo es manejado por un Poder Superior. Que nada ni nadie nos perjudicarían si anteriormente no está “aprobado” por Di-s. Claro que no siempre se pueden comprender los motivos de todo, ya que individuo-Creador no es una dupla compatible (en cierto sentido), ni nada de lo que Él entiende como “bien” para nosotros puede comprenderse de la misma manera, y viceversa.

Salvando las distancias, se puede decir alegóricamente que existe un “director de teatro” como así también, los “actores” del elenco. Aun siendo los “actores” los ejecutores de las maniobras, la proyección y dinámica de la “obra” está comandada por el director. Los “actores” son simplemente títeres. De modo similar, podemos decir que Hashem (Di-s) es el “comandante” de los actos y los terceros, son simplemente “actores” de Él, marionetas.

Ojo, es un tema extenso… No podríamos entrar mucho en detalle, pues hay demasiado para analizar… Uno podría llegar a pensar que no existe el libre albedrío y entonces todo lo que se pase por la mente lo ejecutará, ya que si así sucedió, es porque Hashem quiso que ocurra, pero no es así. El libre albedrío sí que existe y cada uno es responsable por sus actos… (me reservo el tema para tratarlo en otra oportunidad, bli neder).

Un último tema que me gustaría tratar es la tan afamada y esperada “redención”. Al terminar las conferencias, todo "buen rabino" dice: “… con la llegada del Mesías, pronto en nuestro días, amén”, o bien: “… con la pronta reconstrucción del Bet Hamikdash (Sagrado Templo), amén”. Se torna algo sumamente automático de exclamar, obligatorio de decir, pero… ¿realmente así lo sentimos?

El Jafetz Jaim ZZ”L solía decir que en la “Amidá” (texto de las oraciones) las personas suelen pedir muy enérgicamente por su sustento, por su curación y resolución de todo conflicto. Pero se olvida que solamente con la bendición de “Boné Ierushalaim” (que se reconstruya Jerusalem), se solucionan todos los problemas anteriores: de salud, de sustento… ¡de toda índole! ¡¿Por qué será que en esta última no se trata de concentrarse tanto, si es la respuesta a toda súplica?!

¿Dejaríamos todos nuestros bienes de nuestras tierras “natales” para dirigirnos a Israel? ¿Nos apartaríamos de nuestros hogares confortables y amoblados tan sencillamente? ¿Estamos realmente preparados para observar milagros de tal magnitud?

La lógica y la generalidad indican que muy pocas veces nosotros, los que estamos fuera de Israel, reflexionamos en alguna ocasión de todo lo que implica la llegada de la “Geulá” (redención final).

Claro que todo lo que es desconocido resulta “peligroso” y por lo tanto crea una inseguridad difícil de sortear. Siempre lo conocido otorga seguridad, firmeza, protección… pero tal vez ignoramos que nos deja siempre encasillados en el mismo lugar, sin oportunidad de salir a conocer el más allá, descubriendo nuevas cosas, nuevos caminos, nuevas metas…

Di-s está sin su Casa, sin el Sagrado Templo de Jerusalem. De nosotros depende que vuelva a su lugar de origen. Con voluntad, perseverancia y actitud podremos acercarla cuanto antes. Pero de verdad. Hagamos méritos.

sábado, 25 de julio de 2009

Cosas De Todos Los Días: “Un Vivo Bárbaro”



A veces parece que todo es tan injusto; que la vida es muy injusta. Queremos comprender todo. Pensamos que nuestro “intelecto” tiene el “derecho” y la “obligación” de entender racionalmente todos los acontecimientos que suceden.

Creer que terceras personas son “culpables” de nuestro sufrimientos, es una farsa, una mentira… Di-s es quien dictamina las situaciones y los enlaces de todo fin, El que Tiene la última Palabra. Es el botón que acciona la máquina, el martillo que golpea el clavo, el agua que germina a la semilla; la Omnipotencia en todo su esplendor.

Los valores que cada uno posee internamente, tienen su precio. A veces cuestan demasiado, otras se mantienen y tantas veces “devalúan”.

Considerarse un ser con valores internos significativos implica luchar por ellos manteniéndolos hasta las últimas consecuencias, sean cual sean sus riesgos. Ser perseverante para que sigan en pie, se torna un objetivo sumamente importante. Trascendental. Una puja que deberá ser cotidiana… a menos mientras estemos “vivos”…

“Vivos” no hace referencia a la propia vida en sí, a la que todos conocemos, a la de todos los días. Ser y mantenerse “vivo” hace alusión al sentimiento interior, a la conciencia congruente y completa de actuar basándose en lo que el organismo dicte. A ser lo que realmente queremos ser, y no a lo que quieren que seamos. A vivir la verdadera vida, la auténtica, la que vale la pena. La que no le teme a nadie ni a nadie mas que al propio remordimiento de no actuar como realmente lo siente.

No hay mejor manera de vivir la vida que acentuando los ideales, objetivos, pensamientos y sentimientos organísmicos, propios de la experiencia interna, facilitándolos a la conciencia para que se hagan efectivas en la realidad objetiva, desenmascarando lo cognitivo, lo abstracto.

Dejaremos de ser “vivos” no bien subyuguemos nuestro existir, sentir y pensar a sujetos explotadores y apáticos que nos privan cada día de nuestra libertad, que no valoran el vivir de los demás, construyendo con sus “sanos juicios” barreras que impiden la fraternidad y promulgan a viva voz los totalitarismos.

Aquellos nos quitan la calidad de personas transformándonos en lo que se les antoje, en su deseo más próximo a su conciencia, a lo que venga primero a su vista. En todas sus facetas nunca olvidarán la función esencial estilo “maniquí” o “marioneta”: acatar sus órdenes, sus caprichos, sus deducciones, sus maneras de hacer justicia… su “libre” manipulación.

¿Dejará algún día de existir la prepotencia que otorga el poder a los individuos que no saben darle su verdadero uso? ¿El canal del diálogo vencerá la batalla en tiempos de guerra sin fin? ¿Seremos conscientes algún día, de los males irreparables que provocamos cuando nuestra empatía se desactiva y el egocentrismo se hace presente? ¿Podremos poseer voluntad para –al menos- intentar comprender a un otro que vive, respira y se alimenta como nosotros?

Por mi parte doy fe que haré el esfuerzo. No caeré en las generalidades, desindividualizando a cada individuo. Todo sujeto será digno de confianza. Todo organismo deberá ser considerado, apreciado. Validado. A menos mientras me encuentre “vivo”…

martes, 21 de julio de 2009

¿Piensas Desistir De Intentar Algo?


La súper estrella del básquet, Michael Jordan, fue expulsado del equipo escolar.

Wiston Churchill repitió el sexto grado. Fue primer ministro de Inglaterra a los 62 años de edad, luego de una vida muy dura.

Albert Einstein no habló hasta los 4 años de edad y aprendió a leer a los 7. Su maestro lo calificó como “mentalmente lerdo”. Fue expulsado de la escuela y no lo admitieron luego en el Politécnico de Zurich.

Al rechazar a un grupo de rock inglés llamado “The Beatles”, un ejecutivo de Decca Recording Company dijo: “no nos gusta este grupo”.

Cuando Alexander Grham Bell inventó el teléfono en 1876, buscó quienes lo financiaran con el proyecto. El presidente Rutheford Hayes dijo: “es un invento extraordinario, pero ¿quién lo usará?”.

Thomas Edison hizo 2000 experiencias hasta inventar la lámpara. Un joven reportero le preguntó el por qué de tantos “fracasos”. Edison respondió: “no fracasé ni una sola vez. Inventé la lámpara. Ocurre que fue un proceso de 2000 pasos”.

A los 46 años, después de perder progresivamente la audición, el compositor alemán Ludwing Vann Beethoven quedó completamente sordo. Y así compuso buena parte de su obra, incluidas 3 sinfonías, en los 6 últimos años.

Por eso, no debemos pensar que nuestro tiempo pasó. Mientras aquí estemos, siempre habrá algo para aprender y mucho por hacer.

Publicación semanal "Or Mizrah" Nº382

lunes, 13 de julio de 2009

Mutuo Respaldo Cuando Educamos En Casa

Las controversias entre los padres, como entre todas las personas, son legítimas, inevitables y no se puede negar su existencia. Como en el resto de los temas del hogar, está “permitido” que los padres tengan diferencias también en la conducta a elegir con respecto a la ecuación de los hijos.

Sin embargo, a ambos les será muy difícil educar si una discusión de este tipo se desarrolla frente a los niños.
Cuando el padre castiga al niño y la madre lo cuestiona, oponiéndose abiertamente, ella refuerza, e incluso a veces introduce en el corazón del niño el sentimiento que fue víctima de una injusticia. Como consecuencia de esto, no sólo el castigo no será efectivo, sino que también sembrará las semillas de la rebeldía y la desobediencia.

Cuando la madre se niega a conceder un pedido a su hijo y el padre se convierte en su defensor frente a ella, más aún, cuando inicia una discusión por el tema frente al hijo, o con su conocimiento, esto alerta al niño, quien deduce que su madre está equivocada en su postura.

Está de más agregar que esto es contraproducente y afecta notablemente la disciplina del hogar. ¡El niño debe saber que el castigo que le fue aplicado será ejecutado y la palabra dicha no tiene retroceso! (salvo que descubra que el castigo impartido fue impartido equivocadamente, por un hecho no realizado o semejantes).

Además de esto, se puede crear una situación en la que el niño se dibuje para sí mismo una historieta en la que uno de los padres encarne a la persona “buena”, y el otro a la “mala”. Una visión de este tipo, lo impulsará a apegarse al “bueno” y a desarrollar sentimientos negativos hacia el “malo”, algo que dañará su educación y puede afectar también la relación de los padres, cuando uno de ellos sienta que el otro “le arrebata al hijo de sus brazos”.

Los padres necesitan saber que ellos deben evidenciar frente a sus hijos unidad en sus pensamientos y mutuo respaldo. Solamente la integración de ideas por parte de los padres le dará a sus opiniones el peso que tienen que tener.

[...]

Mi intención no es explayarme en esto, sino señalar, en el ámbito de la disciplina algo que comprobé no pocas veces: un padre que le enseña a su hijo a no escuchar al otro porque opina que no tiene razón, provoca que finalmente el niño desprecie a ambos.

El desprecio de un padre hacia su cónyuge es una de las cosas más destructivas, también para imponer disciplina en el hogar.

Conclusión: demuestren unidad de opiniones frente a los hijos.

Rab Aharon Fridman
(Semanario “Mahor HaShabat” Nº47)

martes, 7 de julio de 2009

Las Palabras No Se Las Lleva El Viento

"¡No sabés que bueno que está este libro acerca de Lashón Hará!" - comentaba Marina a Estela. "¿De veras?”, respondió – “¡Qué bueno, se lo voy a recomendar a Paula, a Anastasia y a Raquel que les va a venir muy bien leerlos!".

"Recuerda aquello que sentenció Di-s sobre Miriam en el camino de vuestra salida de Egipto".

Este artículo es para gente honesta, recta, moral y ética (valga la redundancia). Pocos son los que pueden afirmar que pertenecen a este grupo selecto, a pesar de que en principio todos adherimos a la idea de que quisiéramos vivir en un mundo en el que reine la decencia y la honra y todas las virtudes que acabamos de enumerar. Realmente no es fácil ser una persona auténticamente moral. Más aun, en nuestra sociedad, tan acostumbrada a ser guiada por los medios sensacionalistas, en los cuales - en contra de lo que dictamina la Torá (y también la ley oficial de muchos países) - una persona es inocente hasta ser demostrada su culpabilidad, en el periodismo común y vulgar, se insinúa la infracción del sujeto en cuestión como si fuera ya una realidad cuando puede ser una mera sospecha. Y, como sabemos por experiencia propia, una vez que nos entregamos a pensar en forma negativa sobre una persona, difícilmente se revierta nuestro parecer personal acerca de la víctima, aun sabiendo que el juicio anterior respondía a una mera especulación. De ese modo, se convierte cada vez más difícil mantener una postura objetiva y prudente en el sentir acerca del accionar del prójimo.

La calumnia y la maledicencia en realidad están condenadas en todos los sistemas éticos que conocemos, pero nuestra Torá pone especial énfasis en lo grave del acto y en lo peligroso de las posibles consecuencias. A tal fin, un rabino conocido como el Jafetz Jaim, que se hizo famoso por su libro, se dedicó a recopilar las leyes que hacen al sano hablar.

Las leyes de lo que no se debe decir por pertenecer a la intimidad del semejante ("Rejilut"), por habladuría de sus aspectos negativos ("Lashón Hará") y por difamación ("Motzí Shem Rá") son cuantiosas y sumamente complejas para quien quiere obedecerlas como corresponde. Sin un estudio minucioso acerca del tema, es imposible dejar de trasgredirlas a diario.

Usted preguntará: "¿por qué?". La realidad humana es que imperiosamente vivimos en una sociedad que nos contiene y, de ese modo, interactuamos con personas que son de nuestro agrado, y otras que no lo son, con amigos, adversarios y competidores. En este escenario es imposible no hablar. Las circunstancias de la vida son numerosas y emitimos nuestra opinión, a veces para nosotros mismos y, en otras oportunidades, en voz alta. Todo esto, sin mencionar cuando maliciosamente, o con el justificativo de que nos han agredido, difundimos una información mordaz sobre otro ser humano.

Las situaciones son muchas, como ya dijimos. En particular es así, dado que el mismo versículo de la Torá que prohíbe el chisme, obliga al judío a velar por el bienestar del prójimo ante cualquier menoscabo o pérdida que le pudiera ocurrir. Esto lo puede colocar en una situación de difícil determinación.

¿Qué haría Ud., por ejemplo, si un conocido suyo compró un auto usado y Ud. considera que lo abonó por un valor mayor al precio real? ¿...y si aún no lo adquirió? ¿Si está por asociarse con una persona que hasta el momento no fue exitosa en sus emprendimientos comerciales? ¿...o si Ud. escuchó rumores de terceros (que no debiera haberle prestado atención desde un principio, pero ahora "lo sabe") acerca de su honra? ¿...y si el individuo con quien esa persona se está por asociar lo estafó a Ud. (y Ud. aún no lo ha perdonado)?

¿Y si la persona a quien Ud. quiere socorrer del probable perjuicio piensa que lo que Ud. le relata no justifica un corte con el individuo comprometido, hasta qué punto debe insistir para protegerlo?

En otro orden de cosas: ¿Qué hacer cuando un conocido suyo está considerando contraer matrimonio con alguien que es físicamente frágil, padeció o está sobrellevando cierta enfermedad o tiene parientes que sufren de cierta alguna dolencia que puede llegar a ser crónica? ¿...y si no se tratara de una carencia de idoneidad del candidato/a mismo, sino de alguna condición de los padres?

La lista de coyunturas posibles es muy amplia. Ud. puede creer que posee la facultad para resolver todas las circunstancias con su sentido común. Sin embargo, si no se interiorizó con las leyes del Jafetz Jaim, lo más probable es que se equivoque. En la ley judía se toman en cuenta la intención de quien relata, las opciones de resguardar a la hipotética víctima del supuesto daño sin la necesidad de relatar la información peyorativa, la objetividad del relato, la probabilidad que la afirmación realmente sea de utilidad y la posibilidad de que la revelación cause más daño que lo que está intentando auxiliar. Asimismo, en la ley judía, la infracción no se limita a quien expone la información, sino que incluye aun a quien la escucha y la acepta como verdad.

Hablar no cuesta. Aún no se ha implementado el peaje en la boca. Dado que es gratis, la mayoría de los seres humanos no controlan lo que sale de ella. Los judíos tenemos leyes rigurosas acerca de lo que debe entrar en nuestra boca. Lo que emite la misma boca, no es menos severo. Y es precisamente por el hecho que la boca permite al ser humano acercarse a Di-s (mediante las plegarias y el estudio de la Torá) y unir a los seres humanos (a través de la calidez de la palabra), que ese mismo potencial se puede llegar a emplear en forma tan perjudicial.

Es interesante precisar que la ley de "Lashón Hará" incluye situaciones en las cuales el maestro invita o exhorta a sus alumnos a delatar a compañeros que tuvieron alguna conducta no apropiada (esto está legislado en Igrot Moshé, Ioré Deá II, cap. 103, como una situación perversa). A su vez, los docentes no deben relatar entre ellos situaciones de aula lesivas con los nombres de los alumnos involucrados, ni los padres deben relatar historias personales de sus hijos.

En Parshat "Behaálotjá" aprendemos acerca del incidente que ocurrió cuando Miriam, hermana de Moshé conversó con su otro hermano Aharón, referente a que Moshé vivía apartado de su esposa Tziporá para estar permanentemente dispuesto a escuchar la palabra de D"s. Siendo ellos mismos profetas, Aharón y Miriam, y al no haber recibido una orden de tal índole por parte de Di-s, Miriam quería corregir lo que entendía que era injusto hacia Tziporá. Di-s no aprobó su actitud y Miriam sufrió de Tzara'at (una "lepra" ritual), durante siete días (Miriam no sabía que, dado el calibre superior de la profecía de Moshé frente a los demás profetas, su situación era distinta por orden Di-vina). Si uno considera que Miriam tuvo motivos fundados, que era la hermana mayor de Moshé y que en su niñez lo había protegido durante el decreto infanticida del Faraón, seguramente ella podía sentirse con pleno derecho a opinar acerca de la manera de conducirse de Moshé. Lo que la Torá nos enseña en esta historia, es que todos los pretextos y descargos que imaginamos, en el momento de la verdad son tan sólo eso: excusas infructuosas.

Nuestra plegaria diaria de la Amidá termina con el pedido de "paz", sin el cual todo lo que acabamos de solicitar sería inútil. La paz, la armonía y la tranquilidad son verdaderamente un obsequio Di-vino. Mas no debemos, ni sería honesto por parte nuestra, invocar a Di-s en este aspecto, si no estamos dispuestos a colaborar con nuestro aporte para que esa paz se materialice. Un buen comienzo en este orden sería respetar unos minutos prefijados todos los días en los cuales dominemos nuestra lengua y traeremos algo de paz al mundo.

¿Necesita pretextos ilegítimos para chusmear? Aquí le vamos a dar algunos. Recuerde únicamente que son simples pretextos como dijimos. Nada más. Para que la vez que viene que se le ocurran, se acuerde...

"Es verdad"
"En realidad lo que dije sobre él no es realmente MALO"
"Yo también estuve metido en la cosa"
"Todos lo saben"
"Hasta se lo diría en la cara"
"Lo dije en broma"
"Igual nunca se va a enterar"
"No me hubiese molestado si lo hubiesen dicho de mí"
"No le va a molestar, porque somos amigos"
(Extraído de "Guard your tongue")

Aparte de esto, cuántos son los que se escudan cuando relatan temas personales acerca de sus hijos. Seguramente, si hubiese sido otro el que hubiera dicho algo menos que perfecto sobre mi hijo, no habría justificación aceptable por el resto de sus días. Pero... "Es MI hijo..." (¿somos realmente dueños de nuestros hijos?)
¡Recordemos! Somos amos de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras.

Rabino Daniel Oppenheimer

martes, 30 de junio de 2009

Una Íntegra Purificación

Una tarde, el Rab Israel Salanter ingresó junto al Rab Modejai Meltzer a una pequeña sinagoga para recitar el rezo de la tarde (Minjá).
Previo a las oraciones, se dirigieron los dos eruditos a lavarse las manos para purificarse las mismas (“Netilat Iadaim”).

En cuanto el Rab Israel higienizó sus manos, apenas las mojó. El Rab Mordejai, que se encontraba a su lado, le preguntó por qué había procedido de aquella manera inusual, no cumpliendo el ritual de la mejor forma (con más cantidad de agua).

“En este pequeño templo no son comunes los invitados; cuentan generalmente con la misma cantidad de oficiantes. El encargado del lugar seguramente trae siempre la misma cantidad de agua para que todos puedan hacer “Netilat Iadaim” (purificado de manos). Si hubiera lavado mis manos con mucho agua, temo que no alcanzara para el resto de las personas, causando que el encargado tenga que molestarse nuevamente para traer más cantidad, o que una persona le reprendiera por la falta de agua…”

Extraído de "Hamaor" Nº6, Organización "Kol Simjá"

martes, 23 de junio de 2009

El Más Delicado Manjar

Se cuenta que Rabí Israel Salanter en una oportunidad fue invitado por uno de sus alumnos a la cena de Shabat. El Rab le dijo que él no acostumbraba a aceptar este tipo de invitaciones, antes de averiguar el tipo de costumbres de la casa a donde iría.

El alumno comenzó a detallarle: “mi casa es como todas las de un judío observante que cuida las Halajot (leyes). La carne se la compro al carnicero fulano, conocido como el más estricto en Kashrut. La cocina sólo la maneja una mujer íntegra y recatada, viuda de un reconocido sabio y de excelente familia. Aparte, mi esposa vigila todos los comestibles que entran y salen en la casa, y todo su proceso hasta que son consumidos por cada uno de mi familia”.

“En la noche de Shabat nosotros preparamos una cena que tratamos de que sea la más bella y honorable. Entre cada plato que se sirve, nos ponemos a conversar palabras de Torá para dar más realce espiritual a la mesa. En el transcurso de la cena tenemos una clase fija de "Shulján Aruj" (Código de Leyes Judías), acompañada de armónicas canciones de Shabat. Y así se extiende nuestra sobremesa hasta avanzadas horas de la noche”.

Rabí Israel, luego de escucharlo, aceptó su invitación, pero con una condición: que la cena tenga una duración máxima de dos horas. Sin otra alternativa, el alumno se comprometió a cumplir dicha condición, y aquella noche de Shabat tuvo a Rabí Israel sentado en su mesa.

Se apresuraron, como habían quedado; quitaron los platos más rápido que otras veces, sin demorar hicieron "Maim Ajaronim" (lavado de dedos previo a la bendición posterior a la comida) y se dispusieron a decir "Bircat Hamazón" (bendición posterior a la comida).

Antes de comenzar, el alumno se animó y le preguntó al Rab:
“Perdón que pregunto pero... ¿cuál fue el motivo de su pedido?, ¿acaso existió algún defecto en mi mesa?”.

Dicha pregunta no obtuvo respuesta. En lugar de ello, pidió llamar a la cocinera viuda. Cuando la tuvo frente a él, le dijo:

“Discúlpeme, señora, por haberla molestado esta noche, y por mi causa tuvo que preparar apresurada los platos para que fuesen servidos más rápido que de costumbre”.

“¡Reciba usted todas las bendiciones del cielo, Rabino!”, exclamó la señora. “Ojalá sea usted invitado cada Shabat a esta casa. El señor alarga tanto la cena, a veces, que termino rendida, con los pies que apenas puedo levantar. Gracias a usted, hoy me podré ir más temprano a descansar a mi casa”.

Rabí Israel Salanter se volvió a su alumno y le dijo:
“¿Ya ves? Con lo que dijo esta pobre mujer habrás encontrado la explicación a tu duda. Realmente, todo lo que tú haces en la noche de Shabat merece los mejores elogios. Siempre y cuando no se apoye en la molestia de los demás”.

Extraído del "Lekaj Tov"

martes, 16 de junio de 2009

Una Felicidad De Piedra


Había una vez un picapedrero que se ganaba la vida picando piedras de las montañas.
Era un trabajo muy duro tanto desde el punto de vista físico como espiritual. Muy a menudo nuestro protagonista lamentaba su triste destino y se preguntaba: "¿por qué algunas personas son tan ricas y poderosas mientras yo tengo que romper mis huesos a diario desde el amanecer hasta el anochecer para lograr traer apenas el pan sobre mi mesa?".

Un día el hombre estaba sumido en sus pensamientos cuando de pronto escuchó un ruido muy fuerte que provenía de lejos. Para averiguar la fuente de tanto barullo, trepó a la cima de la montaña y alcanzó a ver una caravana de gente que se aproximaba.

El rey estaba paseando por la ciudad y cientos de personas se juntaron hacia ambos lados del camino gritando: "¡¡Bravo!!", mientras le arrojaban flores al monarca.
"¡Qué fabuloso sería ser tan grande y poderoso como este rey!, ¡deseo ser como él!", pensó el picapedrero.
Ignoraba nuestro personaje, que ese día era el día de gracia, el día en que cualquier deseo podía transformarse en realidad simplemente con pronunciarlo.
De pronto, el antiguo picapedrero se convirtió en soberano de la ciudad. Percibió un gran poder y riqueza, lo cual lo enorgullecía sobre manera: "¡qué maravilloso se siente poseer un mando absoluto!".

Al poco tiempo, nuestro ex picapedrero convertido actualmente en gobernante, comenzó a sentirse incómodo. El Sol brillaba y sus ropas reales de gala lo acaloraban demasiado.
Se preguntó entonces: "¡qué significa todo esto? Si soy el más poderoso nada debería afectarme... si el Sol puede humillarme de esta manera, quiere decir que él es más poderoso que yo... ¡Deseo ser Sol!". Y inmediato se convirtió en el Sol.

Sentía mucho poder; autoridad absoluta; fuente de increíble energía. Podía emitir luz y calor si así lo deseaba, a todo y a todos los seres de la faz de la Tierra. Por él pasaba la decisión de emanar calor y bienestar, como así también fuegos destructivos; "desastres naturales".
"Soy realmente el más poderoso", se dijo hacia sus adentros.

Mas de pronto se sintió frustrado... una gigante nube se colocó frente a él y tapó sus rayos...
"No puede ser... quiere decir que la nube es más poderosa... ¡quiero ser lo más!, ¡quiero ser una nube!".

Transformado en nube se sintió omnipotente. Arrojaba torrentes de lluvia cuando se le antojaba, y hasta lograba opacar al "poderoso" Sol. Pero poco tiempo duró su felicidad ya que un viento fuerte y súbito descolocó a la nube y la barrió... "¡Entonces deseo ser el viento!", y en él se convirtió.

Como viento rugía sobre los océanos y mares, levantaba inmensas olas... al pasar por los bosques derribaba árboles... Pensó para sí: "¡ahora sí que soy el más poderoso!".
De pronto se topó con una montaña... ella le impidió el paso... hizo que se abstenga de hacer sus "travesuras". "Ah, no... ¡la montaña es más fuerte que yo!, ¡deseo ser montaña!"

Altiva y majestuosa la montaña se encontraba erguida. Su cima sobrepasaba las nubes.
"¡Qué formidable! Ahora sí, ni el viento ni el Sol ni las nubes. Soy el más poderoso".

Mientras se regocijaba, sintió en lo profundo de sus entrañas un dolor muy agudo...
Observó a un picapedrero que con su pico estaba picando en pedacitos su "flamante cuerpo".
"¡Si existe alguien capaz de desintegrarme, deseo ser esa persona YA MISMO!".
Su deseo fue otorgado, convirtiéndose nuevamente en su esencia: un picapiedrero.

Muchas veces pensamos que la felicidad está en aquello que nos falta o que puede tener otra persona. La realidad es que no debemos buscar muy lejos para ser felices. Basta con mirar lo que somos y lo que poseemos para entender que la verdadera felicidad es aquella que podemos apreciar y agradecer disfrutando lo que el Todopoderoso nos dio, nos da y nos dará... La felicidad está dentro nuestro.

Extraído de "Hamaor" Nº18, Organización "Kol Simjá" (parábola del Maguid de Dubna)

viernes, 12 de junio de 2009

Las Lágrimas De Una Mujer Judía


Rabí Moshé Leib Sassover era conocido por el tremendo amor que expresaba por cada semejante.

Un día una mujer apareció en su puerta. En cuanto fue admitida, comenzó a llorar terriblemente. "Rab, déme una bendición para mi hija que está muy enferma".
Rabí Moshé respondió: "Que Di-s le envíe una recuperación completa y rápida".

Pero la amargada madre dijo: "No, Rab. Debe jurarme por su porción en el Mundo Venidero que Di-s curará a mi hija". Sin dudar, le contestó: "Juro por mi porción en el Mundo Venidero que Di-s la curará y se recuperará". La mujer agradeció enormemente las palabras del gran erudito.

Los estudiantes de Rabí Moshé presentes, estaban pasmados. "Rab, ¿cómo pudo hacer semejante promesa? La muchacha se encuentra muy enferma y es posible que no sobreviva".
"¿Qué más podía hacer?, contestó el Rab. "Las lágrimas de una madre son más preciosas para mí que el Mundo por Venir. Si mi juramento sirvió -por lo menos- para detener el llanto, tiene más valor para mí, aun cuando me cueste mi porción en el Mundo Venidero".

Extraído de "La Enseñanza Semanal" Nº 771.

martes, 9 de junio de 2009

La Verdadera Providencia Divina


“Vengo en busca del “Guet”. Quiero divorciar a mi mujer y punto. No haga esfuerzos, querido Rabino, no me va a convencer”, se lo escuchaba decir al señor Meir apuntando su mirada hacia el Rab Maslatón. Muy firme con su decisión, muy sólido en su postura y a simple vista no existía forma alguna de hacerlo cambiar de parecer.

“Está bien, si eso es lo que quiere”, le contestó el Rab, y siguió: “venga mañana mismo en la mañana a mi oficina y haremos el “Guet” juntos”.

Ni bien se retiró Meir del despacho, el Rab se dirigió a su asistente y le dijo: “mañana en la mañana, cuando Meir regrese aquí para hacer el “Guet”, acércate a mí y susúrrame algo en el oído. Yo te gritaré a ti desenfrenadamente tratándote como un descarado”.

El secretario no entendía el por qué de todo esto, pero si el Rab se lo había solicitado, pues, así debía conducirse.

Al día siguiente, tal cual habían pactado, Meir se dirigió a la dependencia del Rab. “Vengo por lo de ayer”, dijo. “Muy bien, llamaré al “Sofer” para que comencemos con la escritura del “Guet”, contestó el gran erudito.

Cuando se encontraban en la mitad de la redacción, el colaborador del Rab se le acercó y le susurró algo en el oído. “Descarado, ¡no tienes vergüenza!, ¡cómo se te ocurre!, ¡retírate de aquí antes que me enoje aun más!”, vociferó el Rabino.

Luego que el asistente se retiró de la sala, Meir le comunicó al Rab: “perdone que me intrometa, Rab, pero ¿qué es lo que sucedió con aquel sujeto?, ¿por qué le gritó tanto?, ¿qué le dijo en el oído?”. “Ah, tú no sabes lo que me acaba de decir… no tienes idea…”, contestó el Rab, y continuó: “él me dijo que me apresurara en hacer tu divorcio ya que, ¡deseaba casarse con tu mujer cuanto antes!”.

“¿Cómo?, ¿con MI mujer?, ¿¡cómo se atreve?!, ¡ella es MI mujer! ¡Ahora no me divorcio nada!, ¿¡cómo me va a quitar a MI esposa?!”, respondió Meir, encolerizado.
Luego de aquello el Rab los bendijo a él y a su esposa con mucha prosperidad y éxito.

Fue muy inteligente en bendecirlo a posteriori del reconocimiento por parte del marido hacia su esposa. El Rab podía haberlo hecho antes, ni bien Meir se presentó en su despacho en la primera oportunidad, mas bien el Rab esperó a que primeramente valore lo que tiene y luego sí, sea digno de bendición.

Si no valoramos lo que tenemos, por más bendiciones que recibamos, siempre nos sentiremos insatisfechos.

Esta es la sabiduría de nuestros sabios…

Más allá de lo jocosa que resulte esta historia (que no por ello es falsa), tal vez podríamos detenernos y pensar qué pasa con nosotros mismos. ¿Valoramos lo que tenemos?, ¿le damos verdadera importancia a nuestros “tesoros”? ¿O bien, necesitamos llegar a perderlos primero para darles la importancia que se merecen realmente?

Tal vez estemos acostumbrados a pedirle a Di-s cuando las cosas andan mal, pero ¿qué sucede cuando todo está en orden, a la perfección?, ¿le agradecemos por aquellas satisfacciones, o bien, pensamos que “nuestra fuerza e inteligencia” son las que hicieron de nuestros emprendimientos un éxito asegurado?

“Hashem, por favor, ayúdame a encontrar un lugar para estacionar mi automóvil”, rezó Moti, desesperado por encontrar un sitio en donde detener su vehículo.
Luego de unos minutos, finalmente el sitio disponible apareció.
“Deja, Hashem, no hace falta… ya lo encontré…”

Frecuentamos observar personas que rezan con toda devoción cuando una situación de emergencia los acoge. Ya sea una operación complicada, la peligrosa salud de algún familiar cercano, la búsqueda de trabajo, etc. Mas difícil es observar este mismo entusiasmo cuando se trata de un agradecimiento. Tal vez sí exista, pero solemos olvidarlo rápidamente. Como algo del pasado, archivado en el olvido.

Javier se dirigió al Templo “Keter David” y observó que se celebraba una fiesta. “Sucede que este sujeto tuvo un accidente muy importante. Estaba caminando por la calle, vino un autobús y lo atropelló de manera trágica. Este banquete es para agradecerle a Di-s por haberlo sanado”, le contestaron cuando preguntó el motivo del acontecimiento.

Otro día se dirigió a la misma sinagoga, y también se consagraba una velada. “¿Qué se festeja hoy?”, interrogó al mismísimo ejecutor de aquel ceremonia. “Yo particularmente estoy celebrando que hace cuarenta (40) años cruzo por la misma calle y nunca me atropelló un autobús”.

Como decíamos, es más fácil aferrarse y creer en un Di-s al cual suplicarle en los momentos de apremio cuando nos encontramos en situaciones que no tenemos manera de salir por “nuestros propios medios”. Una especie de “amuleto” al cual nos apegamos. De todas maneras no “perdemos nada” suplicándole; la “ley del último recurso”…

En realidad, debemos ser concientes que si no fuese por la ayuda Divina, nunca podríamos realizar cualquier o tal cosa. Cada movimiento, cada paso, cada respiración, palpitación, todos son milagros constantes. No hace falta que veamos como se parte el Mar Rojo, o como cae el Maná del cielo. Mirándonos bien a nosotros mismos, internamente, sabremos que no somos sino “maravillas Divinas”.

Siempre existe aquella Providencia Celestial. Sucede que es el deseo de Di-s que todos los milagros cotidianos se lleven de una manera aparentemente “lógica”, para que tengan lugar explicaciones racionales, hasta científicas, y obviamente alejadas de la creencia de la Existencia de Un Di-s, de Un Poder Divino, Supremo.

Es que si todo sería claro y “La Mano de Di-s” palpable a los ojos de todos, abiertamente, no existiría el libre albedrío y por ende, Hashem no podría contribuir a aquellas personas que optan por el bien.

Henry se encontraba encerrado en su oficina en un rascacielos famoso de Manhattan. Quedó muy inmerso en su trabajo y olvidó que el edificio se había cerrado. Se encontraba solo en todo el complejo. Las líneas telefónicas y cibernéticas no funcionaban, tampoco podía gritar ya que se encontraba en el piso sesenta (60), no lo escucharían. No tenía manera de comunicarse con alguien que lo pueda rescatar de allí.
“Tengo una idea”, dijo para sus adentros.

Henry arrojó billetes de diez (10), veinte (20), cincuenta (50) y hasta cien (100) dólares por las ventanas, pensando que las personas que los agarraban mirarían hacia arriba, percibiendo la presencia de él, encerrado en el rascacielos.

Mas eso no sucedió...

La gente tomaba los billetes, se los veía muy felices, contentos, pero seguían camino. No observaban de dónde provenía.

Henry decidió cambió de táctica. Ahora en vez de billetes, lanzaba piedras. En esta oportunidad sí, Henry se dio cuenta que tuvo la mejor idea: los transeúntes, enojados, miraban hacia arriba para saber quién había sido el “descarado” que arrojaba las piedras…

Cotidianamente tenemos muchos tipos de “lanzamientos Celestiales”: tenemos los “billetes”, los momentos felices, prósperos, exitosos; y los momentos de “piedras”, problemas de salud, psicológicos, dificultades laborales. Todos son enviados por Hashem. Todos nos llegan para que, al menos de esta manera, reconozcamos a un Ser Todopoderoso. Está en nosotros reconocer a Di-s por una manera u otra. La elección está en nuestras manos.

Y tú, querido lector, ¿cuál elegirás?

viernes, 5 de junio de 2009

Carta Del Último Judío

Bs. As. 1-1-2100

Querido lector:

¡Feliz año nuevo 2100! ¿Quien escribe? Mi nombre no es importante, mi identidad sí lo es. Soy el último judío. Estoy en exhibición en el museo de Historia y Antropología de Buenos Aires. El último judío. La gente pasa, me mira, goza y sigue su paseo. En las paredes me adornan las reliquias de la cultura judía: un Sefer Torá, una bandeja de Pesaj, un Shofar, etc. Cada día me pregunto como fue que tantos millones de judíos que sobrevivieron por más de 3400 años superando todo tipo de adversidades finalmente pudieron desaparecer... (suspiro)

Recuerdo cuando era chico que mi anciano abuelo me contaba sobre las colonias judías a principio del siglo XX llenas de inmigrantes. Casi medio millón de personas había en Argentina únicamente. Sobre las entidades y organizaciones como AMIA, DAIA, MACCABI, etc. Todo esto se ha desvanecido, desapareció, tanto aquí como en el resto de la diáspora. Intento analizar las razones, estudiar los eventos para encontrar los motivos de semejante destrucción. Tal vez fueron los cambios culturales, problemas de comunicación entre padres e hijos, la globalización...

La verdad es que antes de esto comunidades enteras ya habían dejado de asistir a la sinagoga ya que no entendían ni sabían leer hebreo. Muy de vez en cuando había algún Bar Mitzvá en fonética. Las fiestas se olvidaron al igual que nuestro calendario. Dejaron de enviar a los hijos a escuelas donde había una educación realmente judía. Las mujeres dejaron de encender las velas de Shabat y cambiaron la cena familiar por el shopping o el cine. Los hijos a la cancha y después a la disco. Mi abuelo decía, sin embargo, que eran buenos judíos, judíos de corazón. Los rituales comenzaron a desconocerse, a olvidarse y a no tener sentido. Algunos hasta se burlaban del tefilín, la kipá, o el talit. Solo el Maguén David seguía colgado al cuello. Nadie estudiaba la Torá, consecuentemente quedaron ignorantes de lo realmente nuestro.
Se decretó que judío sin carrera universitaria era como cuerpo sin alma. Deportistas, músicos y actores eran admirados, los grandes rabinos de barba y sombrero despreciados. Picnic en Iom Kipur, comida Kasher los padres no compraron y los jóvenes novias gentiles encontraron…

Una vez me preguntó la maestra de inglés si era judío. No contesté. Me preguntó de nuevo. Le dije que no importaba. "¿¡Sos o no sos?!". Bajé la vista y susurré: “y bueno qué se le va a hacer...” Por un lado era igual a todos, por el otro, por más que lo intentara, no iba a poder serlo jamás.
Los judíos dejaron de concurrir al templo e instituciones hasta que se cerraron todas. Casas sin Mezuzá y mesas sin Jalá. Los grandes prestaban dinero con intereses y los chicos tatuaban sus brazos. Dejaron de enterrar a sus muertos en el cementerio judío, optaban en cambio por el Parque. El Brit Milá a los niños lo realizaban los médicos, al igual que los abortos a las adolescentes. Cuántas cosas. Más de las que pensaba.

Prefiero no seguir.

Entonces llegó el último suspiro. Esto fue hace unos 50 años. Di-s se cansó de nuestra rebeldía. Estados Unidos cortó relación con Israel. Los países árabes se unieron y atacaron. Con dos bombas letales diez millones de israelíes fueron borrados de la faz de la tierra. Cuando esta amarga noticia se dio a conocer, los pocos judíos argentinos que quedaban exclamaron con apatía: “¡Qué mal cheee! Te dije que era peligroso viajar…” Sin embargo, más de 170 años antes se mataron en Europa seis millones de judíos. Y hace unos 130 acá en la Capital Federal sucedieron dos crueles atentados; el de la Embajada de Israel y el de la AMIA. Mi abuelo me contó que aquellos judíos juraron que no iban a olvidar. ¿Que pasó? ¿Acaso el único que se acuerda soy yo? Cuando el judío perdió su orgullo, su historia, su razón de existir perdió todo. Yo soy el último judío, creo. En poco tiempo yo también me uniré a los demás en el cielo y hasta en el museo no quedará ni uno. ¿Que pasó con mi familia? ¿Si tengo hijos? Sí, dos: María Pía y Christian. Sus nombres lo dicen todo...

Termino estas amargas líneas con lágrimas en los ojos por que ahora entiendo. Siento impotencia de no haber hecho antes, hoy ya es demasiado tarde. Si pudiera volver decenas de años atrás gritaría: “El Judío es Diferente! No despreciemos el regalo que D-os nos dio.” Lo que ningún imperio y nación pudieron hacernos, nosotros con nuestra indiferencia lo hicimos. Asimilación. Auto-exterminio. Aunque no me creas Di-s te pido perdón en mi nombre, en el de mi familia y en nombre de todo el pueblo de Israel, tu pueblo, por haberte abandonado...

Firma: El Último Judío

Si todavía sientes algo por tu judaísmo y quieres que esta carta nunca se escriba, explora y vuelve a tus raíces. Descubre que es lo que la Torá tiene para ofrecerte inclusive en nuestros días. Estudia la sabiduría de Di-s y encontrarás la felicidad y alegría verdadera que estás buscando. Vive una vida más espiritual y cumple las mitzvot y de a poco taparás los vacíos de tu alma judía. Si quieres envía esta carta a tus amigos judíos, tal vez ellos también reflexionen. Y por sobre todas las cosas toma responsabilidad sobre tu esencia para no cortar esta cadena ininterrumpida por más de 150 generaciones.

POR CONSULTAS Y COMENTARIOS ESCRIBIR A:

RAB ISRAEL GOLOCOVSKY

AISH HATORA Jerusalem – Israel

toldot@yahoo.com

martes, 2 de junio de 2009

El Abrigo De Rabí Shmelke


Era una noche tormentosa; afuera llovía. Y adentro... ¡también llovía!
Cuando de pronto... "Toc, toc, toc". Rabía Shmelke abrió la puerta y vio a un hombre pobre titiritando, el cual le solicitó un lugar para pasar la noche.

Lo hizo pasar y le dio hasta su propia cama, mientras el Rab pernoctó en uno de los rincones. Antes de conciliar el sueño, observó al pobre hombre que ya estaba dormido y notó que sus ropas se encontraban más desgastadas que las de él, lo que era mucho que decir. No lo dudó: el Rab Shmelke se quitó su saco, que era lo más valioso que tenía, y lo cubrió, logrando así, proveerle un poco más de calor.

A la mañana siguiente, se despertó Rabí Shmelke y fue directamente a ver al pobre huésped, para saber cómo estaba. Cuán grande fue su sorpresa al comprobar que la cama estaba vacía y observar a través de su ventana que el flamante invitado estaba corriendo por la calle... ¡con su saco puesto!

Rabí Shmelke salió detrás de él. Al percibir el pobre que el dueño del saco estaba tras él, apuró más aun su marcha.
A duras penas, el Rab pudo alcanzarlo y el arrebatador del saco comenzó a llorar solicitándole disculpas.
Se quitó el saco y, mientras se lo entregaba, le decía que se sentía muy avergonzado por sus actos. "No, no, ¡de ninguna manera! No he venido a pedirte que me regreses el saco... ¡al contrario! Quiero que sepas que, para que no incurras en el pecado de robo, te lo regalo de todo corazón... ¡que lo disfrutes!".

Dicho esto, se alejó de allí como había llegado ante la mirada atónita del ex huésped.

Extraído de Newsletter Mensual de Light For Life - Organización "Or LaJaim".

miércoles, 27 de mayo de 2009

Shavuot: “Preparados, Listos…”¿Preparados?

Todo acontecimiento importante requiere de una preparación precedente.

Una manera de demostrar la trascendencia sublime de una fiesta es justamente con la previa de la misma: las mejores vestimentas, el maquillaje perfecto, el perfume de “marca”. Ningún detalle “puede” perderse de vista. Cuantas menos imperfecciones se plasmaron en la realidad, significa (no siempre…) que más recaudo y delicadeza se tomaron con anterioridad. Más dedicación.

Así como no todas las preparaciones son iguales y con la misma dedicación, tampoco todos nos preparamos de la misma manera y obtenemos los mismos frutos de aquel esmero.
En la fiesta de Shavuot conmemoramos el día (6 de Sivan en el calendario hebreo) en el que el pueblo de Israel recibió la Torá. Ese tan preciado legado que aun mantenemos vivo -casi por milagro- luego de sufrir tantas persecuciones a lo largo de la historia.

La palabra “Shavuot” deriva del vocablo “Shevuá”, que en hebreo significa: “juramento”.

Bien sabemos que cuando el pueblo de Israel se encontraba a los pies del Monte Sinai, aceptaron conjuntamente las leyes de la Torá exclamando al unísono: Todo lo que diga Hashem “Nahasé BeNishmá” (haremos y escucharemos), confiando íntegramente en la palabra de Di-s y en todo lo que ello implicara (Éxodo 19:8).

El Talmud en el tratado de Shabat (146 a) nos enseña que todas las almas del pueblo de Israel, tanto las que ya estaban formadas como las que iban a formarse en el transcurso de los años (es decir, todos nosotros), estuvieron en el Monte Sinai.

Nos agrega el Talmud en el tratado de Shevuot (39 a): “y todas las almas (aún los futuros conversos al judaísmo) dijeron haremos y escucharemos, jurando cumplir de manera íntegra la Torá, tanto la escrita como la oral”.

En otras palabras podemos decir que todo judío, ya sea antiguo, prehistórico, primitivo o actual estuvo en aquel sublime momento y se subyugó en su totalidad a Di-s por decisión propia.
Claro que en aquel entonces también existió una preparación para aquel suceso, tal como dice el versículo: “Y le dijo Hashem a Moshé: Ve al pueblo y santifícalos hoy y mañana, y que laven sus vestidos” (Éxodo 19:10).

Es que se torna imposible afrontar un compromiso nuevo sin antes haberse preparado de la manera adecuada. No esmerarse por hacer algún tipo de preparación, demuestra implícitamente (o no tanto…) la falta de motivación que existió en aquel contrato. El desgano por aquel objetivo.
Porque de todas formas somos responsables por lo que aceptamos. Y ello implica hacernos cargo de aquellas decisiones.

En la fiesta de Shavot, el Rab Wolve (autor del libro “Alé Shur”) acostumbraba a decir: “Gmar Jatimá Tová” (que tengas una finalización de sello bueno –en el juicio-). Todos se quedaban atónitos al escuchar sus palabras, ya que estas mismas son tradicionales de pronunciar únicamente en Rosh Hashaná (Año Nuevo) y/o Iom Kipur (Día del Perdón), que es cuando se sella todo lo que sucederá con las personas en el año entrante.

El Rab contestaba: “así como en Rosh Hashaná se juzga a las personas por todo lo que hicieron en el año anterior, y a su vez, se dictamina todo lo que vendrá en el año siguiente, así también en Shavuot, Hashem determina cuánta Torá en el año la persona adquirirá. Por eso yo acostumbro a decir “Gmar Jatimá Tová”.

¿Cómo podemos prepararnos para recibir nuevamente la Torá?, ¿por dónde comenzar?, ¿cuál es el secreto?

No daré recetas mágicas porque la realidad es que no las existen. Pienso que más bien todo depende de cada uno y en qué situación personal se encuentre. Generalizar no estaría bien, ya que “desindividualizaría” la “individualidad” que merece todo “individuo”.
Aun así, podemos tener en cuenta el cómo se preparó aquella “generación física” (porque espiritualmente todos estuvimos) previa a recibir la Torá. Ya que todos nosotros recibimos nuevamente esta misma todos los años en la festividad de Shavuot, tal vez debamos hacer hincapié en lo que hicieron énfasis en aquel entonces.

“Y partieron de Refidim y vinieron al desierto de Sinai, y acamparon en el desierto. Y acampó allí (el pueblo de) Israel, frente al Monte” (Éxodo 19:2).
Aparentemente este versículo da mucho que hablar…
Comenzó hablando en plural (“acamparon”) y culminó en singular (“acampó”). ¿Podría la Torá hablar en singular cuando en realidad nos referimos a miles de personas congregadas?

Nos responde el exegeta Rashí que este detalle en particular no fue escrito en vano (mucho menos no es un error gramatical).
La Torá quiso insinuarnos a nosotros la hermandad que se palpitaba dentro de todos los corazones de aquel grupo. El pueblo se encontraba unido, alianzado, en singular. “Como un hombre único con un solo corazón” (frase literal de Rashí). Justamente por este mérito fue posible la entrega de la Torá al pueblo judío.

El Midrash nos cuenta: “Quiso Hashem entregar la Torá al pueblo de Israel en el momento que salieron de Egipto, pero estaban divididos unos con los otros. Existían diferencias.
Al llegar a Sinai, se igualaron todos y se transformaron en un grupo homogéneo. Dijo Hashem: “la Torá es pura paz, ¿a quién se la daré? Al pueblo que ama a la paz” (Ialkut Shimoní, Shemot 18:273).


El poder que posee la unión es realmente asombroso y palpable. Determinante. A través de ella se pueden alcanzar objetivos de toda índole, sean positivos o no.
Observando la misma Torá podemos percibir el énfasis y “éxito” que tuvo la generación posterior al diluvio en su afán por construir la “Torre de Babel” y, Di-s no permita, “luchar contra Di-s” (J”Sh).
El versículo reza: “Era entonces toda la tierra de una lengua y unas mismas palabras” (Génesis 11:1).
Se encontraba una generación unida por su único idioma y poseedora de una contribución extraordinaria entre sus miembros a fin de satisfacer su objetivo en común (claro está que al ser que sus fines no eran adaptados a las enseñanzas bíblicas, Hashem confundió los idiomas de todos los integrantes, no pudiéndose comunicar entre ellos, y por ende, no logrando su final objetivo).
Sería interesante y realmente productivo intentar de imitar las conductas de nuestros ancestros.

Tal como ya mencionamos, su preparación previa al recibimiento de la Torá fue unirse los unos con los otros logrando una solución pulcra y profunda entre sí. Las diferencias socio-políticas o económicas no eran factores para dividirse y marcar “sectas”, territorios “preferenciales”. Todos estaban en el mismo “barco”, transitando el arduo desierto y casi rumbo a lo desconocido.

En épocas en las que los “desiertos” nos invaden y la soledad se hace más cruda, real, y cruel no nos queda otro remedio que subirnos al mismo “barco” y afrontar unidos los desafíos y adversidades que se presentan a diario con dañinos objetivos de borrar a nuestro pueblo de la faz de la Tierra.

El señor Levy había rentado el más lujoso y cómodo camarote del transatlántico “King Eduard”. Nos referimos a una de las pocas personas más privilegiadas en poseer semejante fortuna que pueda costear estos exquisitos y sofisticados gastos.
Cantidades de manjares y vestimentas de primera eran solicitadas por el pasajero, que lo único que no perdía era la ambición desenfrenada de poseer más y más.

En un momento dado, se le antojó a este sujeto cavar un pozo de algunos metros de profundidad dentro de su habitación. “De todas maneras”, pensaba, “este es mi dormitorio, por el cual demasiado dinero aboné, por lo tanto puedo hacer lo que yo quiera aquí dentro”, concluía.
“Pero si hace esa cavidad, nos hundiremos todos; ¡no solamente usted”, le reclamaban los tripulantes y hasta el capitán del navío.
“Debido a que nos encontramos todos sobre una misma base, comprendiendo aún su gran inversión millonaria, nos perjudicaría directamente a todos los que nos encontramos en el barco”.

Tal como todos los años, en pocas horas recibiremos nuevamente la Torá, ¿estaremos preparados para ser “como un hombre único con un solo corazón”?

domingo, 24 de mayo de 2009

"¡Tenme Paciencia! Soy El Bambú Japonés"

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

Hay algo curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas la planta bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó solo seis semanas en crecer? No. La verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitieran sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simple resultado del crecimiento interno, y que este requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuado ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en la que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando este al fin se materialice. "El triunfo es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación".

Que podamos tener la paciencia y perseverancia del cultivador del bambú, ya que los mayores retos y los que más tardan, son cuando tenemos que cambiar interiormente.

Extraído de la enseñanza semanal "Or Mizrah"

martes, 19 de mayo de 2009

La Mamá Más "Mala"

Yo tuve la mamá más mala de todo el mundo.
Mientras que los otros niños no tenían que desayunar antes de salir a la escuela, yo tenía que comer todo el cereal, el huevo y el pan tostado.

Cuando los demás niños tomaban refresco, comían papitas y dulces en el recreo, yo tenía que conformarme con comer siempre lo mismo: sándwich, fruta y jugo.
Mi madre siempre insistía en saber todo lo que hacíamos, en saber dónde estábamos, ¡parecíamos encarceladas! Tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y lo que hacíamos.
Insistía en que, si decíamos que íbamos a tardar una hora en volver, solamente tardábamos una hora.

Me da vergüenza admitirlo, pero hizo que laváramos la vajilla, tendiéramos camas, aprendiéramos a cocinar y muchas cosas más, igualmente crueles. Hasta creo que se quedaba despierta toda la noche pensando en las cosas que podría obligarnos a hacer tan sólo por molestarnos: “lávate los dientes, cepíllate el cabello, ponte a estudiar, métete a bañar, ordena tu cuarto”, y muchas cosas más.
Siempre insistía en que dijéramos la verdad.

Así, entre tanta tristeza, ocurrió mi infancia.

Para cuando llegamos a la adolescencia y fue más sabia, nuestras vidas se hicieron aún más difíciles: estaba pendiente de con quién salíamos, nadie podía tocar bocina para que saliéramos corriendo, nos avergonzaba hasta la puerta de casa para preguntar por nosotros.

Mi madre fue un completo fracaso; ninguno de nosotros ha sido un delincuente, ni ha estado envuelto en problemas de alcoholismo o drogadicción, cada uno de mis hermanos ha servido a una misión en la vida; son personas responsables y honestas.

¿A quién debemos culpar por eso? Tienen razón, a nuestra “mala madre”. Ella nos hizo convertir en adultos educados y honestos.

Ahora usando esto como ejemplo, estoy tratando de educar a mis hijos de la misma manera. Llena de orgullo cuando mis hijos me dicen que soy “una mamá mala”.
Y doy gracias a Di-s por haberme dado a “la mamá más mala del mundo”.

Extraído de la publicación semanal "Or Mizrah"

viernes, 15 de mayo de 2009

¿Puede Una Persona Convertirse Al Judaísmo Sin Practicarlo?

Pregunta: ¿Por qué es que si un judío no observa los preceptos del Judaísmo es considerado judío, mientras que un converso al Judaísmo debe observar la ley judía para ser aceptado en el Judaísmo? No parece justo. Hay tantos judíos de nacimiento (como yo) que no son practicantes. ¿Por qué no puede alguien convertirse en judío no-practicante?

Respuesta: Convertirse al Judaísmo y no practicarlo es como tirar de la alfombra que está debajo de sus propios pies. Usted está quitando el fundamento mismo en el que está apoyado.

Hay judíos de nacimiento, y judíos por opción. El primero nació de una madre judía; el último se convirtió según la ley judía. Los dos tienen un alma judía, pero uno la recibió a través de los medios biológicos; el otro, por los medios legales.

Las leyes de conversión tienen requisitos claros. Uno es que, después de un periodo de estudio, el supuesto converso debe comprometerse sinceramente a observar la ley judía con la mejor de sus habilidades. Si se niega a hacer esto, o queda en claro después que no era sincero en su compromiso, entonces un requisito esencial no se ha cumplido, y la conversión carece de sentido.

La razón es simple. ¿Cómo alguien puede convertirse en judío a través de un proceso legal si no subscribe a esa ley? Es como un oficial democráticamente elegido que usa su poder para declarar que esa democracia es redundante. ¡Si está en lo correcto, entonces él no tiene ninguna posición! Es la democracia la que le dio el poder; si quitamos la democracia, se le ha quitado su poder. O como un juez que declara que la ley no es pertinente. En ese caso, entonces él tampoco es pertinente, porque sólo tiene derecho para juzgar en virtud de la ley - la misma ley que él está rechazando.

Si usted es judío de nacimiento, nada puede quitarle eso. Es un hecho biológico. Pero un converso sólo es judío en virtud de la ley judía. La conversión es una legislación espiritual que dota a una persona de un alma judía. ¿Si se ridiculiza ese mismo sistema, entonces en base a qué son judíos?

Por otro lado, un converso genuino no es menos judío que un judío por nacimiento. De hecho, todos nosotros descendemos de conversos. Nosotros somos judíos hoy, porque nuestros antepasados estuvieron de pie hace más de tres mil años en el Monte Sinai e hicieron la misma aceptación de la Torá que hace un converso. Nuestros antepasados pasaron por una forma de conversión, por lo que nosotros, sus descendientes, somos irreversiblemente judíos.

Este evento se repite en cada conversión. El converso está de pie ante Di-s- a su propio Sinai y se le ofrece la Torá. Si la acepta atentamente, y mantiene su compromiso, entonces él y sus futuros hijos serán por siempre judíos.

La devoción de los verdaderos conversos puede inspirarnos a los judíos biológicos, que debemos ser más que sólo judíos de nacimiento: también podemos volvernos judíos por opción.

Aaron Moss

lunes, 11 de mayo de 2009

Lag BaOmer, La Gripe Porcina Y Nuestra Existencia

A sabiendas que en varias ocasiones surgen algunas confusiones respecto a esta solemne fecha, es menester aclarar ciertos puntos.

Debemos tener bien claro que “Lag BaOmer” no es una festividad en sí misma. Literalmente significa “33 de Omer”, que son los días que venimos contando desde la segunda noche de Pesaj (fuera de Israel), culminando esta misma hasta Shavuot.

Esta cuenta es un precepto ordenado por Hashem y transcripto por Moshé en la Torá escrita.
Mientras el Gran Templo estaba en sus bases, luego de culminar de contar el Omer (49 días), los judíos debían traer una ofrenda especial de grano (ver Levítico 23:15).

Ahora bien, en el día 33 de esta cuenta (“Lag BaOmer”) se dieron dos episodios trascendentales en la historia del pueblo judío:

En primer término, el Talmud (Yebamot 62b) nos relata que luego de la festividad de Pesaj, una gran plaga azotó a 12 mil parejas de alumnos (es decir, 24 mil) del gran erudito y Taná Rabí Akivá dejándolos a estos sin vida, y al gran Sabio sin alumnos. (Aunque no es en lo que haremos hincapié, es interesante observar que el Talmud no escribió 24 mil alumnos sino 12 mi parejas de alumnos, para enseñarnos que el estudio se adquiere siempre de a dos. No es un “juego solitario”. Necesitamos del otro para también aprender nosotros mismos. Una recíproca comunicación. Un ida y vuelta. Nutrir y nutrirse con el otro.)
Al llegar el día 33 de la cuenta, cesaron de fallecer muchos de ellos. Por esto mismo en ese día estamos alegres (ver Talmud Yebamot 62b, Shulján Arúj 493:2, Mishná Berurá, Peri Megadim).

En segundo lugar, en esta misma fecha falleció Rabí Shimón bar Iojai, quien fue el autor de la magnífica obra del “Zohar”, pilar fundamental de la Kabalá y de la mística judía. Por pedido de él mismo, el día de su fallecimiento es colmado por alegría, se pueden realizar casamientos, cortarse el pelo, vestirse ropas nuevas, entre otras cosas, y se encienden muchas velas en los Templos, acciones que estaban prohibidas durante la cuenta de Omer por ser estos días de semi-duelo (por el episodio antes mencionado con los alumnos de Rabí Akivá).

Hashem le había otorgado una señal a Noaj que no sucedería nuevamente un diluvio: el arco iris. Mediante este, Di-s hizo un pacto con Noaj (ver Génesis 9:11-17).
Cuando en nuestros días observamos el arco iris, por más bello que parezca, es una señal que las cosas no andan del todo bien con nosotros. Un llamado de atención para la reflexión por parte de Di-s.


En “Lag BaOmer” se acostumbra a que los niños jueguen con arcos y flechas debido a que en todos los años en los que vivió Rabí Shimón Bar Iojai, su santidad era tal y su rectitud tan, que nunca apareció el arco iris en el firmamento (en hebreo “arcos”-instrumento- se dice “keshet”, de la misma manera que la palabra “arco iris”).

También se acostumbra a realizar fogatas simbolizando la Torá que se encontraba oculta y reveló Rabí Shimón bar Iojai en sus días. Tal como dice el versículo: “Una luminaria es una Mitzvá (precepto) y la Torá es luz" (Proverbios 6:23).

Pero insisto: no es que “Lag BaOmer” sea una fiesta en sí misma, sino que justo en esa fecha sucedieron acontecimientos por los cuales estamos alegres. Pero siempre existió el 33 de Omer. Debemos diferenciar bien cada episodio.

El Talmud (Yebamot 62b) nos enseña que el motivo por el cual perecieron los alumnos de Rabí Akivá fue “porque no se respetaba un alumno con su compañero”.
Desde este trágico suceso fue cuando el mismísimo Rabí Akivá enfatizó el amor al prójimo con la frase: “Veahavta lereaja kamoja, ze klak gadol baTorá” (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, este es un gran concepto en la Torá”). Y si nos fijamos bien, él dijo: “este es un gran concepto en la Torá”, ya que por no cumplir con aquello, mucha Torá se fue del mundo. Figuras excepcionales perecieron.

Estamos hablando de alumnos ejemplares de un Taná. Que estudiaban día y noche. Discípulos directos de una personalidad tan grande como Rabí Akivá, que llegó a entender profundamente la Torá más que Moshé Rabenu… ¿cómo puede explicarse que hayan “fallado” en algo tan grave y, a simple viste, tan lógico, como el trato a otra persona?

Se dieron varias explicaciones al respecto. Veamos algunas:

Antes que nada debemos saber que Di-s no juzga a todas las personas por igual. Cada uno tiene su forma particular de ser-en-el-mundo y por lo tanto, muchas situaciones nos cuestan más a unos que a otros y viceversa. No hay generalidades. Cada uno es único e irremplazable. Hashem es un Juez Justo con cada uno de nosotros. Este es uno de los motivos por los cuales la Justicia Divina se diferencia por sobre los demás jueces de carne y hueso.

Por este motivo, el Todopoderoso es detallista con los Sabios “kejut haseará” (como un hilo de cabellera), es decir, muy meticulosamente. Acciones que en nosotros podrían considerarse “neutrales” o aun preceptos, respecto a ellos podrían llegar a ser graves faltas.

Una explicación al motivo del Talmud de aquel término “no se respetaban unos a los otros” comprende en que ellos decían “no tener tiempo disponible para los demás”.
Cuando una pareja de estudiantes recurrían hacia otra para realizarles alguna pregunta de Torá y así aclarar el tema que los incumbía, cada uno cuidaba su “rancho”, su individualidad.
“En estos momentos no dispongo de tiempo para ti; necesito YO seguir con mi estudio, no puedo interrumpir”. Aun que sus intenciones eran seguir estudiando y profundizando en las palabras de Hashem, olvidaban que no vale de nada la Torá que no es acompañada por buenas cualidades (tal como nos enseñan nuestros sabios: "La (buena) conducta (o el respeto) antecede a la Torá"). No tiene valor pensar en lo propio antes que en los demás. Brindarse hacia el otro es elemental en nuestro servicio con Di-s. Antes que estudiar, Hashem quiere de nosotros que seamos serviciales con nuestro prójimo, que estemos abiertos hacia él. No ensimismarnos en nuestro propio círculo egocéntrico y búsqueda de bien (material o espiritual).

No es casualidad que esta desgracia haya sucedido antes de Shavuot, cuando recibimos la Torá. Se torna imposible recibir algo tan elevado si antes no mejoramos nuestra relación y respeto por el compañero. No sirve de nada obtener algo tan sagrado, profundo y divino si no pulimos nuestras conductas cotidianas.

La segunda explicación que daremos a continuación es un poco más profunda y “detallista”:

Cada uno de los alumnos pensaba que su compañero era tan humilde que no le molestaría si se le faltara el respeto a su honor. “No pasa nada si sin querer lo pisé, seguramente él es tan completo, íntegro y justo que me perdonará de todo corazón, no siendo necesario pedirle perdón”. Actuaban de tal manera porque pensaban bien de su compañero.

Quizá en este caso no eran concientes (según este comentario) que uno puede perdonar su “kabod” (honor), pero solamente el propio, no el del compañero.
Cuando en el contexto presente entra en juego otra persona, no hay cálculos posibles y debemos conducirnos con las mejores cualidades para con él, ¡aunque el otro no lo exija, no lo solicite ni lo quiera!

Sea como una explicación u otra, observemos que el Talmud no se dejó llevar por la “naturaleza”, “sentido común” o cientificismo. Seguramente en aquella época muchos “científicos” y “analistas” dieron “motivos posibles” a la “epidemia” que estaba afectando a tamaña cantidad de personas. Aún así, la Fe Judía nos enseña que nada es “porque sí”, que todo tiene su motivo, su significado, ya que todas las situaciones Son Manejadas por Un Poder Supremo y no son frutos de la mera “casualidad”.

En nuestros días que males como la gripe porcina o el dengue castigan a la sociedad mundial toda, no debemos buscar culpables ni gobiernos sobre protectores. Que sea pandemia o no, no es un asunto que ayude a solucionar las cosas. Leer todas las noticias de los diarios, revistas y T.V. de punta a punta y estar pendiente de cualquier “novedad” impulsivamente, no nos asegura el éxito en la lucha contra estos tipos de plagas (claro está que de todas maneras siempre debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para prevenir).

No busquemos motivos o factores externos a nuestras responsabilidades. Levantemos la roca que nos toca sobre nuestras espaldas. Asumamos nuestra responsabilidad.
Es más fácil catalogar a los males y limitarlos a responsabilidades de habitantes extranjeros. No olvidemos que todo es minuciosamente calculado por Hashem, individual y particularmente. No existen generalizaciones para Él. Si a todos nos toca vivir estos males, tal vez todos tendremos que inspeccionarnos y hacer algo para que culminen lo antes posible. ¡Manos a la obra!

jueves, 7 de mayo de 2009

Pesaj Shení: Otra Oportunidad

Estamos transcurriendo una fecha en la cual se conmemora una “festividad” no tan conocida por muchos de nosotros, y a la vez interesante de analizar: “Pesaj Shení”: La Pascua Segunda.

¿De qué estamos hablando?, ¿qué significa aquello de “la segunda Pascua”?, ¿cuándo la Torá menciona un asunto como este?

“… si un hombre se impurificase a través de un cadáver humano o estuviere en un camino lejano, de ustedes… hará la ofrenda de Pesaj para el Eterno, en el mes segundo, el día catorce la harán, con Matzot y hierbas amargas la comerán” (Números 9:10 y 9:11).

Primordialmente, y tal como ordenó Di-s, la ofrenda de Pesaj debía realizarse el 14 de Nisan, al segundo año de la salida del exilio egipcio. Y así sucedió.

Existe una regla general para los sacrificios que la misma establece preservar un estado de pureza total e íntegra de parte del ofrecedor. Caso contrario, ningún tipo de “Korbán” (sacrificio) era posible ofrecer.

En ese entonces, muchas personas que estaban impuras por haber tenido que ocuparse de los fallecidos se encontraban en un estado no-puro, característica que los imposibilitaba para ofrendar. Ellos reclamaron delante de Moshé diciendo: “¿Por qué nosotros por cumplir con un mandato Divino (al cuidar a los fallecidos) perderemos la oportunidad de ofrendar igual que los demás?”. Hashem contestó a Moshé: “Diles que les daré otra oportunidad: el día catorce del próximo mes (Iyar), realizarán la ofrenda de Pesaj ingiriéndola también con Matzá y hierbas amargas”.

Detenernos al menos unos instantes para reflexionar sobre esta porción de la Torá, tal vez nos enseñe el potencial poseído en el individuo para modificar aun determinaciones Divinas.

Ampliemos más la idea…

¿Qué hubiese sucedido si aquellas personas “impuras” no le “reclamaran” a Moshé su interés por realizar el sacrificio de Pesaj?, ¿también Hashem hubiese ofrecido una “segunda oportunidad”?
Haciendo una lectura simple y superficial de la Torá, el motivo del “nuevo precepto” fue pura y exclusivamente producto del “reclamo” de aquellos iehudim (judíos) interesados en cumplir fervorosamente esta Mitzvá (precepto). Cabe recalcar que, si sus bocas no hubiesen emitido palabra, en nuestros días no existiría entre nosotros el concepto de “Pesaj Shení”.

Con toda la importancia y trascendencia que la Torá posee, que aún ninguna palabra, letra ni acento está puesto sin sentido (y de hecho los Sabios aprenden muchas cosas de aquellos detalles), esas personas “celosas” por preceptos, dejaron su huella en una obra tan magnífica como la Torá, solamente por el hecho de realizar un justificado reclamo al verdadero “servicio de atención al cliente”.

El poder que tienen nuestras súplicas y Tefilot (oraciones) no conoce los límites. No tiene barreras. Es sobre natural.

Debemos ser concientes que nunca todo está perdido; siempre hay una segunda oportunidad.

“¡Mis súplicas no son contestadas! ¡Di-s no me escucha!”, podríamos decir muchos de nosotros al vernos “frustrados” por la repetida angustiante situación. Quizá debamos entender que no todo lo que pedimos y pensamos que es bueno para nosotros, es como la realidad lo indica. Solamente Alguien que Está por Sobre nosotros Puede entenderlo.

“¿Entonces para qué pedir? Si me dices que Hashem es Quien Entiende qué es lo mejor para mí, ¡qué Él decida!, ¿por qué existe un concepto de Tefilá (oración)?, ¿de qué sirve si de todas maneras Él es quien tiene la última palabra?”

Una de las finalidades de los rezos es demostrarle a Di-s que somos concientes que nada depende de nosotros si no es aprobado primero por Él. Ya sea para bien como para mal. Beneficiando o perjudicando. Transmitimos un mensaje como diciendo: “nos remitimos a Ti porque no existe nada ni nadie que pueda ayudarnos sin antes haber pasado por Tu aprobación”. Necesitamos hacer Tefilá (rezar) para que este concepto quede explicitado. Estar convencido que cada paso por y a realizar estamos junto a Hashem; Él está con nosotros. Todo está calculado. Nada es al azar, “a la buena de Di-s”…

El Talmud nos enseña en el tratado de Nidá (16 b): "Hay un ángel a cargo de la concepción y su nombre es Noche. (Este mismo) agarra la gota (de la concepción) y la coloca delante de Di-s y le dice: "¡Amo del Universo! ¿Esta gota que será (en un futuro)?, ¿(una persona) fuerte o débil?, ¿inteligente o necio?, ¿rico o pobre?", pero justo o malvado no le pregunta. Tal como dijo Rabí Janiná: "todo es del Cielo (determinado por Di-s), menos el temor al Cielo".

Aún así, nada está fuera de las manos de la persona. A través de los rezos tenemos la posibilidad de modificar asuntos tan importantes, ¡como hasta el incremento de un nuevo precepto por parte de la Torá! (como en el caso de “Pesaj Shení”). Incluso transformar determinaciones Divinas asentadas previamente a nuestro contacto con el mundo, ya sea nuestra apariencia física, aspecto, posición económica, etc.

Una propuesta o súplica humana puede ser sinónimo de un nuevo decreto o determinación Celestial. De alguna modificación o incremento. Valoremos el poder que tenemos entre nuestras manos. No lo dejemos escapar.

martes, 5 de mayo de 2009

El Significado De Cubrirse El Cabello

Pregunta: Oí a un antropólogo que hablaba sobre las pelucas. Dijo que le parecía irónico que las mujeres judías observantes las usen.

En el Judaísmo bíblico, la regla es que las mujeres casadas deben cubrir su pelo para ser modestas y poco atractivas. En los tiempos más recientes, las mujeres llevan pelucas que a veces son más seductoras que el pelo natural. ¡Llevando una peluca así, desaparece el propósito de cubrir el pelo!

Estaba dando esto como ejemplo de cómo las culturas olvidan las razones existentes detrás de sus antiguas tradiciones, y las costumbres pueden evolucionar en cierto modo contradiciendo su intención original. ¿Tiene algún comentario al respecto?

Respuesta: Ese antropólogo no sólo ha confundido una peluca con el cabello real, sino también ha confundido la verdadera modestia en su versión original. Él iguala la modestia con la falta de atractivo, pero ésa es su definición, no la del Judaísmo. Desde la perspectiva judía, la modestia no tiene nada que ver con ser poco atractiva. Más bien, la modestia es un medio para crear privacidad. Y eso es lo que una logra la peluca.

El cabello cubierto nunca fue pensado para que la mujer casada parezca fea. La belleza es un regalo Divino, y la tradición judía anima a hombres y mujeres a cuidar su apariencia y parecer siempre presentables. La tradición judía también anima la modestia; no para disminuir nuestra belleza, sino para encauzar nuestra belleza y atractivo y reservarla a dónde pertenece: dentro del matrimonio.

Cubriendo su pelo, la mujer casada hace una declaración: “No estoy disponible. Pueden verme pero no estoy abierta al público. Ni siquiera mi pelo, la parte más obvia y visible de mí, no es para vuestros ojos.” El pelo cubierto produce un efecto profundo en el usuario. Crea una barrera psicológica, una distancia cognitiva entre ella y los extraños. Su belleza es visible pero discreta; ella es atractiva pero indisponible. La peluca logra exactamente el efecto deseado, porque una peluca permite a una mujer cubrir todo su pelo, mientras mantiene su apariencia atractiva.

Puede estar orgullosa de la manera en se ve sin comprometer su privacidad. Y aun cuando su peluca parece tan real como para que se la confunda con el pelo natural, ella sabe que nadie está viendo su cabello. Ha creado un espacio privado, y sólo ella decide a quién permitir entrar en él. Quizás en otras religiones belleza y modestia no se mezclen. Ésta no es la visión judía. La verdadera belleza, la belleza interna, necesita de la modestia para protegerla y permitirle crecer.

viernes, 1 de mayo de 2009

Un Aplauso Para Di-s


En una convención americana, en la cual participaron neurólogos de todo el mundo, uno de los principales tópicos fue el fenómeno de personas que se desmayaban en el instante en que se levantaban de la cama.

Una de las oradoras, la Profesora Linda Mc Maron, de Inglaterra, hizo una prolongada presentación al respecto de su estudio en este campo. Explicó que después de muchos años de estudio e investigación sobre el tema, llegó a la conclusión de que este tipo de desmayos, es causado por la rápida transferencia entre la posición de acostado, a la de quedar de pié. La Profesora Mc Maron, dijo que demora 12 segundos, para que la sangre fluya desde los pies a la cabeza. Por lo tanto, cuando una persona se levanta rápidamente, la sangre es transportada muy velozmente al cerebro, lo que produce un desmayo. Sugirió que cada persona, aun a los que no tengan tendencia a desmayarse, se sienten en la cama, al despertarse y contasen lentamente hasta 12, para evitar estos malestares, languidez o desmayo. Su discurso fue muy aplaudido.

Otro profesor, un judío observante, pidió permiso para hablar y dijo: Nosotros los judíos, tenemos la antigua tradición de pronunciar una oración de agradecimiento al Creador del Mundo, por concedernos la oportunidad de un nuevo día de realizaciones. La oración es dicha inmediatamente después de despertarse, mientras se está en la cama, acostado o sentado. Hay doce palabras en esta plegaria y si la persona la dice lentamente y con concentración, lleva exactamente doce segundos pronunciarla. Y a continuación recitó lentamente en hebreo:

"Modé aní lefaneja, Mélej jai vekaiam, shehejezárta bi nishmati bejemlá. Rabá emunateja".

(Doy gracias a Ti Rey viviente y eterno, pues tú has restituido mi alma dentro de mí con misericordia. Grande es Tu fidelidad.).

El auditorio se levantó e irrumpió en aplausos que retumbaron por todo el salón. Esta vez eran para el Creador del Mundo.

“... y tan pronto como se despierta debe recordar las bondades que Di-s tuvo para con él, devolviéndole el alma que él había entregado cansada, y Él se la restituyó renovada y refrescada a fin de que sirviera a Di-s con todas sus capacidades, y Lo sirviera el día entero. Esto enseña que cada mañana la persona constituye una nueva creación por lo que agradecerá a di-s de todo corazón. Dirá: Modé ani lefaneja...” (Doy gracias a Ti....) Kitzur Shulján Aruj (Cap. I Inciso II) Kehot Sudamericana

Tal vez, cada uno de nosotros, también deba aplaudir todas las mañanas, luego de recitar "Modé Aní".

(Fuente: http://www.jabad.org.ar/reflexion_semanal.asp?parsha=412)