viernes, 27 de noviembre de 2009

Pescado Fresco Japonés


Los japoneses siempre han gustado del pescado fresco. Pero las aguas cercanas a Japón no han tenido muchos peces por décadas. Así que para alimentar a la población japonesa, los barcos pesqueros fueron fabricados más grandes y así pudieron ir mar adentro todavía más lejos.

Mientras más lejos iban los pescadores, más era el tiempo que les tomaba regresar a la costa a entregar el pescado. Si el viaje redondo tomaba varios días, el pescado ya no estaba fresco.
Para resolver este problema, las compañías pesqueras, instalaron congeladores en los barcos pesqueros. Así podían pescar y poner los pescados en los congeladores. Además los congeladores permitían a los barcos ir aún más lejos y por más tiempo.

Sin embargo, los japoneses pudieron percibir la diferencia entre el pescado congelado y el pescado fresco, y no les gustó el pescado congelado. El pescado congelado se tenía que vender más barato.

Así que las compañías instalaron tanques para los peces en los barcos pesqueros. Podían así pescar los peces, colocarlos en los tanques y mantenerlos vivos hasta llegar a la costa de Japón. Pero, después de un poco de tiempo, los peces dejaban de moverse en el tanque. Estaban aburridos y cansados pero vivos. Desafortunadamente, los japoneses también notaron la diferencia del sabor. Porque cuando los peces dejan de moverse por días, pierden el sabor ‘fresco-fresco’. Los japoneses prefieren el sabor de los peces bien vivos y frescos, no el de los peces aburridos y cansados que los pescadores les traían.

¿Cómo resolvieron el problema las compañías pesqueras japonesas? ¿Cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco? Si las compañías japonesas te pidieran asesoría, ¿qué les recomendarías?

Tan pronto como alcanzas tus metas, como empezar una nueva empresa, pagar tus deudas, encontrar una pareja maravillosa, o lo que sea, tal vez pierdas la pasión. Ya no necesitarás esforzarte tanto, así que solo te relajas. Experimentas el mismo problema que las personas que se ganan la lotería, o el de aquellas personas que heredan mucho dinero y que nunca maduran, o el de las personas que se quedan en casa que se hacen adictos a los medicamentos para la depresión o la ansiedad.

Como el problema de los pescadores japoneses, la mejor solución es sencilla.
Lo dijo L. Ron Hubbard a principios de los años 50. ‘Las personas prosperan, extrañamente más, solo cuando hay desafíos en su medio ambiente’. Hubbard escribió en su libro "Los beneficios de los desafíos": ‘mientras más inteligente, persistente y competente seas, más disfrutas un buen problema’.

Si tus desafíos son del tamaño correcto, y si poco a poco vas conquistando esos desafíos, te sientes feliz. Piensas en tus desafíos y te sientes con energía. Te emociona intentar nuevas soluciones. Te diviertes, ¡te sientes vivo! Así es como los peces japoneses se mantienen vivos: para mantener el sabor fresco de los peces, las compañías pesqueras todavía ponen a los peces dentro de los tanques en los botes pesqueros.

¡Pero ahora ellos ponen también ¡un TIBURÓN pequeño! Claro que el tiburón se come algunos peces, pero los demás llegan muy, pero muy vivos! ¡Los peces son desafiados! Tienen que nadar durante todo el trayecto dentro del tanque, ¡para mantenerse vivos!

Cuando alcances tus metas, proponte otra mayor. Nunca crees el éxito para luego acostarte sobre él. Tú tienes recursos, habilidades y capacidades para lograr lo que te sueñas, para hacer la diferencia, para lograr el cambio que te propones.
Así que, invita un tiburón a tu tanque, y descubre ¡qué tan lejos realmente puedes llegar! ¡Unos cuantos tiburones te harán conocer tu potencial para seguir vivo y haciendo lo que mejor haces, de la mejor manera posible!

Y si ya te encuentras en el tanque, déjalos que se muerdan entre sí, que no te asusten sus dientes ni sus trampas... tu sigue alerta, pero siempre "fresco".

Siempre habrá tiburones a donde vayas...


Publicación semanal "Or Mizrah" Nº398

viernes, 20 de noviembre de 2009

Educando Con Amor

En un lugar de Estados Unidos se encontraban aula con más o menos 16 alumnos, pertenecientes a una importantísima escuela.
Sucedía que por estos alumnos habían pasado distintos Rabanim, maestros, maestras, especialistas y no había forma de contenerlos. Eran rebeldes, mal hablados, nadie podía con ellos. ¿Cómo podía ser?

Cierto día apareció en esta institución un importante funcionario público, que observó la gran indisciplina poco contenida durante todo un año. Aunque cada uno y uno de los 16 alumnos no habían repetido el año, no había cambios en su decisión. Por ende, la situación lo obligaba a pensar en cerrar toda la escuela.

El director estaba desesperado. Comenzó a consultar a sus colegas y, gracias a Di-s, le recomendaron cierta maestra que tenía mucho corazón para tratar alumnos de este tipo, que tenían alrededor de 14 años aproximadamente.

Al tener una junta con esta mujer, ella les aclaró que para asumir como maestra de ese aula en particular, necesitaba observar el curriculum de los jovencitos. Por supuesto se lo proporcionaron. Donde ella leyó decía algo así como:

Reubén 94
Levy 93
Alan 95
Shimón 92
Iosef 93

Al leer la información, de pronto la maestra dijo: “No puedo, ¡no puedo asumir ahora! Por favor denme un tiempo para prepararme bien porque me enfrento a chicos muy inteligentes y no puedo fallar. Ya que esperaron 1 año, esperen 1 mes más, nada pasará. Esa es mi condición.” Como no les quedaba otra opción, desde ya aceptaron.

Llegaba el momento de asumir su puesto y había muchas expectativas sobre esta docente.
Comienza esta nueva etapa… pasa 1 mes, 2, 3 meses… y magníficamente estos jovencitos parecían haber nacido por segunda vez. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué milagro se había producido? ¿Qué misterio se encontraba oculto en esta espectacular ayuda Divina? Por supuesto, todos los directivos propusieron una reunión a fin de descubrir el motivo del rotundo y ansiado éxito.

Al reunirse, el Rab principal le preguntó a la maestra cuál era la clave de tanto cambio positivo y qué táctica psicopedagógica había aplicado. Ella, muy sorprendida ante tanto honor, le contestó que no había hecho nada del otro mundo. Simplemente, luego de leer el puntaje tan alto al que se enfrentaba, debía prepararse para afrontar verdaderas maravillas de alumnos…

Ante esta respuesta, todos se miraron asombrados. Uno de los participantes le dijo: “Señora, está usted en un error… lo que usted leyó no era ningún puntaje… eran…” Y hubo un silencio. “Eran los años de nacimiento de cada uno de los alumnos…”

Con esta verdad concluyó esta historia muy real, de la cual aprendemos que cuando miramos a nuestro compañero con un poco de amor, con un poco de respeto, sin envidia, sin pensamientos extraños o retorcidos, sin mirarle sus defectos sino sus virtudes, todo cambia. La naturaleza se modifica y suceden hechos casi inexistentes de acuerdo a la realidad.


Publicación semanal “Para vos, Mamá!” Nº2

martes, 10 de noviembre de 2009

El Telegrama

En una gran ciudad de Europa, se presentó un hombre en el correo y, tras saludar al empleado que se encontraba detrás del mostrador, le pidió un formulario de telegrama para enviar a un lejano país en el cual vivía su hermano. Con gusto el empleado se lo alcanzó y el hombre, feliz, comenzó a redactar el texto para enviar.

Al cabo de unos instantes culminó de escribir y le entregó la carta al trabajador para que la envíe. El cajero le prepara la cuenta y se la pasa al despachante: 500 dólares.

-“¿¡Cuánto?!”, preguntó sorprendido el cliente.
-“Sí, señor, son 500 dólares. Pasa que su texto es demasiado extenso. Tal vez pueda usted reducirlo y entonces disminuirá el precio también.”
-“Pásemelo por favor. ¡Le echaré una mirada a ver si puedo!”

A mi querido hermano Moshé: te invito por medio de esta carta a la boda de mi querido hijo Iosef, que se realizará (Di-s mediante) dentro de dos semanas, en el Templo “Shaaré Efraim”, sito en la calle Whestibroisde 437, a las 21:00 hs puntual.
Te espero.
Tu hermano Jaim.


“¿Para qué escribir “A mi querido…”?, ¿y para qué el nombre de mi hijo, si es el único que tengo y él lo conoce?, ¿y para qué el nombre del Templo y la dirección, si de todas maneras primeramente vendrá a casa y luego iremos juntos hasta allí?, ¿y para qué…?, ¿y para qué…?”

Cuando le entregó el nuevo texto, le cobró menos del a mitad… ¡la mayoría de las palabras estaban de más!

¡Sí! Nuestra boca es como un telegrama. Por cada palabra se deberá pagar… ¡y cuánto! ¡Veamos si todas nuestras charlas son indispensables! ¡Tal vez podamos sin ellas! Y, a diferencia del telegrama, nuestras palabras de más no se pagan solamente con dinero…

Revista "Or Daméseh" Nº4, página 25

miércoles, 4 de noviembre de 2009

¿Cómo Ser Un Terapeuta Las 24 Horas?

Frecuentemente me pregunto cuál será el motivo por el cual Di-s le otorga a sus criaturas, ni bien nacen, ese cariño, amor y enternecimiento que atrapa a cualquiera que se los tope por el camino. “Ay, ¡mira qué lindo ese bebé!”, “observa lo amoroso que se ve aquel tigrecito…”, “¡qué bellos pollitos!”.

Seres que quizá de adultos provoquen desagrado o hasta terror (y no me refiero solamente a los animales…), cuando salen al mundo, y durante los primeros años, mantienen esa belleza exterior captando las múltiples miradas de los transeúntes.

En una oportunidad escuché de un Rab decir: “cuando los niños son pequeños acostumbramos a pensar: “¡qué lindos!, ¡qué ganas de comérselos!”. Pero cuando crecen, uno se pregunta: “¿por qué no me los habré comido antes?”.

¿Qué beneficios podría tener para un simple animalito captar la atención de muchos otros que, tal vez, desde su posición mucho no pueden hacer para con él? ¿De qué le serviría a un bebé que más personas les pellizquen sus tiernos cachetes, repitiendo frases casi aprendidas de memoria por aquellos pequeñuelos, por tratarse de libretos universales y repetitivos?

Claro que nos es imposible comprender motivos celestiales. Existiendo una diferencia abismal entre nosotros y Di-s, se descarta que lleguemos al nivel de “comprensión” que Aquel posee. De todas maneras, quizá podríamos aproximarnos a una posible hipótesis.

No hace falta escarbar mucho para darnos cuenta que estamos en momentos de “oídos sordos”… “Sordos” porque no escuchan… o porque no quieren escuchar… “Sordos” porque con tantas tareas y ocupaciones diarias, ya no disponemos de tiempo para prestar un oído a un compañero caído. Algo tan mínimo y con tan poco costo real de mercado, no estamos disponibles a “comprar”. Mejor dicho, a vender… Para la tecnología, los aparatos de última generación y para correr al “Gym” hay tiempo… ¿y qué pasa con nuestro alrededor?, ¿qué sucede con nuestra pareja?, ¿y qué hay de nuestros hijos?, ¿de nuestros amigos, nuestra familia?

El nivel de valores cambió. Quizá el consumismo ya nos ha comenzado a “consumir”. Otros muchos lucran con nosotros y no dejan que seamos nosotros los que hagamos “negocios” con nuestro compañero. Porque, a fin de cuentas, escuchar las aflicciones de otra persona puede ser un negocio literalmente “redondo”. Y cuando digo “redondo” no me refiero a que le estemos ahorrando la asistencia psicológica (que también es cierto). Afirmo que es “redondo” porque si bien estamos ayudando de manera impresionante e ilimitada, no tenemos que pagar costo alguno por aquello.

Hasta el momento no existe empresa que cobre por utilizar nuestros oídos (aunque sí las hay que se encarguen de destruirnos los tímpanos con chismes y habladurías…)

Desde mi experiencia personal, creo que cuando ayudo a otro me estoy ayudando a mí mismo. A descubrirme más. A ser más tolerante, más comprensivo, más persona…

¿Qué perdemos?, ¿qué dejamos de ganar?, ¿cuántos negocios descuidamos por tres minutos pensados para otro que no sea uno mismo?, ¿brindar a un otro despegado de mí?
Sin dudas que el egocentrismo y el narcisismo poseen un gran papel en sociedades como las nuestras. Con bombardeos mensajeros constantes en donde se nos invita a satisfacer cualquier “necesidad” URGENTE que surja, no existen titubeos de pensar que no estamos solos en aquella decisión. Que no somos los únicos que elegimos.

Pero ojo… tampoco apuntar con un dedo y afirmar que: “toda la culpa la tienen los medios de comunicación y las empresas generadoras de consumo”, porque, a fin de cuentas, creo que debemos adaptarnos a las circunstancias y comprender que, a fin y al cabo, somos escritores de nuestra propia historia. Poseemos libertad y responsabilidad para elegir por nuestros propios medios y no transformarnos en esclavos del mundo de los amos. Ni la T.V., ni la radio ni la computadora se encienden solas…

Los esfuerzos deben estar centrados en un mismo y no en el afuera. Observar qué podemos hacer desde nosotros para mejorar lo externo, independientemente de la circunstancia en la que se encuentre la región toda. Porque si Hashem nos encomendó vivir en estos siglos y no en otros, en esta época y no en aquella otra, no es más que un indicio que podemos atravesar exitosamente la presente etapa. Di-s no interpone en el camino aquellas pruebas que Sabe que no podremos superar.

Retomando la pregunta inicial, postulo que uno de los posibles motivos por los cuales Di-s engendra a sus criaturas de manera bella y vistosa los primeros años de vida, es para que no mueran de amor. De no ser por esta característica, ¿qué “beneficio” podría otorgarle a un individuo cuidar de una criatura que necesita higienización constante, gastos económicos elevados y una dependencia total para cualquier tipo de actividad? (¿quién nos dijo que todo se evalúa en parámetros de conveniencia y beneficio?) Ya nos topamos con casos reales en los cuales, a pesar de esta gran bondad celestial, padres abandonan a sus hijos… imaginémonos qué sucedería si no existiría este “bien” innato…

Hoy día hasta el saludo es parte de los “business”. Sonrisas por conveniencia. Acercamientos por interés. Frases cómicas “para quedar bien con el cliente”. ¿En dónde ha quedado, me pregunto, la sinceridad, la trasparencia y la amabilidad de por sí, tan sólo por tratar con individuos, con seres vivos, sin ningún interés creado? ¿Por qué nos cuesta tanto ser personas con cualquier persona? ¿Habrá que pensar siempre en términos económicos o de beneficio para tratar a los individuos como realmente lo merecen?

Todo ser vivo es consciente cuando se lo registra, cuando se lo valora, cuando se lo tiene en cuenta, cuando se le otorga un lugar entre todos, cuando se lo distingue. Las simples sonrisas, caricias, afectos y frases tiernas los ayudarán para comenzar sus primeros pasos con confianza y seguridad. Luego “la vida” dirá cómo manejarán el tema del afecto y la proximidad con sus pares, pero ¿qué mejor inicio que este para comenzar a socializar? (para socializar no es necesario hablar, el lenguaje corporal, no verbal, también cuenta… y mucho.)

Quizá no sea la mejor virtud para destacar. La belleza es casi innata (a menos que el lifting haya hecho de lo suyo…) No creo que sea muy meritoria aquella persona que nació con magnificencia y perfección encantadora. Valoraría más al individuo que luchó para modificar sus cualidades... pero los ojos tienen mucho poder… y no se lo puede negar.

Hace unos meses leí un slogan de una prepaga médica que anunciaba: “antes que pacientes, personas”. Más allá de la posible estrategia de marketing, debo reconocer que aquella frase me impactó. En los hospitales, muchas veces el individuo se convierte en un síntoma, en una enfermedad, en un objeto. En un ambiente muchas veces técnico y frío, las palabras de aliento se tornan sumamente significantes.

No hace mucho tiempo atrás sufrí unos pequeños desmayos. Para descartar cualquier enfermedad, en la guardia me enviaron a realizar todo tipo de control: tomografía computada, electrocardiograma, análisis de sangre, de orina, radiografías, etc. Me asusté mucho ya que todos esos términos eran nuevos para mí. Sentí mucho la frialdad de los médicos y el trato como “en fila de banco” que recibí (no quiero que esto se tome como generalización, fue mi experiencia personal y en un determinado hospital). Pero, en un momento dado, un enfermero que me acompañaba hasta la sala de estudios, muy inteligentemente me dijo: “no te preocupes, estás sano…al menos hasta que no se demuestre lo contrario, sí lo estás”. Recuerdo que tan sólo esas palabras me dieron aliento, me aliviaron. A fin de cuentas (inconscientemente o no), era lo que estaba buscando y nadie –salvo él- supo decodificar: que comprendan que todo era nuevo para mí y que me tranquilizaran.

Sin llegar ni a engañarme ni a consolarme, el profesional dijo la frase exacta que calmó mi ahogo. Siempre, siempre y siempre se debe ir con la verdad, y eso también aprecié de su parte. No tiene sentido mentir en pos de la salud. Mentir por sí solo ya no es salud…

El Shulján Aruj (Código de Leyes Judías) en el capítulo 231 de Oraj Jaim expresa: “… y también, todo provecho que el individuo tenga de este mundo que no tenga intención para su propio provecho personal, sino para cumplir con las Ordenes del Creador (para servirLo) […] Al dormir que no piense: “dormiré solamente para descansar mi cuerpo”, sino para reunir fuerzas que le posibiliten cumplir las Mitzvot (lo mismo con la comida y la bebida) […] y el que así se comportase, saldrá que Servirá a Di-s constantemente y en todas sus actividades”.

Aprendemos de aquí que existen maneras de cumplir preceptos aun cuando nos acostamos por las noches. Con cada segundo de sueño estaremos cumpliendo una Mitzvá aparte (siempre y cuando exista una verdadera intención de dormir para Servir a Di-s).

Y no solamente con las acciones personales se puede lograr esta categoría. Aun en nuestras relaciones interpersonales cotidianas podremos cumplir con lo antes mencionado: ya sea desde la profesión que sea, atendiendo un negocio, un kiosco, un local de ropa o simplemente contestando cordialmente un teléfono, podremos estar facilitando actitudes terapéuticas. ¿Cuántas veces nos quedamos mal por el trato recibido en un local? O, mejor dicho, ¿nunca nos sentimos atendidos de tal manera que afirmamos: “que lindo que existan este tipo de personas en el mundo”?

Descartando estrategias de marketing o comisiones por ventas, debemos intentar ser constantemente de esta manera. De proveer ese vínculo, esa atención y cordialidad más allá de los intereses comerciales. Simplemente para que un otro se sienta recibido, acompañado, respetado.

En mi corta experiencia como vendedor y dedicado a la atención al cliente, me doy cuenta que la mayoría de las personas que se acercan a consultar, buscan el buen trato. Uno puede sentir lo bien que se sienten cuando perciben que se los trata y se los valora como verdadero sujetos. Como individuos diferenciados y con la importancia que se merecen.

Muchas veces me encuentro con tarjeteros o volanteros. Observo frecuentemente que no pocas personas pasan por al lado de ellos ignorando aquel folleto. Mejor dicho, haciendo como aquel tarjetero no existiera. Para mis adentros pienso que aquellas personas deberán estar bastante apuradas y ocupadas. Por mi parte reflexiono que, si bien a veces corro contra reloj (creo que no seré el único), no pierdo nada al recibirlo, decirle “gracias” y por qué no, colaborar con la limpieza de las veredas arrojando el futuro residuo al cesto. El volantero se beneficia y yo no tengo pérdida alguna (salvo cuando llevo paraguas o muchas cosas en la mano que se complica).

En una oportunidad, una persona comentó que se encontraba recorriendo las calles de Londres y arrojó un papel al piso londinense. De repente, se le aparece una señora diciéndole: “Señor, se le ha caído este papel”. Asombrado, el hombre le contesta: “Gracias señora, pero ya no lo necesito…”. A lo que la mujer le replicó: “Londres tampoco…”

Sin dudas que con los valores tan desgastados no se necesitan tantos “magos” y “varitas mágicas” para ser partícipes de actitudes terapéuticas. Diariamente, a cada paso de nuestras vidas y hasta en nuestra profesión, podremos efectivizar este bien que tanto hace falta.

Tampoco es necesario ser psiquiatra, psicólogo, trabajador social o counselor. No pasa por poseer un título. Obteniéndolo solamente, no se acredita automáticamente esta calidad. Pasa por una cuestión de ser más que de saber, por una cuestión de actitud… Muchas veces, palabras sinceras y profundas o una escucha empática provenientes de un amigo, pueden hacer más que cientos de sesiones psicoanalíticas.

Quizá debamos comenzar por nuestros hogares. Es más sencillo brindarse al público, devolviéndonos este sus agradecimientos y alabanzas por nuestras actitudes: “¡qué buena persona!”, “¡gracias por ser tan bueno conmigo!”.

En muchas oportunidades nos ofrecemos hacia el afuera pero olvidamos el adentro: nuestra familia, compañeros de hogar. Allí erradica el verdadero “favor”. En donde, sabiendo que no recibiremos reconocimiento alguno, nos ocupamos por el bien de aquel miembro. Una ayuda incondicional, verdadera.

Solamente pensemos: ¿quién de nosotros no ha sufrido alguna vez? ¿Quién de nosotros no ha necesitado palabras de aliento en alguna ocasión? ¿Quién de nosotros no ha transitado una situación complicada y traumática?

No creo que muchos lectores puedan afirmar que nunca estuvieron tocados en alguno de estos aspectos. Y no porque sean débiles o indefensos, sino porque la vida nos presenta diariamente aquellos obstáculos. Esa es la esencia de nuestra existencia… pero con un fin positivo: que los podamos superar. Ayudemos a otros, la mayor parte del día posible que, seguro y más que seguro, también nos estaremos ayudando a nosotros mismos.

viernes, 30 de octubre de 2009

El Triple Filtro

Un día, un conocido se encontró con un gran sabio y le dijo: “¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?”. “Espera un minuto”, replicó el sabio, “antes que nada, quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo “el examen del triple filtro”.
“¿Examen del triple filtro?”, preguntó su conocido. “Correcto”, continuó el sabio. “Antes que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo de esa manera.

El primer filtro es la VERDAD. ¿Estás absolutamente seguro que lo que dirás será cierto?”. “No”, le dijo el hombre. “Realmente sólo escuché sobre eso y…”
“Bien”, dijo el sabio, “entonces realmente no sabe si aquello que dirás es cierto o no.

Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la BONDAD.
¿Será algo bueno lo que me contarás?”. “No, por el contrario…” “Entonces, deseas decirme algo no tan agradable de su persona, pero no estás seguro que sea cierto… Pero aun podría querer escucharlo porque queda un filtro, el filtro de la UTILIDAD.

¿Me servirá de algo saber lo que quieres contarme?”. “No, la verdad que no lo creo…”
“Bien”, concluyó el sabio, “si lo que deseas contarme no es cierto, ni bueno e incluso no me es útil, ¿para qué querría yo saberlo?”.


Publicación semanal "Or Mizrah" Nº394

jueves, 22 de octubre de 2009

Camino A Un Mundo Mejor

Muchas veces uno se pregunta: "¿vendrán tiempos mejores?, ¿las generaciones futuras vivirán en un mundo mejor?, ¿la humanidad podrá alcanzar la meta de la felicidad?". En teoría, vamos en camino a un mundo mejor. Los adelantos científicos y tecnológicos nos brindan cada vez mayor confort y una mejorada calidad de vida. Tan sólo pensar que desde un teléfono móvil podemos realizar una infinidad de tareas, nos da la sensación que tenemos el mundo en nuestras manos. Sin embargo, esa impresión que tenemos que la sociedad se dirige hacia una vida más alegre y feliz, dista mucho de la realidad. Parece ser que en la era en donde todo se hace cada vez más sencillo y fácil, al humano, por el contrario, todo le resulta cada vez más difícil.

Uno de los factores de este fenómeno es el asedio mediático que ejerce sobre la persona la obligación constante de alcanzar el éxito. Indudablemente, vivimos en una sociedad exitista en donde no se valora el esfuerzo sino el resultado. Y sólo puede haber un ganador a costa de un perdedor. De acuerdo a estos parámetros que nos impone la sociedad, el éxito es un privilegio para unos pocos. Empero, el concepto de "éxito" según la filosofía de la Torá es totalmente opuesta al del mundo secular y mucho más factible de lograr. La Torá en el libro "Bamidbar" (capítulo sexto), relata acerca de los preceptos que se refieren a aquella persona que quería consagrar su vida a Di-s por intermedio de proclamarse nazareno (básicamente tenía prohibido tomar vino y cortarse el cabello). El versículo agrega: "no podrá acercarse a un cadáver, ni siquiera si fuesen sus parientes cercanos, ya que lleva sobre sí la corona de Di-s".

¿A qué se debe esta corona? ¿Acaso las coronas no son para los reyes? La explicación es que la corona se transforma a la vez en el premio y en la recompensa por haber logrado superarse y haber podido abstenerse del beber vino, siendo este último uno de los posibles causantes de caer en pecados. Aprendemos de aquí que puede existir un ganador sin necesidad que haya un perdedor.

El refinamiento de la conducta del ser humano y el perfeccionamiento de sus cualidades, son logros propios que no dependen de nadie. Es por eso que la concepción de "rico", "fuerte" y "sabio" de nuestros sabios, es totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados a escuchar. Como dijo Ben Zomá en el Pirké Avot (4:1): “¿"Quién es el sabio? Aquel que aprende de todas las personas. ¿Quién es el rico? Aquel que está contento con su parte. ¿Quién es el fuerte? Aquel que domina su instinto". De acuerdo a nuestra Torá, la riqueza, la fortaleza y la sabiduría son valores absolutos e intrínsecos que dependen de nosotros mismos y no en comparación de algo o de alguien.

Por otra parte, del texto que recomendaron recitar los sabios luego de concluir una jornada de estudio o al culminar un tomo del Talmud, podemos comprender que cuando se trata de buenas acciones, el Todopoderoso no se fija en el resultado sino en el esfuerzo. Como decimos en el mismo: "nosotros nos esforzamos y recibimos pago; ellos se esfuerzan y no son recompensados". ¿Acaso existe alguien que trabaje y no reciba renumeración? La intención es la siguiente: toda persona que trabaja recibe un sueldo por los resultados obtenidos. Por ejemplo, un carpintero recibirá su pago contra entrega del producto encargado por el cliente. Pero nadie estaría dispuesto a pagarle por todo el esfuerzo y tiempo que invirtió si no recibiera nada a cambio. En lo que respecta a las buenas acciones, aun cuando no logremos nuestro cometido, Di-s recompensará nuestro esmero y empeño.

Por consiguiente, la clave del éxito es focalizar nuestros objetivos en mejorar como personas, pulir nuestros modales, perfeccionar nuestras cualidades y buscar el bien común.

Rab Isaac Chehebar

miércoles, 14 de octubre de 2009

El Ojo Que Todo Lo Observa...


"Rabí dice: ¿Cuál es el camino recto que debe elegir el hombre para sí mismo? Todo [camino] que es bello para quien lo hace y lo embellece ante su prójimo. Sé cuidadoso tanto con las mitzvot menos importantes como con las de mayor importancia, ya que tú no sabes la recompensa de las mitzvot. Calcula la pérdida que conlleva una mitzvá en contraposición con su recompensa, y la ganancia de una transgresión en contraposición con su pérdida. Observa tres cosas y no vendrás a pecar: Sabe qué es lo que hay por sobre ti: un ojo que ve, un oído que escucha, y todas tus acciones en el libro son registradas" (Pirké Avot 2:1).

Cuando se inventó la cámara fotográfica y el tocadiscos primitivo, le comentaron al Jafetz Jaim ZZ"L del nuevo descubrimiento, recalcándole que el mundo estaba avanzando a pasos agigantados con estas geniales innovaciones. A lo que el Rab contestó: "el mundo no está avanzando, está retrocediendo. Antes, la gente tenía una fe sincera y una plena seguridad en el "ojo que ve" y en el "oído que oye" celestiales. Sin embargo, en estos tiempos las personas se enfriaron y aquella fe se puso en tela de juicio: "¡¿un ojo que lo ve todo?!, ¡¿un oído que todo lo oye?!, ¡¿un libro en el que se escribe todo lo que sucede?!, ¡¿cómo es posible concebir algo así?!

Por ello fue necesario que Di-s haga bajar al mundo la cámara fotográfica para que las personas tengamos una idea de las imágenes que nos "toman" desde allí arriba. El tocadiscos para que estemos al tanto de las grabaciones que nos harán escuchar el día de mañana..."

En esta era moderna, esta reflexión de aquel maestro cobra otra dimensión. Los modelos con los cuales Di-s nos otorga una demostración de su Omnipresencia son más impactantes. Satélites espaciales navegando alrededor del planeta, filmando cada movimiento, diminutos aparatos inalámbricos grabando todo sonido aun a larga distancia, computadoras con capacidad para registrar y almacenar miles de millones de datos. Todo ello nos ayuda a captar lo ya expresado en el tratado de Avot: el hombre está bajo control y supervisión constante en cada uno de sus pasos.

Rab Yejezquel Levy

miércoles, 7 de octubre de 2009

La Respuesta De Un Sabio

Dos niños patinaban en un lago congelado de Alemania. Era una tarde nublada y fría. Los niños jugaban despreocupados.
De repente, el hielo se quebró y uno de los niños se cayó, quedando preso en la grieta del hielo. El otro, viendo a su amigo preso y congelándose, arrojó un patín y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas hasta, por fin, conseguir quebrarlo y liberar al compañero.

Cuando los bomberos llegaron y observaron lo ocurrido, preguntaron al héroe niño: “¿Cómo conseguiste hacer eso? ¡Es imposible que consiguieras partir el hielo, siendo tú tan pequeño y con tan pocas fuerzas!”. En ese momento, un sabio que merodeaba el lugar comentó: “Yo sí conozco la respuesta a su interrogante”. “¿Cuál es?”, le preguntaron. “Es sencillo", respondió, "no había nadie para decirle que no era capaz”.

Di-s nos hizo perfectos y no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Hacer o no algo, sólo depende de nuestra voluntad y perseverancia.

Publicación semanal "Or Mizrah" Nº392

viernes, 2 de octubre de 2009

Sucot: Eterna Convivencia



Los días estremecedores culminaron. El shofar, el mes de Elul, Rosh Hashaná, Iom Kipur, todo llegó a su fin. Un trabajo arduo de cuarenta días de duración.

Ahora se nos pide poner énfasis en la alegría. Acentuar que en la vida no todo es temor. Se nos exige estar alegres pues seguramente Di-s escuchó nuestras súplicas, sellándonos en el Libro de la Vida y de las buenas bendiciones. Tan es así la exigencia del júbilo y regocijo en estas fechas, que uno de los nombres propios de la festividad de Sucot es: “Jag Simjatenu” (la festividad de la alegría).

Bien sabemos que existen dos caminos posibles para servir al Todopoderoso:

1) Por temor al castigo y/o a Di-s, se busca cumplir con todos los preceptos lo mejor que se pueda.

2) Por un amor incondicional a Un Ser Supremo que Nos Creó y Nos brinda incontables beneficios a cada segundo de nuestra existencia, la persona siente que es un deber escuchar los dictámenes Divinos que Él Encomienda. Confía que Deseará lo mejor para su persona.

Sin dudas que un padre preferirá que su hijo lo respete más por amor que por temor. No hay margen a pensar que el sendero del miedo sembrará mejor el vínculo afectivo, que lo hará más consistente, más fuerte. De todas maneras, en el camino de las mitzvot (preceptos), el temor es uno de los posibles medios para el servicio Divino. Pero el camino del amor, se lleva la mejor parte… y la mejor paga también.

Venimos transcurriendo días y semanas de temor al juicio, a la Justicia Divina, a nuestro futuro en general. No sabemos qué dictaminarán desde los cielos para el año entrante, si tenemos los méritos suficientes. Por eso rezamos con fervor y de todo corazón. Todo ese trabajo es inducido hasta la festividad de Sucot. Al llegar esta misma Di-s nos dice: “ahora podemos comenzar el año con mayor optimismo. Estén alegres pues su `teshuvá` (retorno a las fuentes) fue aceptada. Ya no Me Sirvan por temor, ahora quiero que el amor nos una y sea nuestro nexo de comunicación, nuestro lenguaje”.

Y si prestamos bien atención, observaremos que existe un ascenso gradual del nivel solicitado: primeramente comenzamos el retorno con el temor como pilar (en los días del mes de Elul y a posteriori), pero finalizamos los días festivos en el crepúsculo de la relación: con amor y fraternidad como norma.

Hashem nos invita a su casa y pide convivir con nosotros. “Ahora que nos una la alegría”. Y así realmente sucede… el que tiene el mérito de realizar una Sucá en su propiedad, construye una pequeña cabaña para que repose la Divinidad. Di-s se acerca a nosotros pues busca que nos alegremos en Su festividad.

Pero… la convivencia no es fácil...
Si existe algo que hoy en día todos tenemos amplio conocimiento sobre ello, son los tan afamados conflictos conyugales entre parejas y matrimonios. Un buen día se amaban profundamente, se fueron a convivir juntos; y a la semana, casi como por arte de magia, ya siquiera podían verse el rostro.

¿Qué sucedió?, ¿qué fue lo que hizo cambiar tanto de parecer a estos “enamorados”?, ¿no era que se amaban?, ¿no se juraban “amor eterno” hace unos días? La convivencia… hay muchas situaciones que se descubren únicamente conviviendo con la otra persona.

En realidad, Hashem siempre quiere convivir con nosotros, todo el año. Sólo que en estos días poseemos un medio material el cual podemos aprovechar como objeto motivador para cumplir este mandato. Si no podemos efectuarlo durante todo el año, al menos aprovechemos esta oportunidad única más objetivizada.

A tal punto nos desea como “compañeros de hogar” que Rabí Janiná nos enseñó que (Makot 23 b): “Quiso Di-s ameritar al Pueblo de Israel por ende les aumentó a ellos en Torá y preceptos…” ¿Y esto por qué?, ¿para qué son necesarios 613 mitzvot? Nos contesta el sabio: para que tengamos presente a Di-s a cada segundo de nuestra cotidianeidad, a cada paso a efectuar, siendo así más sencillo seguir Sus caminos. Para ameritarnos. Descomprimirnos la labor. Recordatorios a cada momento que se representan con conductas diarias. En la vida de los preceptos, ¡tenemos leyes hasta para ir al lavabo!

Pero… ¿podremos convivir con otro Ser sin antes conseguir convivir con nosotros mismos? Bien sabemos que el individuo nace, vive y muere (Di-s no permita) en sociedad. También en lo que refiere a los preceptos, existen cantidades de estos que pueden efectuarse exclusivamente con la presencia de un compañero, de un prójimo. Claro que es más que suficiente para darnos cuenta que no podemos apartarnos de todos y vivir en soledad. Cada uno es indispensable para el sistema social (¿se imaginan si cada uno de nosotros debería ser a la vez doctor, escribano, vendedor, zapatero, tapicero, cerrajero, verdulero y ascensorista?). Todos necesitamos de todos para cubrir la mayoría de nuestras necesidades. Pero… ¿puedo convivir con un otro si antes no logro convivir conmigo mismo?, ¿si previamente no alcanzo aceptar mis defectos, mis falencias, mis errores, como así también, a reconocer mis virtudes?
Convivamos con Hashem, claro. Pero también intentemos analizar nuestro estado interno e interpersonal cotidiano.

¿En dónde se nos ordena convivir con Di-s?, ¿en qué sitio? En una simple cabaña. Sin bien las leyes de la construcción de la misma no son tan simples como construir cualquiera de ellas en la práctica, bien sabemos que las paredes puede ser de cualquier tipo de material, mientras cumplan el requisitos de ser firmes y que ningún viento predecible las balancee.

La medida mínima del ancho de una Sucá debe ser de siete puños por siete puños (7x7). La altura, mínimamente de diez puños (10). Si multiplicamos la medida del largo por la del ancho, nos dará como resultado 70 (7x10). ¿Casualidad? Para nada…

La Sucá representa la vida de la persona. Tal como nos enseña el Rey David en Tehilim: “Nuestra vida dura apenas setenta años, y ochenta, si tenemos más vigor…” (90:10). Por más lujos, poder o bienes que poseyemos, nuestra vida es pasajera. El Zohar (volumen 3) nos dice que: “el ser humano transita por este mundo considerándolo como si fuese propio de él, que se quedará viviendo en él eternamente.” Es una realidad. Pensamos que todo lo tenemos. Justamente Sucot nos viene a enseñar que todo tiene carácter transitorio. Todo es un “medio para…” y no un fin en sí mismo.

El Rab Amnon Itzjack explicó en una oportunidad que la criatura, ni bien sale al mundo, lo hace con las manos cerradas, simbolizando el afán del humano por llevarse muchas cosas como pertenencia. Lamentablemente, todos conocemos muy bien cómo se retira la persona del universo: con las manos abiertas. Demostrando finalmente que todo lo que se quiso apropiar, nada (excepto su alma y sus buenas acciones) pudo llevarse consigo.

Siguiendo con las leyes concernientes al armado de la Sucá, nuestros sabios nos enseñan que el techo debe estar compuesto solamente por ramas, plantas o yuyos que crezcan de la tierra y que estén arrancadas de la misma (un árbol arraigado a la tierra no serviría).

Claro que lo material debemos utilizarlo. Debemos darle un provecho. Pero… siempre y cuando esté “cortado” de la “tierra”. Si las “ramas” se encuentran “podadas”, entonces adelante… tu misión va encaminada; tratas de combinar lo material con lo espiritual. Pero si lo “terrenal” pasa a ser el fin y no el medio de la vida, si no “cortas” aquellas “raíces”, entonces tu Sucá no es apta. Tu vida no está encarrilada de manera óptima.
A fin de cuenta deberíamos repreguntarnos: ¿somos esclavos de los bienes que tenemos?, ¿o estos nos ayudan a elevarnos?

En una oportunidad un gran hombre de negocios se acercó al Rab Aharon Kotler ZZ”L para realizarle una pregunta: “mire Rab, soy una persona sumamente ocupada con mi sustento. ¡Realmente no poseo tiempo para nada! Tal es mi pena que no sé cómo organizarme para estudiar Torá. Entiendo la vital importancia de la misma. Es más, en la actualidad mantengo casas de estudios de este tipo. Puedo aumentar aún más este estilo de actos, ¿pero yo estudiar? ¡Imposible! No me dan los tiempos…en realidad yo quería saber si tendré “Mundo Venidero” por así comportarme…” El Rab lo miró unos segundos y le dijo: “Mundo Venidero seguro que tendrás, tus acciones son filantrópicas, que de eso no te queden dudas. Pero, ¿qué pasará con tu “Este Mundo”?, ¿acaso no lo deseas tener también?”.

Por otra parte, tenemos el precepto de las cuatro especies. Bien todos sabemos que cada una representa a un grupo determinado de personas:

a) Etrog (cidro): posee gusto y aroma. Apunta a los individuos que estudian Torá y se comportan con buenas cualidades.

b) Lulav (palma de palmera): tiene gusto pero no aroma. Representa las personas que tienen sabiduría pero no actos de bien.

c) Adás (mirto): tiene una buena fragancia, pero no es comestible. Representa una persona que tiene buenos actos, pero no tiene sabiduría.

d) Aravá (sauce): no tiene ni sabor ni olor. Se trata de una persona que no tiene ni buenas obras ni tampoco la sabiduría de la Torá.

Con estas cuatro especies, cuando las juntamos pronunciamos una bendición. Cabe recalcar que, para poder pronunciarla, es necesaria la presencia de TODOS los ejemplares. Habiendo dos etrogim pero sin encontrarse un lulav o una aravá, está prohibido recitar la bendición.
Si queremos que la bendición Divina repose sobre nosotros, debemos unirnos. Sin unión, no hay bendición ni nuestra ni de Hashem. Todas las especies deben estar juntas para recitarla. Aprender uno del otro. Atraer a otras personas alejadas del camino. Pero, antes que nada, saber aceptar incondicionalmente el nivel de otros individuos. Reconocer la diversidad. Entender que no todos corrieron (y corren) la misma suerte.

Esta unión característica podemos observarla durante todos los rezos. Si puntualizamos bien nos daremos cuenta que las súplicas son siempre en plural: “cúranos”, “perdónanos”, “remídenos” (ver “Amidá”). No pedimos por nosotros mismos sin antes recordar que pertenecemos a un todo. Que somos un verdadero rizoma existencial.

El Jafetz Jaim ZZ"L fue consultado acerca de las distintas costumbres que llevan a cabo los judíos de diferentes comunidades de distinto origen. Respondió: "Las diferencias entre los distintos modos de servir al Creador (dentro de quienes observan la ley acorde al Shulján Arruj), no son perjudiciales, sino -al contrario- responden a diferentes lugares por los cuales pasó nuestro exilio y los cuales reforzaron los aspectos internos de diversos grupos de Iehudim de diferentes orígenes. La suma de todas estas costumbres hace a la armonía del Am Israel. Intentar anular una costumbre a favor de otra, sería equivalente a anular una de las diferentes fuerzas dentro de un ejército (los tanques no reemplazan a los aviones, ni estos hacen la tarea de la infantería.) Ashkenazim y Sefaradim, Jasidim y Mitnagdim deben sumar sus bríos y energías -sin suprimirse unos a los otros- para crear la sinfonía que hace a la victoria espiritual esperada, al igual en que la tarea de los Cohanim, Levihim e Israelim, en su conjunto cumplían con la obra exigida por Di-s" (“VeSamajta BeJagueja", páginas 268/269).

“Y te alegrarás en tus fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, y el extranjero, y el huérfano y la viuda que viven en tus portones” (Devarim 16:14).

“Siete días celebrarás fiesta solemne a Hashem, tu Di-s, en el lugar que el Eterno escogiere; porque Te habrá bendecido en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre” (Devarim 16:15).

Tal como antes mencionamos previamente, en la festividad de Sucot se puntualiza enfocarnos en la “simjá”, en la alegría. También repasamos algunas leyes concernientes a la construcción de la Sucá: todo debe ser muy rudimentario y pasajero.

Pero… ¿cómo podremos estar felices habitando en pequeñas chozas apenas amuebladas?, ¿no estaríamos más alegres en nuestros verdaderos hogares?, ¿acaso no se contradice aquello de “vivir pasajeramente en Sucot” con estar alegres siceramente?

Generalmente todo lo que entristece a la persona es la envidia, los celos el “no poder llegar a…”, el anhelar más, la ambición, el deseo. Practicando e internalizado que en este mundo todo tiene categoría de inmortal, de pasajero, llegaremos a no mirar tanto lo que no poseemos y enfocarnos en lo que sí tenemos. Y allí radica la verdadera felicidad: cuando podemos valorar lo que Di-s nos manda. Así nos enseña Ben Zomá en el Pirké Avot (4:1): “¿Quién es el rico? Aquel que está contento con su parte…”

Por ello no se contradicen los conceptos. Por más cómodos y felices que podamos estar en nuestros hogares estables, por más lujo y confort que allí exista, no es hacia aquello lo que nosotros anhelamos. Lo material no es lo que nos produce verdadera felicidad y paz interior.
De esta manera seremos más felices, no estaremos alertas al auto último modelo que se compró nuestro vecino y pondremos más énfasis y energía para convivir de la mejor manera posible con Di-s y con nuestros semejantes. Pero antes… ¿y por casa cómo andamos?

jueves, 24 de septiembre de 2009

Iom Kipur: El Quitamanchas Espiritual


“¿Cuándo se pide perdón, antes de Rosh Hashaná o antes de Iom Kipur?”. De esta manera comenzaba recientemente a recibir la víspera del año nuevo. Con una pregunta.

“Las faltas entre una persona y su semejante, el Día de Iom Kipur no expía sobre ellas hasta que se dirija hacia su compañero, le pida perdón y esté último lo disculpe” (Shulján Aruj –Código de Leyes Judías- Capítulo 606).

Sin dudas que aquel individuo que me consultó tenía bien claro este concepto. De sus palabras deduje que en ningún momento titubeó de lo que nuestros sabios indican. Pareciera querer cumplir con lo que Di-s manda en totalidad sin pérdida de detalle alguno.

Si bien es cierto que no hay mejor manera que comenzar un año nuevo liberándose de todos los accionares negativos pasados (y así es como los eruditos nos ordenan que hagamos), no quedan dudas que no debemos esperar a estas solemnes fechas para efectuarlo. Todo el año (“Open 25 Hs.”) es propicio para solicitar un perdón profundo y sincero (siempre y cuando corresponda, claro).

Tengo mis sospechas qué tan fructífero se torna dirigirse a todo nuestro entorno social y exclamarle individualmente a cada uno: “¿me perdonas por todo lo que te hice en el año?”. Habría que analizar cómo toma el receptor aquellas “disculpas”. En oportunidades existen situaciones puntuales que se tratan de esquivar con estos “perdones generalizados”, que terminan encubriendo las heridas más que sanándolas.

En nuestros días en donde el auge del “se” es el verdadero protagonista de la historia, nadie quiere quedarse fuera del círculo. Todos queremos estar “dentro”, ser parte, pertenecer. “¿Cuándo se pide perdón?”. Todo tiene que tener una fecha y un momento específico, no sea cosa que se pida perdón cuando no corresponda y cuando nadie lo hiciera…Y así ocurre en innumerables situaciones de la vida diaria: ¿qué se usa?, ¿qué se hace?, ¿qué se dice?, ¿qué se practica?

Generalmente tendemos a pedir disculpas por sucesos intrascendentes. Si accidentalmente pisamos el pié de algún compañero, corremos a excusarnos con un angustiado: “lo siento, no fue mi intención”. Debemos saber que este tipo de heridas no afectan los sentimientos. Además, el perdón sale automáticamente sin prestarle demasiada atención y en equivalencia a un ataque suave (adaptado de un escrito del Rab Simja Cohen).

El paso del tiempo es un factor que nada ayuda para acercarnos y reconocer nuestros errores. Ya sea por vergüenza, bronca o pensamientos que cada uno va imaginando en el profundo mar que genera su mente, se torna sumamente difícil conciliar una disputa cuando la misma tuvo lugar hace varios meses o años. Nadie quiere ceder. Todos esperan a que el otro se acerque. La situación se encajona. El disgusto también.

En muchas oportunidades el agresor no se acerca a pedir disculpas porque realmente no tiene conocimiento de su falta. No pocas veces sucede que algún accionar nuestro termina siendo una ofensa para un tercero, aún sin quererlo.

En el trayecto del Bet Hakneset a mi casa, diariamente me cruzo con otras personas que se dirigen a rezar a otros “Minianim”.
Hace unos cuantos meses me sorprendía cuando saludaba a personas del Templo y estas no me contestaban el saludo. ” ¿Qué pasa aquí?, ¿por qué la gente es tan maleducada y no me responde?”, pensaba internamente.
Mi sorpresa fue aun mayor cuando descubrí que en otros ámbitos en los que me manejaba también mi saludo no obtenía respuesta alguna. Algo no andaba bien. “¿Acaso todos tienen problemas conmigo?”, me preguntaba.
Tristeza al enterarme que era yo quien saludaba con un tono bajo, casi imperceptible. Paradójica situación: en un mismo momento, quizá las otras personas pensaban de mí, lo mismo que yo de ellas...


Todos los individuos poseemos percepciones diferentes de la vida. De las cosas. De todo nuestro alrededor. Lo que para uno es un halago, para otro puede ser una ofensa. Para lo que uno puede ser beneficioso, para otro puede ser perjudicial.

Nadie percibe todo lo que es físicamente perceptible. Nuestro aparato mental no es una máquina registradora indiferente y dispuesta a otorgar igual importancia a todos los estímulos que impresionan los órganos sensoriales. La percepción es una función selectiva. Esta selectividad cumple una función.

Los objetos que juegan el rol principal en la percepción organizada, los objetos acentuados, son generalmente aquellos que responden a algún propósito actual del sujeto percipiente. Será también necesario develar la significación que toman los objetos cuando son percibidos.

Nada es más conocido que la influencia de las necesidades, de las disposiciones mentales, del humor, sobre la elección de los objetos destinados a jugar el rol principal en la percepción.

Las necesidades ejercen influencia sobre la significación de los aspectos perceptivos seleccionados por la atención. Ya hemos visto por las experiencias de Bruner y Goodman que la percepción inmediata de los objetos ambiguos es “informada” (shaped) por el hambre que experimentan los sujetos y que el tamaño aparente de una moneda es apreciado de diferente manera según la intensidad del deseo del dinero -más fuerte en los niños pobres que en los niños ricos- (“Theory and problems in social psychology”, KRECH, D. y CRUTCHFIELD, R.S.)


Gracias a Di-s la diversidad humana existe y es infinita. Cada uno tiene sus potenciales particulares y por ende, difiere la misión específica de cada individuo en este mundo. También existen diversidades respecto al cumplimiento de las mitzvot (preceptos): existen aquellos a los que les cuesta madrugar para rezar, a otros no les es difícil levantarse pero sí recitar todas las bendiciones anteriores y posteriores a la ingesta de alimentos… y los ejemplos se pueden extender. Y mucho….

Esto hace que el pueblo de Israel sea “Ejad”, es decir, “Uno”. Todos nos complementamos en una unidad y es por eso que nos indican repetidamente y con tanto énfasis que: “kol Israel harebím ze la zé” (todos Israel es garante el uno por el otro). Si bien cada uno es físicamente individual y separado de su compañero, hay un objetivo en común que nos une: servir a Hashem.

En una oportunidad un judío que estaba alejado del camino de la Torá le preguntó al Rab Amnon Itzjak: “usted dice que hay que retornar a las fuentes… supongamos que yo siga esos pasos… ¿qué línea debería seguir?, ¿a los ashkenazim?, ¿a los sefaradim?, ¿a los temanim?, o, acaso, ¿a los jasidim? ¡Son muchas costumbres distintas! ¿Cuál es la “verdadera”?

A lo que el Rab muy sabiamente contestó: “en el ejército los marineros no interfieren en el trabajo de los aviadores, y tampoco los soldados en las labores de estos últimos, todos tiran para el mismo lado. Se comportan de distinta manera porque cada uno tiene su misión en las distintas partes del territorio, pero todos tienen un objetivo en común en la batalla: vencer al enemigo.
De la misma manera tanto los ashkenazim, como los sefaradim y las distintas líneas, aun teniendo costumbres distintas, se unen en sus raíces con un mismo propósito: servir a Di-s.


Nada mejor que anticiparnos y evitar que estos enredos sucedan. Intentar de solucionar las cosas lo antes posible. Aclarar los malos entendidos desde un principio para que la minúscula chispa no culmine en una incesante y destructiva hoguera. Los grandes problemas suelen comenzar por pequeños e insignificantes actos.

Facilitar una comunicación sana y fluida es esencial para resolver este tipo de inconvenientes. Estar abiertos a que nos exclamen las dificultades de frente, motiva a que terceros nos transmitan lo que verdaderamente sientan. Muchas veces evitamos decir lo que sentimos o pensamos por temor a que el otro se enoje o reaccione de mala manera para con nosotros. Si nuestro entorno conoce (¡y comprueba en la práctica!) que no pertenecemos a ese tipo de personas, probablemente el canal del diálogo se resquebraje y podremos evitar dificultades invitando a los demás al coloquio formal.

Sería bueno aproximarse hacia aquellos que nos ofenden u ofendieron en algún momento dado, tratando de comentarles lo que sentimos. Dirigiéndose con respeto y cordialidad, no hay motivos “lógicos” que indiquen que el agresor se deba enfadar…
Recordemos que para que tenga lugar una pelea o discusión es necesario que existan dos personas predispuestas a hacerlo…

Quizá responda: “disculpa, no sabía que te molestaría mi comentario”… o no... Pero si no probamos no podremos saberlo tampoco.

Entiendo que no es fácil así conducirse, pero en más de una oportunidad este accionar me posibilitó aclarar diversos temas. Y me he llevado sorpresas… No solamente se aclararon los malos entendidos, sino que la relación salió fortificada luego de aquel suceso. Se profundizó.

Habiendo realmente un motivo y una conducta explícita de agresión hacia nosotros, esto no nos exime del mandamiento: “con justicia juzgarás a tu compañero” (Vaikrá 19:15) , es decir, siempre debemos pensar para bien, independientemente de lo que nuestros ojos observen.

¿Cuántas veces nos levantamos con el pié izquierdo? ¿Discutimos con nuestros hijos? ¿En cuántas oportunidades nos peleamos con alguno de nuestros familiares cercanos? ¿Cuántas veces tuvimos disputas con nuestras parejas? ¿Problemas laborales? ¿Dificultades económicas que nos acechan? ¿Inconvenientes sociales o problemas de salud?

Todas estas situaciones (y similares) que se puedan dar, en más de una oportunidad nos tornan y nos tornaron sensibles y/o agresivos. Contemplar que somos humanos y que hasta en nuestros propios pellejos convivimos con estos sucesos. En ocasiones pasamos a estar del otro lado, siendo los agresores, “motivados” por estos factores bio-psico-sociales. Nadie está las 24 hs. del día con todos los individuos con los que se relaciona para percibir qué anda pasando en cada mundo interno. Pero, más allá de todo, no debemos ser muy sabios para comprender que estos trances pueden suceder a diario y es normal que ocurran…

Habiéndose acercado finalmente hacia nosotros para pedirnos disculpas, no debemos ser crueles con aquel. Si tuvo el “coraje” de perdonar su “honor” y la valentía para aproximarse, algo nos está queriendo decir. Su actitud refleja que está dispuesto a efectuar un cambio, que está predispuesto a escucharnos. ¿Qué mejor momento, entonces, para aclarar las cosas que en este mismo momento? Porque, a fin de cuentas, un perdón “falso” y superficial no tiene valor ni para quien lo pide ni para quien lo otorga.

Siempre y cuando utilicemos un tono suave, comprensivo y empático, logrando una transparencia y sinceridad ideal, nada tenemos en contra para alcanzar una posible resolución. “No creo que haya sido tu intención, pero me molestó cuando dijiste…”, “no me gustó el trato que me diste el otro día, ¿tal vez tus problemas con el jefe influyeron en tu conducta?”.

Además, valorando su accionar estaríamos “enseñándole” a no temer ante una posible próxima disputa social y aclarar los asuntos en su debido momento. Un aprendizaje eterno que se torna un gran precepto a lo largo de toda su vida (se evitaría muchos dolores de cabeza… y más cosas también…)

Y si de todas maneras estamos dolidos porque aquel otro que no se nos acercó a pedirnos disculpas antes de “Iom Kipur”, y tampoco sentimos que podemos acercarnos a él, debemos perdonarlos internamente.
“¿Qué cosa?, ¿¡perdonarlo?! ¡De qué me hablas! Por lo visto no sabes lo tanto que dañó a mi familia…”. ¡Qué trabajo tenemos!

Pero tan solo siendo conscientes que todas las conductas habidas y por haber pasan antes por la aprobación de un Todopoderoso que Nos ama y Quiere nuestro bien, no quedan dudas que los agresores físicos son simplemente enviados de Él. Si quien sea deseó dañarnos y del Cielo no le otorgaron el poder para hacerlo, ¿acaso podría lograrlo?, ¿acaso hay algo que escape a Di-s?

En Rosh Hashaná se acostumbra a decir cada uno a su compañero: “¡Shaná Tová HuMetuká!”, es decir, “¡(que tengas un) año bueno y dulce!”. Si se desea que el año sea “bueno”, ¿es necesario agregar que aparte sea "dulce"?, ¿acaso lo bueno no es dulce también?
Realmente todo lo que manda Di-s es para bien. A nuestros ojos es probable que no todo sea palpable como “bueno”, pero desde la perspectiva Divina sí lo es. Hashem siempre quiere el bien para sus criaturas. Sucede que no siempre podemos comprender cómo circunstancias tan dolorosas son a la vez beneficiosas para nosotros. Por ello mismo pedimos un año “bueno y dulce”, deseando no sólo recibir todo lo bueno, ya que eso siempre sucede, sino que, además, podamos percibir el bien de manera abierta y observable a nuestros ojos (dulce).


Si Di-s perdonó al pueblo de Israel en el desierto, luego de adorar a un Becerro de Oro y a poco tiempo de haber observado milagros Divinos, y diariamente nos perdona a nosotros mismos, ¿cómo nosotros no podríamos perdonar a nuestro semejante?, ¿acaso nuestro honor es más que el de Di-s?

“No me sale perdonar. No puedo hacerlo. Hay algo que me impide y no puedo luchar contra aquello”. Descuida, comienza por querer perdonar. Teniendo disposición ya es otro el panorama. A veces un perdón sincero lleva meses y años de trabajo interno, pero hasta que no exista una predisposición para comenzar, muy difícil será perdonar repentinamente.

En una oportunidad escuché en nombre del Jafetz Jaim ZZ”L que aquella persona que quiera apaciguar el odio interno que lleva en su corazón, que salude a su agresor. Un apretón de manos, una movida de cabeza o un beso (según las costumbres de cada uno…), mágicamente borran mucho rencor y odio.

No me pregunten cuál es la explicación técnica de este accionar, pero realmente es asombroso observar como se cumplen las palabras de este gran sabio siguiendo sus consejos.

No caben dudas que tenemos que trabajar mucho para solicitar y otorgar un perdón sincero, veraz, que no sea de la boca para afuera. Ni que hablar del trabajo para acercarnos a pedir sinceras disculpas. Queriendo llegar ya vamos por el buen camino. Reconozcamos que somos humanos, que podemos fallar. Y que otros también pueden hacerlo. Perdonémoslos también. Salvo a uno: al ietzer hará (instinto del mal).

martes, 15 de septiembre de 2009

Mensaje De Rosh HaShaná





Como todos sabemos, el “fin” de año se aproxima… mejor dicho, el principio de un nuevo año se acerca.
Cada uno sabrá hacer sus cálculos y estimar qué tan positivo pudo llegar a ser y qué cuántas otras cosas deberá corregir. También existirán personas las cuales piensen que no deben cambiar nada, que todo está “bien” así, que no hay nada mejor que se pueda hacer. No me voy a meter en eso. Esa es una elección íntima y personal.

Más allá de los errores, éxitos y faltas, desde lo personal, este año me enseñó fundamentalmente que se debe ser más tolerante con los demás. Dejar pasar…
Si bien a nadie le gusta que lo ofendan ni lo “pasen por arriba”, eso no otorga ni derecho ni valor para “hacernos valer” de la manera que pensamos que corresponde. Existen otras personas más allá de nosotros que también sienten y sufren nuestras contestaciones. Que a pesar de su “crueldad”, “maldad” o “arrogancia” también tienen sentimientos.

Estimo que nunca jamás se podrá saber a ciencia exacta a cuántas personas dañamos en nuestras vidas. Muchas veces todo queda en el “olvido”, pero guardado en las entrañas del agredido. Y no comunicarlo puede generar problemas para un posible agresor y obviamente para la víctima misma.

No olvidemos lo que nos enseña el Talmud en el tratado de Rosh Hashaná (17 a): “quien deja pasar su cualidad (no es vengativo ni rencoroso), le dejan pasar sus pecados" (el juicio no será estricto con él).
Porque a fin de cuentas Hashem se comporta con nosotros “midá kenegud midá”, es decir, de la misma manera que nosotros nos comportamos con el otro (“la misma moneda”).

Y no solamente por el "temor" a cómo se comporten "de arriba" con nosotros, sino por nosotros mismos, por nuestra salud mental y física debemos ser más tolerantes. Después de todo, combatir los nervios y el stress hoy en día, no es tarea sencilla...

En segundo punto quería agradecerles a los lectores por estos meses en línea. Sé que no son muchos, pero también tengo entendido que valoran lo que escribo y eso me enriquece enormemente. Sabiendo lo que implica que aun una persona, tan sólo una, se beneficie con los artículos, entonces mi tarea ya está cumplida. Un insight individual puede cambiar mundos enteros. Y más siendo concientes de la influencia de tan sólo una persona en los grupos sociales que ella integra: familiar, laboral, con amistades. Y el valor del estudio de la Torá, es invaluable independientemente de cuántas personas la estudien.

Tal como escribía en la “Introducción al Blog”, allá, por el mes de marzo, lo que postulo desde aquí es que: “Las corridas con las que nos topamos en este ya avanzado siglo XXI, a veces no nos dan lugar a la reflexión e introspección personal para la auto-superación y desarrollo personal.
Momentos libres a los que le dediquemos un espacio para aquello, se tornan imposibles de encontrar. Ya no se piensa en contemplar el cielo unos minutos, o -para los que pueden- observar las olas del mar golpeándose contra la escollera, pensando en el existir cotidiano, en las cosas de todos los días.
Tenemos toda la agenda ocupada y muy llena; parece ser que ya no hay tiempo ni para los propios hijos...

Desde aquí, este pequeño espacio que me da la Web, trataré de transmitir las reflexiones y mensajes que la vida me enseña a cada minuto de este existir.
Todas las ópticas, expresiones y deducciones no se basan ni en las ciencias ni en la filosofía socrática o platónica... una mirada desde mi propia experiencia, desde mi propio vivir, anexada a esta misma la opinión de nuestros Sabios y las escrituras Sagradas, ya sea la Torá escrita como la Torá oral”.

Creo que más que nada se apuntó a darle significado y valor a las relaciones interpersonales del día a día. A detenerse y pensar acerca del cómo tratamos a un otro eterno que siempre estará cerca nuestro, queramos o no. Porque a fin de cuentas Hashem quiso que convivamos en comunidad y en contacto interpersonal continúo (y se ve reflejado en los múltiples preceptos que Di-s nos encomendó los cuales, algunos, se pueden llegar a cumplir únicamente mediante el trato con el compañero).

En un mundo competitivo en donde aquel que logra hundir o ahogar primero al otro es el que prevalece y el “afortunado”, en estos tiempos que la ley del más fuerte gana, no queda más remedio para nosotros que intensificar la búsqueda de lo humano por sobre la arrogancia del poder.
El hombre en búsqueda intensa de su pleno “bienestar” y observándose solamente a él, desemboca directamente en individuos aprovechadores de pobres indefensos. Tales son los casos de falsificadores de medicamentos oncológicos, médicos realizando intervenciones quirúrgicas innecesarias (cesáreas), aprovechadores de pobres desesperanzados que ofrecen reconciliarse con sus parejas anteriores por “módicos precios” y en “simples rápidos pasos”, entre otros.

No existen dudas que el modo de vincularnos actual es preocupante. El panorama es abruptamente desalentador. Pero... eso no quita que no debamos hacer méritos y luchar para no caer en aquellos abismos espirituales. El ventajismo y la “elite” podrán dominar el mundo. Es nuestro deber darles pelea y que no les sea tan sencillo ganar la batalla.

En una oportunidad una persona le preguntó al Rab Israel Salanter ZZ”L: “querido Rabino, me gustaría que me aconsejara qué `kavaná` (intención, pensamiento) efectuar al vestirme el `talet`. ¿Qué me recomienda?”. A lo que el erudito respondió: “trata de pensar en que, cuando te envuelvas en él, no golpees con los flecos (tzitzit) a tu compañero que se encuentra detrás de ti. Esa es la mejor `kavaná` que puedes pensar…”

Para aquellas personas que lo desconocían, les cuento que hace un tiempo el creador del sitio “Judaísmo Virtual” (Daniel Deshe) me ha otorgado el honor de poseer una columna personal en su magnífica página.
En más de una oportunidad incorporó artículos propios en la portada principal del site y envió masivamente estos mismos mediante sus newsletters semanales, llegando estos a cientos de personas dispersas por todo el mundo.
Mis múltiples agradecimientos hacia él también y hacia aquellas personas que me leen desde allí y hacen sus comentarios respectivos.

Por último, les pido disculpas por no poder escribir artículos personales más frecuentemente. Como muchas veces observarán, en oportunidades selecciono extracciones de otras fuentes.
En un principio, la idea del Blog era solamente publicar elaboraciones propias, pero soy tan meticuloso y detallista con las correcciones, modificaciones e incrementaciones , que el sólo hecho de escribir ya me lleva mucho tiempo. Más del que imaginan…

Por ello, para leer acerca de “Rosh Hashaná” y “Iamim Noraim” remito a los primeros posts creados del Blog: “El invitado principal” y “En piloto automático”. ¡Que los disfruten!


¡Gmar Jatimá Tová! ¡Tizkú LeShanim Rabot Nehimot Be Tovot!
Alan J. Owsiany

jueves, 10 de septiembre de 2009

Boca Cerrada No Entran Moscas


Sin dudas, si existe alguna facultad la cual no cueste “nada” activarla es la cualidad del habla. “¡Hablas porque el aire es gratis!”, se oye reprochar en situaciones cotidianas no pocas.

Ya sea en reuniones con amigos, en congresos de trabajo, asambleas de consorcio o simplemente descargándose contra el personal en la fila de un banco, todo momento parece ser propicio para que la lengua tenga su “guión teatral”.

A veces, ante la incertidumbre de cómo comenzar la conversación, de cómo “romper el hielo”, se atina a blasfemar a otras personas o contar “novedades” acerca de quién o cuál se peleó con quién, o bien, quién produjo el papelón del siglo al vestirse de manera extravagante en la fiesta del domingo anterior. Quién dice y tal vez, se logre el título del “novedoso”, que tiene las noticias como “pan caliente”, que por fin será escuchado y se lo validará como sujeto, como “persona importante”.

Finalmente todas son excusas de un único mal: las malas lenguas.

No solamente existe una prohibición explícita de la Torá la cual condena a aquella persona que difama a otra, sino que también existen otros “detalles” no menores, los cuales nos ligan estrechamente con el honor y respeto de nuestro semejante.

Sólo por citar alguno de ellos:

Si un amigo se aproximó hacia mí y me contó que en unos días tendrá una entrevista laboral, aún sin especificación por parte de él advirtiendo que no lo puedo contar a “nadie” y sin que aquel relato tenga algo de “malo”, está prohibido narrarlo a terceros. Solamente si él me explicitó en forma precisa que “esto sí lo puedes contar”, me está permitido hacerlo. Es decir, si no afirmó claramente que se puede contar, no puedo divulgarlo.

Nuestros sabios nos enseñan que el hablar defectuosamente de otra persona no sólo daña espiritualmente al que lo comenta y al que lo escucha, sino que hasta la misma víctima es perjudicada.

Es más que comprobable que aunque el agresor desmienta fehacientemente delante de sus oyentes que su relato pasado era totalmente mentira y que buscó simplemente difamar a su contrincante (“motzí shem rah”), esas personas ya no miran con los mismos ojos a la pasada víctima. Es sumamente difícil que la reputación interna que poseían de aquel sujeto antes de la difamación, retorne al estado pulcro anterior. Siempre algo queda (¿o acaso es lo mismo una prenda nueva, recién salida de la tienda, que otra también nueva pero con una pequeña mancha y blanqueada por la mejor tintorería?).

Me asombro en demasía cuando alguien me comenta: “te cuento esto pero por favor no lo hagas público. Me advirtieron que no lo divulgue”. Y la pregunta inevitable que les formulo es:”si te prohibieron que lo cuentes, ¿por qué lo cuentas?”.

Quizá piensen que el saberlo solamente una persona más no hará nada, quedará ahí, nadie más lo sabrá. Viene el rey Salmón y nos enseña en el final del capítulo 10 de Kohelet (10:20): “Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra” (para más detalles ver la historia de Herodes en Talmud Bablí, tratado de “Babá Batrá” 4 A).

¿Piensan que aquella persona obtuvo mi absoluta confianza? Para nada... ¿Quién me asegura que así como quiso atreverse a contar lo de otros, no contará lo mío también? A estas situaciones personales las traduzco como si me hubieran dicho: “no creas que puedes confiar en mí, pues me cuesta mucho guardar un secreto”. Es que al fin y al cabo somos puras relaciones. Somos como nos relacionamos con los otros y con nosotros mismos.

Como estas hay cientos de halajot (leyes) que incumben al cuidado de la palabra. Claro que a través de un artículo no es posible explicitar los innumerables detalles que allí se encuentran. Remito a la magnífica obra del Jafetz Jaim ZZ"L denominada “Shemirat HaLashón” (que también existen traducciones a muchos idiomas).

Como apreciamos, hablar no es gratis. Tiene un precio y que a veces puede ser bastante caro. Pero… ¿por qué existe tanta gravedad en asuntos que respectan al prójimo?, ¿qué tan rigurosa puede ser la ley de la Torá?

Para comprender un poco más, debemos aproximarnos a la composición esencial del individuo.
En hebreo, la traducción literal de “persona” es “adam”. La raíz de esta palabra se puede explicar de dos maneras diferentes:

a) Proviene de la palabra “adamá” (tierra).
b) De la palabra “domé”, que significa “parecido” (a su Creador, Di-s).

De la primera explicación podemos trazar un paralelo entre la tierra y el hombre, ya que la primera puede ser un terreno fértil para que se reproduzca cualquier especie cítrica o vegetal. Todo depende de cómo fue preparada la tierra.

La persona es igual. El terreno está, es decir, la persona existe, vive, respira, pero para que las virtudes y cualidades “crezcan” de manera “fértil”, deberá conocerse la manera adecuada y apropiada para “arar”, “sembrar” y luego “cosechar” los potenciales latentes. Dependiendo de este proceso, dará frutos (o no) nuestra cosecha.

Un sinfín de posibilidades pueden florecer, pero todo basado en la semilla que sembramos.

La segunda explicación nos deriva hacia un versículo inevitable de esquivar cuando abordamos este tema: “Y creó Di-s al hombre a su imagen, a imagen de Di-s lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Cada ser humano posee una Chispa Divina que lo caracteriza. Somos parte de un todo que es Di-s. Cada uno es único e irremplazable y por ende, cada misión difiere totalmente a la de nuestro compañero (tal vez ahora podamos estar más tranquilos con nosotros mismos y no mirar tanto a los demás…)

Una persona que ofende a otra, está atentando directamente contra Di-s (jb”sh). Todos tenemos parte en el Todopoderoso. Cada cual que desprecie a su prójimo, su actuar es traducido como una falta sumamente grave, ya que atenta contra la Chispa Divina que cada uno posee en su interior. Un componente esencial y sumamente espiritual.

Volviendo a nuestro tema…

Quizá la dificultad provenga en que el habla no es algo que cueste accionarla (aun teniendo “barreras antifiltros” como los dientes y los labios…) Tampoco se palpa y a simple vista no hay que pagar mucho por ella. No existe una concientización social que objete que su mala manipulación se considera “algo” o que sea “perjudicial para la salud” -¿y para el alma?- (¿o acaso se ve con los mismos ojos a un individuo que ingirió alimentos no Kasher con otro que blasfemó a su prójimo?).

Pero no todo lo que no se palpa no existe. En el mundo no vive sólo lo palpable. Hashem no es visible (“físicamente”), pero de todas maneras sabemos que está junto a nosotros en cada paso que efectuamos.

A muchas personas que se preguntan “¿en dónde está Di-s? ¡No se ve!”, podemos interrogarlos a modo comparativo y salvando obviamente las grandes distancias: “¿en dónde están las ondas sonoras de la radio o la T.V.? Y si es que no existen, ¿cómo es que escuchas tu programa favorito todos los jueves por la noche? No las ves, pero existen, se encuentran en el ambiente… sólo aquel que tiene predisposición a captarlo puede saber que existe.

El tan afamado rabino Amnon Itzjak responde en sus conferencias a esta pregunta de manera similar: ustedes quieren saber en dónde está Hashem y que se los demuestre, ya que alegan creer solamente en lo visible a los ojos. Con ese concepto ustedes no tienen inteligencia, pues tampoco la pueden ni ver ni palpar. ¡Demuéstramela!

Resulta paradójico observar cómo existen tantas personas que cuidan los preceptos del Kashrut de manera excepcional. Cada alimento que entre a sus bocas deberá ser supervisado por el máximo de los rabinos del continente. ¿Pero qué sucede con lo que sale de la boca? ¿También lleva la misma “supervisión”?

Tal vez nos falta un poco más de empatía. Un poco más de ponernos en el lugar del otro para ver qué se siente cuando terceros cuentan nuestra vida íntima, nuestra privacidad. Sin dudas, hoy día no existe un límite claro entre lo privado y lo público. Nada puede dejarse de saber. Ya todos sabemos todo y antes que todo suceda. Pareciera que existiera una obligación de saberlo todo (¿influencias de los medios de comunicación?).

Darse el lujo de “bajar” a otros individuos comentando sus falencias, puede que apacigüe el hecho del tan difícil anhelo de llegar a una categoría privilegiada, sublime. Como diciendo: “¿no observas que nadie es perfecto? Aquel que pensabas que era tan bueno y recto, ¡mira lo que me acabo de enterar! No soy yo solo en este inmenso océano. Todo no es como parece…”, desanimándose y desanimando con picos y palas una meta privilegiada (aunque costosa).

Y con sermones e invitaciones reflexivas filosóficas se descentra lo esencial: uno mismo. Si existe algo allí afuera que me produce molestias, ¿no será que tengo que investigar detalladamente qué anda pasando aquí dentro? ¿”Y por casa cómo andamos”?, dirían muchos (¿mecanismo de defensa propuesto por Freud llamado “Proyección”? Que dicho sea de paso, miles de años antes los Emoraitas nos lo enseñaron en el Talmud en el tratado de “Kidushin” 70 b diciendo que: “Kol haPosel – beMumó posel”, es decir, todo el que descalifica, lo hace desde su propio defecto.)

Había una rab que cuando comenzaba el recitado de la Amidá (fragmento del rezo) lloraba. “En el principio de la Amidá suplicamos: “Di-s, Abre mis labios y mi boca pronunciará Tus alabanzas”, ¿y a quién le pedimos permiso para abrir nuestros labios pronunciando injurias hacia nuestro compañero? Por eso es que lloro”, argumentaba el erudito.

La importancia de lo que hablamos es tan fundamental que los sabios se vieron obligados a incluir un rezo especial (“Elokai, netzor leshoní merah…”) antes de culminar la “Amidá” (fragmento más sublime del rezo). En él rogamos a Di-s que nos cuide de hablar cualquier tipo de mal, ya sea engaños, blasfemias, etc. Para que tengamos noción de la trascendencia de esta plegaria (“Amidá”), cuando los eruditos en el Talmud quieren referirse al rezo en sí, no lo llaman “rezo”, sino “Amidá”.

Cuando el brujo Bilham se encontraba montado en su burra marchando en camino para maldecir al Pueblo de Israel (pese a las advertencias de Hashem de que no lo hiciera), Di-s le envió un ángel que bloqueó el paso del animal. Sin poder contener su frustración e ira y sin entender el proceder de su fiera, Bilham le pegaba a la burra cada vez que se paraba.

Milagrosamente, la burra comenzó a hablarle, preguntándole por qué le estaba pegando. En este momento Di-s dejó que Bilham se diera cuenta que había un ángel que le impedía el paso.

Finalmente Hashem decidió dejar sin vida a la burra, con la que había ocurrido tan significante milagro. El famoso exégeta Rashí nos enseña que el motivo de tal fin fue para que no llegara la oportunidad en la que el animal circule por el mercado (“shuk”) y los pasantes aclamen: “¡miren, allí va la burra que reprochó al brujo Bilham!” (Bamidbar 22:33), y éste último resulte avergonzado.

Una actitud Divina que da mucho para pensar. Analicemos…

Si el animal hubiese quedado en vida, sería una magnífica prueba de “Kidush Hashem” (santificación del nombre de Di-s). Los transeúntes al verla pasar, exclamarían: “¡qué enormes son tus obras, Di-s!”, alabando la cualidad del habla que otorgó Hashem a un animal. ¡Hecho único en la historia! ¡Tal vez habría más retornantes al judaísmo luego de observar una pieza tan valiosa para el monoteísmo! Pero no…

Di-s prefirió arriesgar Su Propio Honor, en aras de que la honra de otra persona, aún tratándose de un malvado, no sea deteriorada.

Más nos asombraremos al investigar el grado de perversidad de Bilham. Hasta tal punto que el Talmud en el tratado de Sanedrín (90A) nos enseña que él es una de las cuatro personas “simples” (“ediotot”) en toda la historia que no tienen Mundo Venidero.

Aprendemos de aquí cuán grande es la honra de cualquier ser humano. Aun tratándose de un malvado entre los malvados, no por ello pierde la calidad de persona que merece como sujeto (Rab Jaim Smulevich ZZ”L, en el libro “Sijot Musar”, capítulo 79).

¡Cuánto más y más debemos preocuparnos por la dignidad de nuestro semejante! Seguramente las personas con las cuales nos relacionamos cotidianamente no llegan a los abismos lastimosos a los que sí llegó este personaje. ¿Y por qué no cuidar su nobleza también? ¿Por qué entonces no “sacrificar” (tal como Hashem lo hizo con la burra) muchas “broncas”, “celos” o la categoría de “saberlas todas”, que podrían resultar ampliamente dañinas para nuestro compañero?

Tal como nos enseña el rey Salomón en Proverbios (18:21): “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” Siempre existen las dos caras de la moneda. Las dos maneras de ver las cosas. Las dos formas de comportarse. Y si el tema del habla es el propuesto, bien sabemos las interminables Mitzvot (preceptos) que con ella podemos realizar: bendiciones de tipo diverso, saludar al prójimo, estudio de Torá, rezar, respetar a los padres, dar ánimo al pobre, reprochar (de manera delicada) al compañero… y la lista puede continuar…

Y claro, contrariamente y con la misma facultad, el habla también puede destruir hogares, parejas, amistades y hasta distanciar familias enteras por muchos años (si no es por la eternidad…)

Toda persona que desee modificar algo en su conducta y no sabe con qué comenzar, nada mejor que entrenarse en este asunto. Sabiendo que el individuo habla aproximadamente doscientas palabras por minuto (así lo estimó el Jafetz Jaim ZZ”L), no es nada estimulante calcular el número de prohibiciones por las cuales se pasaría tan sólo con cinco minutos de café, un puñado de amigos y unas pocas masas.

Recordemos los que una vez mencionamos en nombre del Rab Shlomo Wolbe Z”L: de las pequeñas cosas podemos tener beneficios múltiples y asombrosos.
Un medicamento puede tener un tamaño muy pequeño, pero puede bastar para curar enfermedades terminales. Así también, una simple pastilla venenosa de no más de 5 gramos puede terminar con una vida (“Alé Shur”, tomo 2).

Simples, pequeños y diminutos accionares pueden terminar con muchos males. Sean sociales, psicológicos o comunitarios. Tan sólo valorando a quién se encuentre a nuestro lado, podremos respetarlo en tiempo y forma. Aprendamos a observar nuestro entorno. A otorgarle valor a lo que realmente vale. Y, por sobre todo, aprendamos a no dejar cabida para que entren las moscas…

viernes, 4 de septiembre de 2009

Reglas Para Criar Niños Delincuentes

Los padres queremos que nuestros hijos crezcan como hombres y mujeres de bien. Anhelamos y presumimos poder crear obras maestras de moralidad y honestidad de nuestros hijos, pero la realidad nos revela que a veces se produce lo contrario. Tomando la ironía como regla de escritura, años atrás un organismo gubernamental publicó la siguiente lista titulada: “Doce reglas para criar un niño delincuente”:

1. Comienza en la infancia, dándole al niño todo lo que él quiera. De esa forma crecerá pensando que el mundo le debe su existencia.

2. Cuando diga algunas palabrotas, ríe. Eso le hará pensar que es gracioso e inteligente. También le dará coraje para crear frases "graciosas e inteligentes".

3. No le des ningún tipo de "entrenamiento espiritual". Espera hasta los 21 años y déjalo decidir por sí solo.

4. Evita usar la palabra "equivocado". Esto puede causar un complejo de culpa. Después, cuando vaya preso, podrá sacar en conclusión que la sociedad está en contra de él y que está siendo perseguido.

5. Recoge todo lo que el niño deje desparramado por la casa: libros, zapatos, ropas. Haz todo por él, así tendrá experiencia en arrojar toda la responsabilidad sobre los hombros de los demás.

6. Déjale leer cualquier tema en que pueda colocar sus manos. Cuida siempre que los vasos y platos estén bien esterilizados, pero deja su mente deleitarse sobre la basura.

7. Discute siempre delante de tus hijos. De esta forma no quedarán tan impresionados cuando en sus hogares se destruyan en el futuro.

8. Dale al niño todo el dinero que quiera gastar. Nunca lo dejes ganar el suyo propio. ¿Por qué habría de pasar por las dificultades que tú has pasado?

9. Satisface todos sus deseos por la comida, bebida y confort. Cuida que cada pedido sea realizado. Negar podría llevar a una frustración muy perjudicial.

10. Toma su lado contra los vecinos, profesores y policías. Todos tienen preconceptos contra tu niño.

11. Cuando él se meta en un verdadero enredo, justifícate diciendo: "Yo nunca logré controlarlo".

12. Prepárate para una vida de pesar y disgustos. Haz hecho todo para merecerla.

jueves, 27 de agosto de 2009

Los Dos Hermanos

Una antigua leyenda relata que hace mucho tiempo vivía en Ierushalaim un anciano y sus dos hijos. El mayor era soltero y vivía solo, el menor estaba casado y tenía tres hijos. Ellos eran agricultores y cultivaban la tierra.
Los hermanos se amaban tanto que no querían dividir el campo entre ellos. Araban, sembraban y cosechaban juntos. Y el producto del trabajo era dividido en partes iguales.

Una noche, el hermano mayor estaba preocupado y no podía dormir pensando: “Yo vivo solo, sin mujer ni hijos. No tengo que alimentar ni vestir a nadie. En cambio, mi hermano tiene la responsabilidad de mantener una familia. ¿Es justo, entonces, que los dos recibamos lo mismo por nuestro trabajo? Sus necesidades son mayores a las mías”.
A medianoche se levantó, tomó parte de su trigo y las llevó al campo de su hermano. Regresó a su cama y se durmió tranquilo.

Esa misma noche, tampoco su hermano podía dormir, pues pensaba: “yo tengo hijos que se preocuparán por mí cuando en la vejez, pero mi hermano… está solo, ¿quién cuidará de él? No es justo que compartamos la cosecha del mismo modo”.
Así que se levantó, tomó parte de su trigo y lo colocó en el campo de su hermano. Regresó a su casa y se durmió profundamente.

Por la mañana, los dos hermanos se asombraron al ver la misma cantidad de trigo cosechado que habían dejado la noche anterior, pero ninguno dijo una sola palabra.
Lo mismo sucedió durante las siguientes dos noches…

La tercera noche, cuando cada uno de los hermanos estaba llevando parte de su trigo al campo de su hermano, se encontraron en la cima de una colina. Inmediatamente comprendieron lo que había sucedido. En el lugar donde estaban y sin decir nada se abrazaron y lloraron de felicidad.

Di-s, que fue testigo del profundo amor entre estos dos hermanos, bendijo el lugar donde se encontraron y lo eligió para construir allí el Beit Hamikdash.
Y cuando el rey Shelomó construyó el Templo, lo hizo precisamente en ese sitio donde fluye la paz y el amor.

¡Gracias a D.T. por su colaboración!

martes, 18 de agosto de 2009

El Reflejo De Las Redes Sociales

Todo individuo comunica. Verbalmente o no, pero nunca deja de hacerlo. Paul Watzlawick en sus axiomas de la comunicación nos diría más precisamente que “no es posible no comunicarse”.

También mediante la comunicación podemos detectar cuáles son las necesidades o maneras de pensar del otro. Si cuando bostezo no tapo mi boca y noto en el rostro de mi compañero un disgusto, aun sin él emitir palabra, comprenderé que esa conducta no es aprobada –al menos- por su persona. Por lo tanto, ahora dependerá de mí y sólo de mí, ajustarme a su realidad o ignorar su postura.

Sin dudas que el auge del momento en el mundo cibernético son las redes sociales. Facebook, Twitter, Sonico, Linkedin, de todos los gustos, tallas y colores. Claro que no todos los usuarios lo utilizan con el mismo fin, las motivaciones son variadas: contactos profesionales, reencuentro con compañeros de la infancia, amigos virtuales. Pero… ¿qué necesidades tendemos a comunicar mediante sus aplicaciones?, ¿a qué se debe el éxito rotundo y oportuno?, ¿no estaremos buscando algunos vacíos existenciales que el afuera no puede brindarnos?

En una sociedad sorda que ni las trompetas ni el ruido de las guerras se suelen oír, cualquier medio es válido para hacerse valer y escuchar. No hace falta irse muy lejos para observar la gran demanda de ayuda psicológica que existe en nuestros días. Psiquiatras, psicólogos, psicopedagogos, counselors, todo es válido para ser escuchado. El individuo hasta es capaz de pagar una consulta solamente para que otro lo escuche, sin emitir ni juicio ni opinión, simplemente “alquilarle” sus oídos por unos minutos. Tal vez el egocentrismo tenga la palabra, y ya no disponemos ni del tiempo para un otro que se encuentra al lado nuestro diariamente. A un otro que le juramos “amor eterno”.

La tecnología avanza, aparatos cada vez más pequeños y con más botones y funciones que tal vez nos hacen olvidar su verdadera función: comunicar. Más comunicados que nunca, más descomunicados que siempre…

“¿Qué estás pensando?”, nos anima a escribir un cuadro de texto. Un cuadro mágico que se transforma en un lugar en donde podemos expresarnos y a la vez esperar una respuesta del exterior, un reflejo o aporte sobre un estado de ánimo. Ya sea un “que te mejores”, “te quiero mucho”, “¿qué sucedió en tu trabajo”? Pero con la misma finalidad: que las palabras no se las lleve el viento. Dejar una marca que tal vez muchas veces es ignorada cuando es escuchada en la realidad. Que quede un registro del sentimiento o del pensar. Un aval.

El texto escrito en muchas oportunidades se piensa no sólo por el fin mismo de expresarlo sino para observar qué opinarán los conocidos o “amigos”. “¿Seré gracioso?”, “¿me apreciarán más si se enteran que soy voluntario en un geriátrico?”, “¿si me hago fan de Freud dirán que soy el mejor psicólogo del continente?”.

Se le otorga un “poder especial” al usuario de catalogar si aquel artículo o vínculo es interesante o “le gusta”. Un medio que, al fin, le otorga valor a su opinión. Sólo él mismo podrá decidir si le ha dejado de “gustarle” aquella información.

Se torna sumamente doloroso no ser escuchado. Ser ignorado, indiferenciado. William James es más preciso al exclamar que: “No podría idearse un castigo más monstruoso, aun cuando ello fuera físicamente posible, que soltar a un individuo en una sociedad y hacer que pasara totalmente desapercibido para sus miembros”.

Ni que hablar de las aplicaciones como una tan famosa y popular que dice: "¿Que piensan tus amigos de ti?". Estamos condicionados a actuar en base a las perseguidoras y persecutas miradas de nuestros seres queridos. Existe una necesidad de que los demás reafirmen la existencia propia. Que me acepten a todo precio. Tanto, que a veces se llegan a realizar accionares impensados. Y todo para ser parte, para pertenecer…

Suelen observarse decenas y centenas de "amigos" agregados. Solicitudes de “amistad” a borbotones. “Amigos”, una palabra que hoy día se dice casi sin pensar lo que ello implica. Ya todos “ganan” esa relación por tan sólo una vez en la que le preguntamos a nuestro vecino la hora o el pronóstico del tiempo (y se ve reflejado en el día del amigo donde el primero que se nos cruza, lo saludamos como si lo conociéramos de toda la vida).

En algunos casos es tanta la necesidad de los "amigos" que se hacen competencias para observar quién reúne más. ¿Más de qué?, me pregunto. Poco de mucho, mucho de nada...

Sin dudas que nuestra forma de comunicarnos en la actualidad preocupa. Preocupa porque las necesidades no se satisfacen y cada vez hay más personas que se sienten solas… No que están solas, sino que se sienten solas… Podemos estar en una fiesta llena de invitados pero no conocer a nadie. No estamos solos, pero nos sentimos solos, que es peor…

Todo individuo tiene la necesidad de ser respetado y valorado. De saber que no está solo, que hay personas que lo aprecian, que desean su bien.

Abraham Maslow escribe en el capítulo 5 de su libro “Motivación y personalidad”: “En nuestra sociedad, la frustración de estas necesidades (de amor, afecto o posesión), es la causa más corriente de los casos de mal ajuste y psicopatologías más graves.”

El médico psiquiatra, psicodramatista y psicoterapeuta Claudio Adrián Rud nos diría en términos similares y ampliando un poco más la idea: "Todo aquel que consulta ha sido o es víctima de alguna forma de desamor. Ya sea de la forma más brutal, como el desinterés, la violencia; o bien bajo una apariencia más leve como la manipulación, el amor condicionado, el abuso del poder de quienes están ejerciéndolo por la investidura que los sustenta" (Psicoterapias en Argentina, página 231).

Tal vez por algo no resulte raro escuchar a una enamorada decir: “muero por él” o bien “muero por ella”. El amor incondicional de un otro que me respetará siendo lo que sea, con mis virtudes y mis defectos, es lo que a veces provoca esas mariposas en el estómago difíciles de detallar.

Si Di-s no hubiese creado a los bebés y niños con esa facultad de belleza estética y esa apariencia de “muñequitos” que enternecen a cualquier persona que aparezca en sus caminos, tal vez morirían de amor por individuos irresponsables (que aun dándose estas cualidades, en la realidad ocurre también…)

Y sí, quizá deberíamos replantearnos si no buscamos en la red otras necesidades que en la realidad no podemos concretar por los motivos que sean: timidez, temor al qué dirán, no “encajar” en un grupo, sentirnos desvalorados. Bajo ningún aspecto se podría afirmar que todas las personas que utilizan redes sociales padecen de estos “desamores”, pero es un posible disparador que puede servir para aquellos que deseen reflexionar sobre sí mismos…

¿En qué estamos fallando? ¿Qué podemos hacer para mejorar? ¿Cómo ayudar para beneficiar a los demás?

Sepamos que con el hecho de plantearnos este tipo de preguntas ya estamos haciendo mucho. Reflexionar y aceptar nuestras fallas y debilidades es la mejor manera para que la acción tenga lugar.

El que busque una fórmula secreta se frustrará al leer estas líneas. Se frustrará porque no la encontrará. Cada uno tiene su camino y cada persona tiene sus gustos. No se puede universalizar. Todo sujeto es único e individual. Estará en uno detectar la fórmula más apropiada para cada caso.

Los “quebrachos” (así los llamaban en el colegio) se reencontraron en un restaurante luego de 30 años. Las emociones de ese día eran especiales. A pesar de ser tan iguales e integrar la misma “barra”, al solicitar la orden al mozo, cada uno pidió un plato distinto. “No, a mí no me agradan las papas fritas”. “La tarta de ajo con cebolla hierve en mi lengua”. “La berenjenas me producen aftas…”

Así como en lo gastronómico cada uno tiene sus “gustos” para satisfacer la necesidad básica del hambre, de igual manera y con más razón sucede en cualquier esfera de la vida y en las más variadas necesidades, ya sean fisiológicas o psicológicas.

Con los valores ya tan desgastados, siendo tan solamente personas, simplemente de esa manera y brindando esa calidad, estamos haciendo mucho…

Debo reconocer que me estremece en demasía cuando luego de un robo se escucha a las víctimas afirmar: "los ladrones nos trataron muy bien. No nos pegaron ni nada…” Estas personas han sido objeto de hechos delictivos, perdieron tal vez toda su fortuna, pero los tranquiliza no haberse llevado una brutal golpiza. ¿Y por qué? Porque últimamente no es “normal” que roben y que a su vez el efecto de la droga no los impulse a agredir salvajemente. Pareciera como si las verdaderas víctimas hayan sido los delincuentes. Como si éstos últimos les hayan hecho un “favor” al no golpearlos. Porque se vuelto anormal ser normal…

“Diezmar diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año” (Deuteronomio 14:22).

La Torá nos obliga a diezmar toda ganancia que acceda a nuestros depósitos. Tal vez nos quiera enseñar que no podemos tener provecho de este mundo sabiendo que otro sufre o no dispone de los medios suficientes. Que si tenemos la posibilidad de gozar, que lo hagamos, pero no sin antes olvidarnos que hay otros individuos que por su situación no pueden hacerlo como nosotros, solidarizándonos con aquellos en una mínima medida.

Pero no solamente a la cosecha se refiere. Ni tampoco a todo lo material y monetario. Cualquier bien, sea monetario y/o espiritual se debe diezmar. Eso significa que si Di-s te otorgó alegría, debes compartirla con los demás. Si posees seguridad emocional, debes ayudar a otros a que la adquieran. Si tu vida psíquica está ajustada, trata de socorrer a aquellas personas que no lo están.

Porque es más simple entregar dinero. Menos comprometedor. Es un instante y se acabó. Se puede entregar y aun tener el lujo de posar una mala cara, y el fin se cometió (lamentablemente así algunos piensan… mejor que no hubiesen otorgado…) Y también, por qué no, sentirse “todo poderoso”, fuerte, sólido, que otros lo necesitan para subsistir…

Cuando la Torá enumera las aves que no están permitidas ingerir, nos dice en uno de sus pasajes: “(Y estas son de las que no podréis comer:) la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago (Deuteronomio 14:18). Al referirse a la cigüeña, la Torá la denomina “Jasidá”. El Talmud explica que la raíz de su nombre proviene del vocablo “Jesed”, es decir, “bondad”. Si esto es así, ¿por qué ella está entre los pájaros impuros, que normalmente son aves de rapiña? El libro “Meotrezenu Ha Iashan” nos explica: porque la cigüeña es amable sólo con sus pares. Sólo se preocupa por aquellos de su propia bandada o grupo.

Hay mucho para hacer y con pequeños actos mucho podemos lograr. Un saludo, un “¿cómo estás?”, una mínima preocupación por el otro, cambian vidas enteras. Otorgan valor a las personas, las hacen sentir que son importantes, que valen, que merecen respeto. Que son realmente personas…

Efectivamente podemos derribar muros de angustias con taladros o con algo mucho más efectivo: palabras.